domingo, 23 de abril de 2017

Olvida La Fabrica.



Nosotros nunca trabajamos en una fábrica. Alguna vez en algo parecido, pero nunca en la galletera o en la tornillera que era lo que tocaba allá arriba.
Pero ahora sí se trabajan 8 o 12 horas seguidas y, definitivamente, nos hemos convertido en puretas. Ya no recordamos cuando vimos Mamen la de Anticuerpos meando detrás de la puerta del Krater, y eso que lo rememoramos entre risas cientos de veces.


Nooooo, a mi padre no me gusta, no.

lunes, 17 de abril de 2017

Java

Y yo pensaba que Java era una isla, ya ves. Hasta que apareció en mi pantalla un día dando por el saco.
¿Quién eres?
¿Quién te envía?
¿Para qué coño sirves?
¿Desde cuando estás ahí?

Y, te presentas así, a estas horas, con un café humeante que no es para mí.



domingo, 16 de abril de 2017

Usos y costumbres de cama.

Duermo hecha un ovillo acostada sobre el lado derecho, en el lado derecho de la cama y muy pegada al borde del colchón. No lo hago sobre el izquierdo porque me da ardor de estómago y dolor de corazón. 
Sin embargo, amanezco cada día boca arriba con los brazos estirados sobre la cabeza y las piernas abiertas de par en par. 
Postergo la hora de irme a la cama, y eso que casi siempre es el mejor momento del día, a no ser que haya sido un día espléndido, cosa que pasa poco. 
Levantarme de la cama, por el contrario, me cuesta un triunfo da igual la hora que sea, yo no me quiero levantar. 

Resultado de imagen de el libro de las camas
Aprovecho para recomendarte este libro delicioso de Sylvia Plath, que era un tormento de mujer y me gusta mucho.

De joven soñaba con dormir abrazada a otro cuerpo, ahora me gusta dormir suelta y sola a poder ser. Bueno, venga, pero si me vas a abrazar, que sea por detrás. 
Mi cama no tiene cabecero porque hace 3 años lo arranqué a golpes en un ataque de furia difícilmente justificable. De aquello me queda una cicatriz muy fea en una pierna y una habitación que, según mi hermana, parece de un piso de alquiler. 
No quito el edredón hasta bien entrado el verano, y eso que la colcha fresca que mi madre me regaló es alegre y preciosa, una vez que la pongo luego ya no la quiero quitar. 
Hace años que me acostumbré a dormirme escuchando el larguero mientras hacía tiempo hasta que empezara hablar por hablar. Nunca llegaba despierta a tiempo, ahora me pongo podcast. 
No me levanto jamás a hacer pis o beber agua, aunque me muera de sed o me mee a reventar. 
Me gusta dormir con un cojín entre las piernas. Estoy dispuesta a compartir mi colchón y mi colcha, mi almohada jamás. No me gustan las almohadas de tejidos astronauticos de esos.
Necesito encajar la almohada justo entre el hombro y el cuello, eso hace que a veces a media noche me despierte con un dolor de oreja que no puedo soportar.  
Duermo con la boca herméticamente cerrada, si tengo mocos no puedo respirar.
Pocas cosas me quitan el sueño, rara vez recuerdo los sueños; pero me despierto cansada de tanto pensar. No es lo mismo pensar dormida que soñar. No señor, no lo es.

jueves, 6 de abril de 2017

Tulipanes del tiempo.

Veo florecer el tulipán en medio de la escarcha y me pregunto, ¿será solo cuestión de tiempo y es que ha llegado su hora? O acaso depende de las condiciones atmosféricas, y de lo que es cuestión es del tiempo y no de tiempo.   



Resultado de imagen de tulipan

Me pregunto qué sabe el bulbo de todo ésto, que lleva un año bajo tierra y no tiene reloj ni siente la luz ni el viento. O sí tiene, o sí siente. 
Dice la Leona, que es sabia para las cosas de la tierra y de los viejos, que no ha llovido suficiente y como empiece ahora a calentar, va a brotar todo a destiempo. 
Yo no sé de la tierra ni de los viejos, pero sí sé que brotar a destiempo es una putada y, en algún caso, una tragedia. 
Pero qué bonito está el tulipán, oiga.

viernes, 24 de marzo de 2017

Qué malo es.

Qué malo es un catarro mal curado.
Una carta escrita y nunca enviada.
Una cerveza pendiente no tomada.
Una tensión no resuelta.
Un pedo pa dentro.
Una pregunta en la punta de la lengua.

Saul Steinberg:
Saul Steinberg, siempre.

Pero es que también es muy malo bajar la fiebre de golpe con antitérmicos.
Mandar una carta y no recibir jamás respuesta.
Una cerveza de más.
Un polvo a destiempo.
Un pedo inoportuno.
Una pregunta impertinente.

Qué malo es, joder.

domingo, 19 de marzo de 2017

Esto en la provincia no se ve.

Madrugo mucho y, aún así, voy tarde porque no soy consciente de haber apagado el despertador, si es que acaso sonó a la hora convenida. 
Corro por el metro vacío sin desayunar. Camino mucho y muy deprisa bajo tierra. 
Esto se me hace muy moderno.

Llego tarde, justo a tiempo y demasiado pronto, todo a la vez. ¿Cómo es posible? Lo es, porque todavía no es ayer. 
Cambio el billete y me enfado muy poco porque me autoinduljo divinamente. 
Desayuno. Intercambio cariños cibernéticos con mi amiga que ya está sentada en su avión. Un aeropuerto no es lo mismo que una estación de autobús. A mí al rededor hay criaturas de casi todas las calañas. 
Siembro la semilla de una fiesta futura y ejerzo de matriarca. No lo suficiente, o a lo mejor sí. No lo sé. 
Voy al baño, tengo suerte, está limpio aunque sea una estación de bus y no de tren. A la salida, mientras me reconozco en el espejo, presencio una escena sórdida y asquerosa al otro lado de una puerta entreabierta. Me sale la fiera y miro desafiante y juzgadora. No llega la sangre al río. Qué asco me da y qué bien que me he mantenido calladita. 
Salgo fuera a respirar aire que no sea de plástico y a que me de un poco el sol. 
Los entornos de las estaciones y los centros comerciales no están hechos para personas de a pie. Son el reino de los taxistas. 
Vuelvo a entrar en la estación y veo a los hombres mayores vestidos con pantalones de señor, de una gama de colores que oscila entre el beis, el gris y el marino, con una desconfianza recién estrenada. Qué asssco me ha dado. 
Hay mucha gente hablando por teléfono. 
Hay también algunos niños con sus mamás, como es domingo. 
Hay una señora mayor limpia y con bolsas y maletas, habla por teléfono y tiene un ramo de flores en una de las bolsas, ¿para quién será? Las elucubraciones se disparan. 
Tengo sueño y una hora por delante. Escribo esto y me pongo a leer. 
Quiero llegar a casa, quiero llegar a casa de una vez. 

lunes, 13 de marzo de 2017

Ain't No Sunshine, que salga el sol por donde quieras.



Estamos que no sabemos si sale o no sale el sol.
A ratos hace un día espléndido y a ratos oscurece como si fuera noche cerrada. Y así no hay cristo que se decida:

¿saco el tendedero o lo dejo dentro?
¿entro ya en astenia o lo dejo para luego?
¿salmorejo o sopa de cocido?
¿quiero que vengas a verme o prefiero que te vayas con viento fresco?
¿les pongo camiseta interior o van en manga corta?
¿quito el edredón o espero a sacar la colcha?

Pues mira, yo me pongo a Bill Withers, este tema en particular, que es de los que no sé si me pone las pilas o me hunde en el pozo, y ya está, que salga el sol por donde quiera.
Porque al fin y al cabo, tardará menos o tardará más, la ropa se va a secar igual. 
Si no le echamos la culpa a la astenia se la echaremos al síndrome premenstrual. 
Te echo de menos hasta cuando estás. 
El cocido siempre gusta, y de todas formas tampoco tengo tomates. 
Ellos siempre llevan los riñones al aire y lo mismo les da. 
Este edredón mio ni da ni quita: mantiene mi temperatura corporal.

Le gustaría a mi padre, yo creo que sí.

jueves, 9 de febrero de 2017

Little Wing



Conocí a uno que tenía la firma de Hendrix tatuada en el pecho, en el pectoral izquierdo, o en el derecho, ya no sé. Lo que más le había dolido era la x, que casi le rozaba el pezón. 
Le conocí dos veces y nos reímos muchísimo, las dos nos venía mal. Era muy exagerado, le gustaba a rabiar mi amiga la flautista. 
Hacía muchos años que no le veía, me lo encontré hace un par de meses: está más calvo, más gordo y  tiene una hija, me hizo reír igual o más.
Jimi siempre es un buen plan, da igual de qué humor estés.

A mi padre sí le gusta, sí; yo creo que le raya un poco pero sí, cómo no le va a gustar.

lunes, 6 de febrero de 2017

Es mi cuerpo.

Katarina Nedeljkovic

Es mi cuerpo confortable y rotundo.
Bajo la piel en calma bulle un mar de certezas.
Está socavado de abismos por los que asomarse a un negro brillante, de corazón púrpura.
Tiene puertas de entrada, que también son de salida; y solo se abren si aciertas a pulsar la aldaba correcta.
Es en ocasiones voraz, otras veces masa apática. Es fiera dormida, en parte fiera no nata.
Alberga cadáveres de células que un día fueron, y que por las noches murmuran secretos siniestros a los que no hago oídos.
Tiene partes blandas y mullidas, que sepultan aristas punzantes a los lados de mi barriga.
El olor del haz de mi piel tiene verbena y lavanda, el envés es miel amarga.
Son mis huesos poderosos, mis músculos pusilánimes. Libran pues los tendones una árida lucha, por eso a veces se cansan.
La sangre es vieja, recia y mezclada: olvidos, amores y muertes fluyen enérgicos; y un corazón que no conozco bombea sin tregua.
Es mi cuerpo confortable y rotundo.
Bajo la piel en calma bulle un mar de certezas.
Wendy Yartin

lunes, 30 de enero de 2017

León no es Roma, pero se le pareció mucho.



Comimos sopa, nos confesamos por las esquinas, bailamos y nos besamos muchísimo y, aunque no hicimos una conga memorable como en las fiestas de Jep Gambardella, fuimos el vértice de la fiesta y no la hicimos fracasar porque no quisimos.

Éste año no hay crónica exhaustiva del Purple Weekend, lo siento. Pero sigo queriendo volver, y disfrutar de todo, de absolutamente todo como lo hicimos éste año: del viaje de ida y del de vuelta, de las calles de esa cuidad que nos entusiasma, del museo y la decadencia de los viejos al calor de su hall. Del Prieto Picudo y los camareros impertinentes, de las amigas de toda la vida, también de los amigos de un rato, de los encuentros casuales y los cruces circunstanciales. Del frío y el calor extremos, de los conciertos, de la música, de la buena y la mala. Del chocolate y la morcilla, de la alegría de un vermú de resaca. De la espera en la cola para un taxi y de un viaje loquísimo en autobús urbano; de las confusiones de madrugada, de los planes para ir, ¡venga!, al Sónar nada menos.

Y de la película, pues qué te voy a decir. Que si no la has visto tienes tienes que verla, y si te gusta es que eres de una calaña determinada. A mí me sulibella, la verdad; y me recuerda que tengo que volver a Roma cuanto antes, a ser posible que no sea invierno. De todas formas, he de ir a León antes, que me gusta tanto y está más cerca. Además mi hermana es de allí y alguna vez tendremos que volver juntas.




miércoles, 25 de enero de 2017

Ruidos que me gustan.

No es una oreja, es una seta y se llama auricularia judae.

El aspersor sobre el capó del coche.
Los pelotaris calentando en el frontón.
El estallido de las palomitas de maíz en la sartén, que se parece asombrosamente al anterior.
La risa de mi hermana.
Las olas rompiendo en las piedras de la playa de Los muertos.
El borbor del arroz a media cocción.
El descorche del champán de la Madrina.
El chirrido seco y metálico de la reja de mi jardín.


domingo, 22 de enero de 2017

Sol de invierno



En realidad lo que más me gusta de esta canción es el título.
Aunque es verdad que a veces se juega una el tipo si mira mucho a los ojos. Es como levantar un poco la tapa de la caja de Pandora. Bueno, que no sé si se puede hacer eso: levantar solo un poco la tapa de esa caja precisamente.

Pues no, a mi padre no le gusta, no.

miércoles, 18 de enero de 2017

Cosas que sé y no sé por qué sé.

Green Bean, Alexander Henrg.

Que a los guisantes les va bien la mantequilla.
Que es malo no dejar cargar entera la batería. Aunque, bueno, eso igual es mentira.
El nombre de algunos árboles y cómo distinguirlos. Y más que me gustaría saber.
Cómo coger entre los dedos un disco desmaquillante para frotarme los ojos sin prepararme un cristo. Igual ésto sí sé, que se lo he visto hacer a la Pauli.
Cómo se piden los pasteles de Marina y qué es un Butanito.
Abrocharme el sujetador con la técnica determinada que empleo desde que tengo uso de razón, bueno, desde que tengo uso de sujetador.
Depilarme las cejas con el ángulo correcto.
Que si sobreinfusiono el té verde se vuelve amargo. Y no me gusta.

Dry The Rain



Me gusta mucho, y también me da un poco de angustia ese cresccendo que tiene, que parece que se va a acabar todo o que va a explotar, o que explota y se acaba... pero luego no. Porque a veces pasa eso ¿no?
Me recuerda a mi carpa de librera de viejo, junto al Campo Grande, y al reflejo que los árboles hacían en el techo, que parecían un teatro de sombras al principio, antes de que se llenara de cagadas de pájaro.

A mi padre no sé si le gustará, igual sí.

domingo, 1 de enero de 2017

El feminismo no me deja vivir.


Ya no puedo soportar el puto club de la comedia. 
Si me agarras de los pelos, me entran dudas y, mira, con dudas no se relaja una igual. 
Me puedo reír de un chiste, sí, pero
si no ataco con veneno después, reviento. 
No puedo ver el 98% de la programación de la tele convencional. Y luego que parezco una snob. 
Ya no puedo cantar canciones que antes tanto me gustaban. 
La pereza que siempre me dio quitarme pelos y teñirme canas se ve respaldada por algo que ya no es pereza. Pero, chica, eso no. 
Algunas fronteras, otrora inescrutables, hoy se me antojan difusas. Y en otros campos, se levantan muros custodiados por hidras y diosas justicieras. 
Algunas cenas con la pandilla terminan en bronca y ahora es por mi culpa y no por el fútbol de los cojones (porque el fútbol es de los cojones y no lo puedo soportarrr)
Y me da miedo terminar vistiendo faldumentos, que me sientan con el culo, lo sé yo; y con pelos en el bigote y peleando a lo tonto con cerrojos mentales que no digieren argumentos. 
De momento pienso seguir quitándome el bigote siempre que quiera, y voy a procurar querer. Y voy a estudiar mucho para que la furia no me pueda y no me falten los argumentos para aflojar cerrojos. 
Lo que no sé es si quiero medir las batallas  o entrar como elefante en cacharrería cada vez que se me tuerza el gesto.  
No sé.