jueves, 30 de octubre de 2008

Horror en el hipermercado

De qué me sirve hacer la lista de la compra si luego me la olvido en casa.
De qué me sirve colocar las cervezas y el agua en el fondo del carro para que no aplasten las verduras, si al pagar salen al final y terminan aplastándolo todo.
De qué me sirve aparcar justo a la puerta si luego a la salida no encuentro el coche y me recorro medio párking.
De qué me sirve hacerme la moderna si cuando me dicen cuánto es, no puedo evitar repetir el comentario del anterior y posterior de la fila: "joder, 100€ y no llevo nada".
Hacía tanto que no iba a la compra que, por un momento, me he sentido alienigena. Lo próximo lo compro donde la Maricarmen.
Ya ves, unos días a ras de aire, otros a ras de suelo. Así es la vida amigos.
Por cierto, ¿alguien sabe a qué endiablada estrategia de márqueting cochino responde que los carritos escoren pa un lao y den unos calambrazos del copón? Recorrer el párking electrocutada perdida, luchando porque el carrito y los adoquines del suelo se pusieran de acuerdo, mientras trataba de encontrar el coche bajo el viento y la lluvia, fue una odisea.

martes, 28 de octubre de 2008

Viento loco

Hoy se hace imposible mantener los pies en el suelo, pero con este viento tampoco se está tan mal a ras de cielo.

jueves, 23 de octubre de 2008


Por cierto, para los silenciosos amigos de los libros que de vez en cuando pasean por aquí sin dejar rastro: ya sabéis que he dejado de ser librera ¿no?. Ahora crío ranas en los charcos, y puedo tomar café de vez en cuando, si nos cruzamos os invito a uno; y si no nos cruzamos buscadme en un charco de ranas y venid a invitarme.

HUEVOS EN FÁRFULA

A pesar de que la cuestión no ha suscitado demasiado interés, no me resisto. Al fin, para qué está esta ventana sino para petardear agusto y no resistirme...

Pues no, no es un susto de cojones. Tampoco una rica receta.

Cuando la Usa era pequeña hacía algunas picias. Sospecho que sigue haciéndolas ya de mayor, pero lo oculta muy bien la jodía. Pues sí, una de sus preferidas consistía en salir al corral a última hora de la noche con la escusa de ir a "hacer de cuerpo" (no había servicio, no es que fueran pobres, es que eran otros tiempos). En esa casa las gallinas andaban sueltas, no como en la otra que estaban metidas en un gallinero, así que no le resultaba nada fácil atrapar a una en la semi oscuridad. Cuando ya tenía al pobre animalico inmovilizado en su regazo, sin piedad le metía el dedo en el culo. Bueno, en el culo, en la cloaca, ese agujero que tienen las gallinas por donde todo lo hacen: cagan-mean (que es que lo hacen todo junto), ponen los huevos y chingan... ¿chingan?, ¿los gallos tiene picha?, ¿cómo lo hacen?, ¿yuxtaponen las cloacas y ya está?... uf, cuántas preguntas, y luego que si fue antes el huevo o la gallina; antes antes fue esto ¿alguien sabe cómo chingan las aves?... jesús, que zozobra me ha entrao, qué duda trascendental...

El caso es que dicho agujero estaba calentito, y como rugoso pero suave a la vez, y además la gallina no protestaba demasiado. Pero lo mejor era que, si la operación tenía lugar a la hora apropiada, haciendo gancho con el dedo se podía sacar el huevo que la gallina llevaba dentro. Como aun no estaba maduro del todo, salía con la cáscara a medio hacer: en fárfula. Era blandita y un poco transparente, y claro, estaba caliente. Si lo ponías al trasluz se podía adivinar la yema, daba gustito apretar la cáscara que era como una telilla. A veces el huevo terminaba por romperse, entonces la Usa se limpiaba la mano con un puño de paja; y si el huevo no se rompía, lo dejaba en uno de los rincones de poner y corría a meterse en casa. Esas noches tardaba en conciliar el sueño, algo entre la pena, la vergüenza y la risa le rondaba dentro hasta quedarse dormida.

A la mañana siguiente cuando mi abuela iba a ver si ya habían puesto, se extrañaba mucho: "chica, no se qué les pasa a estas jodías gallinas que ponen los huevos en fárfula; si es que estos piensos compraos no aprovechan pa nada". Pero ya de día, a la Usa no le quedaba nada de pena ni de vergüenza, solo risa y ganas de tramar la siguiente picia.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Sigue habiendo más sitios que caminos...


-¿Quieres decirme qué camino he de seguir para salir de aquí?
-Eso depende de dónde quieras ir...
-Me importa muy poco donde ir.
-Entonces importa muy poco qué camino elijas.
Si recuerdas a Alicia como una niña ñoña, recuerdas mal chaval. Hay vida más allá de Disney, te lo aseguro.

martes, 21 de octubre de 2008

Los pasteles de Marina


En el corazón de Tierra de Campos aun quedan pueblos heridos de vida por carreteras nacionales. Medina de Rioseco es uno de ellos.


Fue un pueblo importante, poblado por señoritos y campesinos a partes iguales, cruce de caminos desde tiempos inmemoriales. Hoy conserva en sus calles todo el aroma de lo que fue. Los días de mercado sigue siendo un hervidero, y los alzacuellos no resultan extraños por sus calles. Pero ni su gran plaza, ni ninguna de sus iglesias de intenso olor a incienso rancio encarna tan bien la raza de sus habitantes como la pastelería Marina.


Sus pasteles son exquisitos, pero aun lo es más el misterio que los rodea. La tienda es un hogar, las ventanas están cubiertas de visillos hechos de fino encaje de bolillos. Al entrar suena una campanilla que delata la presencia no de un cliente, de un intruso. Y es que así son tratados los clientes, como intrusos, un lujo que solo un establecimiento como este puede permitirse.


A mano derecha hay una mesa camilla sobre la que descansa un viejo gramófono con pinta de no funcionar. Si vas un día de estos, verás a una anciana ataviada con una toquilla gris que reza el rosario y cuenta los coches que pasan por la nacional sin detenerse nunca. Pero no siempre fue así. Si dejas que tu vista se deslice hasta el fondo de la estancia, verás que, tras uno de los mostradores (el más bajo, donde están los bombones), hay un piano de cola. Un día la anciana fue una mujer joven y lozana que, de soltera, daba clases de música allí mismo, entre natas y canelas. Lámparas y esculturas art-decó completan la decoración, así como alguna planta de interior de brillantes hojas pero austera, sin flores. Y tapetes, muchos tapetes de ganchillo.


Tras sonar la campanilla delatora de la puerta, no tarda en aparecer una mujer, siempre una mujer. Su cara es seria, de pocos amigos. Lleva un guardapolvos blanco, pero debajo se intuyen ropas elegantes, caras y pasadas de moda. No te da las buenas tardes, tampoco pregunta qué deseas, solo espera que seas rápido. El mostrador tras el que se parapeta es más alto que el otro, es una vitrina, pero dentro no hay muchas cosas: algunos bombones, como mucho dos tartas y pastas de te sobre fina porcelana cubierta de blonda. Ni rastro de los famosos pasteles.


Entonces te atreves a pedir tratando de no incomodar demasiado: "por favor, media docena para llevar y uno para tomar". Ya está hecho, solo queda tener suerte. La mujer desaparece tras una estrecha puerta que solo deja ver una luz blanca como la harina. Pasan unos minutos, bastantes. Lo sabes porque a un lado hay un gran reloj, de esos como un armario y con un péndulo que suena, parece que en ellos el tiempo va mas despacio. Clonc-clonc-clonc. La anciana sigue rezando, los coches siguen pasando.


Por fin reaparece la mujer, tras ella se asoma otra de edad indefinida y pelo canoso, solo puedes verla un momento y de refilón, pero parece enfadada. La del guardapolvos alarga su mano y dice muy seca: "para tomar, para llevar solo salen 3, ¿los preparo?". Claro, claro, respondes apresurado mientras coges con delicadeza el pastel envuelto en una de esas servilletas finústicas pero a la vez un poco tiesas, de las que llevan un ribete azul o rojo. Mientras la mujer vuelve a desaparecer por la puerta tu retiras la servilleta, ya un poco transparente por la grasa del hojaldre casi caliente... mmm... mmm... La boca se hace agua, literalmente.


El hojaldre cruje, la anciana levanta la mirada de su rosario y te la clava inquisitoriamente, tu tratas de sonreír mientras chupas discretamente el dorso de tu dedo anular: la crema, no es dulce, ni sabe a vainilla, tampoco a limón... está fría, y el hojaldre casi caliente. El azúcar glass empieza a ponerse transparente por la humedad: es el momento de hincarle el diente... Entonces la puerta estrecha vuelve a abrirse y la mujer aparece con un paquetito cuidadosamente envuelto: papel blanco roto y cordón estrecho y plano, anudado dejando un hueco para meter el dedo. Ella toquitea las teclas de una vieja máquina registradora, te dice lo que se debe, sin cortesías; entonces tu haces lo que puedes para mantener la dignidad mientras pagas, recoges la vuelta y el paquete, y sostienes como puedes tu precioso pastel a medio morder. Acabada la transacción te despides amablemente: "gracias, adiós buenas tardes", y mientras suena la campanilla de la puerta te parece oír entre dientes: "cómalos rápido que enseguida se revienen". Ya no sabes si lo dijo la mujer o la anciana, lo importante es que tienes tu tesoro. Hay que saborearlo bien, puede que la próxima vez no haya tanta suerte.


No dejes de probarlos si pasas por allí, merece la pena, existen, y la foto no les hace justicia ¿das fe?

lunes, 20 de octubre de 2008

"Porque lo bello no es nada más que el comienzo de lo terrible, justo lo que nosotros todavía podemos soportar (...)"
Rilke

Deseos irreconciliables

El deseo de comenzar el día y el de dormir un ratito más.

  • El deseo de recorrer los matorrales y el de vivir en familia.

El deseo de la vida eterna y el cansancio de vivir.

lunes, 13 de octubre de 2008

CAMINOS

No se si habrá algún lugar común tan manido y transitado como comparar la vida con un camino. Pero por algo los lugares comunes son comunes. Tu modo de recorrer un sendero es tu modo de ir por la vida, creo que ya muchos lo han dicho antes, y más bonito seguro.
No estoy hecha para el esfuerzo físico, no me gusta cansarme y me pone de mal humor. Pero he de reconocer que me hace pensar, y eso si me gusta.
¿Eres de los que disfrutan la cuesta abajo, o mientras bajas vas pensando que a la vuelta será cuesta arriba?
¿Eres de los que no levantan la vista del suelo para avanzar deprisa sin tropezarse, o prefieres parar y disfrutar del paisaje aunque se haga tarde?
¿Las raíces de los árboles que sobresalen del suelo, las ves como escalones o como zancadillas de la naturaleza?
¿Haces el camino cantando, charlando, pensando, o aguzando los sentidos en silencio para que no se te escape nada?
¿Prefieres ir solo o acompañado?
A mi me gusta que las cuestas no sean demasiado pronunciadas, pero trabajo para disfrutar de la cuesta abajo sin preocuparme de la vuelta. Paro y saboreo el paisaje aunque se me haga tarde, pero procurando no perder de vista el suelo para no tropezarme. Por eso si no veo las raíces y tropiezo me parecen zancadillas, pero si estoy atenta me encanta encontrar escaleras. Puedo cantar o charlar, pero me gusta pensar y procuro encontrar momentos para aguzar los sentidos y que no se me escape nada. Por eso me gusta saber que voy acompañada, y que si tropiezo alguien me ayudará a levantarme, aunque de vez en cuando prefiero no ver más que el camino y el mundo vacío al rededor.
Bue, y ¿a quién le importa cómo se hace el camino si fuera del monte lo único es llegar? Mañana me quito el barro de las botas y ale, adelante, pim pam pim pam, que aquí el camino está asfaltado y no hay peligro de tropezarse ni nada que contemplar... ¿o sí?

HUEVOS, VÍRGENES Y CABRAS

Vuelvo a ver la tele tras unos días perdida en los montes, y resulta que estamos de fiesta. Claro, por eso tendré dos domingos seguidos, mmm. Pero, ¿qué coño se celebra? Veo que sacan de paseo vírgenes engalanadas y cabras con los cuernos dorados, y que tiran flores y cañonazos; y luego hay unos señores que discuten sobre si Colón, ese hombre de gran renombre, fue un héroe o un villano… No entiendo nada, solo sé que mañana mi marido y yo no trabajamos, así que nos dedicaremos a quitarnos las pulgas y las garrapatas que nos hemos traído del monte, a la salud de la virgen, de la cabra, del huevo de Colón, y de la madre que los parió a todos.

lunes, 6 de octubre de 2008



Este año mis regalos de cumpleaños van del blanco al negro y del negro al blanco.
Preciosos, inquietantes y conmovedores, como los que han puesto estos álbumes en mis manos.
Si mañana cuando me levante me encuentro un tesoro debajo de la cama, le regalo...
... a mi suegra: una caja llena de hilos de colores para bordar palabras en su mandil.
... a mi madre: una mecedora para leer al sol, o a la sombra.
... a mi padre: un montón de semillas para sembrar en un huerto infinito.
... a mi hermana: memoria para recordar la voz de mis abuelos.
La cebolla, los rábanos y el tomate no creen que exista la calabaza. Consideran que es una afirmación sin fundamento. La calabaza calla y sigue creciendo.
Cuando el mundo era jóven todavía, Jürg Schubiger