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Mostrando entradas de junio, 2017

Madrid era un infierno II

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Ya os digo que Madrid era un infierno, no calculamos bien. Habíamos acariciado largamente el deseo de hacer una escapada lúdico cultural, cada uno tenía sus motivos. Unos tenían que trabajar, o querían escapar, otros cansarse muchísmo para descansar, otros ansia viva cultural y otros, simplemente pasear. La fecha estaba puesta desde hacía meses, quién iba a pensar que éste sería el fin de semana más caluroso del junio más tórrido que se recuerda en lustros. Pero en los museos hay aire y en los bares también, cómo fuera el tránsito de unos a otros a nadie le preocupó.

Sabed que el plan ideal para ir a pasar un fin de semana es ir con ganas, y con una pandilla lo suficientemente diversa, curiosa y flexible como para que cada uno pueda mostrar su Madrid particular. 
También es fundamental tener un antojo: empaparse de Picasso, bailar soul hasta el amanecer, comer sesos peruanos, tomar café en el café Gijón o que se lo organicen todo a una sin tener que pensar. Todo, todito se cumplió -facil…

Madrid era un infierno I Esto en la provincia no se ve.

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Hay ciudades grandes, ciudades muy grandes y ciudades que se quedan pequeñas.

Teníamos muchos planes, algunos caprichos y ganas de estar juntos y pasarlo bien. Y luego contarlo, claro.
No sé si te pasa, pero yo cuando voy a una ciudad así como Madrid, protagonista de manifestaciones culturales contemporáneas diversas, no la encuentro. Bueno, sí encontré Nueva York, pero porque iba de turista total y me llevaron en un autobús blindado a ver la comisaría de Distrito Apache. Pero, a lo que estamos, que esa es otra historia.
De niña, cuando iba a ver a mi primo, eso era Madrid: mi primo y el apartamento minúsculo donde vivía con su madre, que nunca olía a pimentón ni a ajo ni a canela, sino a otras especias sin identificar (el apartamento digo, mi tía siempre olió a gloria). 
Ir a Madrid era ir a la Vaguada, un centro comercial entonces inmenso, hoy ridículo, que eso en la provincia no lo hay. Estaba cerca de casa de mi primo, pero había que andar mucho, coger el metro y luego andar más. Eso …

La ciudad no es para mí. Que no te metan la cagalita.

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Que no te metan la cagalita es una expresión acuñada por mi abuelo, que habría ido a Madrid una vez o ninguna y, si te descuidas, en tartana.  Mi abuelo afirmaba que cuando los del pueblo iban a la capital se quedaban con la boca abierta a causa del asombro y la extrañeza que la urbe les causaba. Entonces, los malintencionados madrileños aprovechaban para cometer toda clase de tropelías: robarle la cartera a los de provincias, timarles con el tocomocho, estafarles en la carrera del taxi... y, sobre todo a los niños, coger una cagalita de oveja del suelo y metérsela en la boca.
Ya ves tú lo que sabría mi abuelo de Madrid, que pensaba que había cagalitas por las calles....  Yo, por si acaso, en cuanto piso la capital, cierro bien la boca, agarro fuerte el bolso, ando muy deprisa y escondo el mapa del metro pa que no se note que no sé por dónde me ando, que vengo de la provincia, hija.