lunes, 11 de noviembre de 2013

Como cebras

Claro, hombre, nos ha jodido, aquí todas queremos ser la de las chanclas...

http://www.youtube.com/v/PxA69qsGSWo?version=3&autohide=1&showinfo=1&autohide=1&autoplay=1&feature=share&attribution_tag=L9vsv6ANtwXP1rlBQCSybg

Hay un estudio que dice que en manada gustamos más, dice la Oldies que así despistamos al depredador, como las cebras.
A mi hay algo en todo esto que me da bastante repelús, el rollo de la gacela y el depredador digo. Será que no me veo en ninguno de los dos papeles, o será que me parece a mi que lo que se da mucho es el caso del cazador cazado... No se, no tengo ni idea.
Pero que el Tarantino es un cerdo y las hace bailar como a diosas, es. Y que selcciona música que da gloria, tambien.
Luego ya, si quieres ser cazador o te mola ser gacela... O salir en manada y ponerte como una cebra, tu verás.

lunes, 7 de octubre de 2013

Tiro una piedra al aire y al que le de que me perdone.

Más piedras, más manos. De otro calibre.

http://youtu.be/wiER4LZAIno

Han pasado unos años desde que escucháramos esta canción pero, mira, quitando que ya no vamos a la mili, esos dos colegas se cruzan hoy en cualquier parque.


Piedras, manos. Pedro Salinas.


LA MEMORIA EN LAS MANOS…

Hoy son las manos la memoria.
El alma no se acuerda, está dolida
de tanto recordar. Pero en las manos
queda el recuerdo de lo que han tenido.

Recuerdo de una piedra
que hubo junto a un arroyo
y que cogimos distraídamente
sin darnos cuenta de nuestra ventura.
Pero su peso áspero,
sentir nos hace que por fin cogimos
el fruto más hermoso de los tiempos.
A tiempo sabe
el peso de una piedra entre las manos.
En una piedra está
la paciencia del mundo, madurada despacio.
Incalculable suma
de días y de noches, sol y agua
la que costó esta forma torpe y dura
que acariciar no sabe y acompaña
tan sólo con su peso, oscuramente.
Se estuvo siempre quieta,
sin buscar, encerrada,
en una voluntad densa y constante
de no volar como la mariposa,
de no ser bella, como el lirio,
para salvar de envidias su pureza.
¡Cuántos esbeltos lirios, cuántas gráciles
libélulas se han muerto, allí, a su lado
por correr tanto hacia la primavera!
Ella supo esperar sin pedir nada
más que la eternidad de su ser puro.
Por renunciar al pétalo, y al vuelo,
está viva y me enseña
que un amor debe estarse quizá quieto, muy quieto,
soltar las falsas alas de la prisa,
y derrotar así su propia muerte.

También recuerdan ellas, mis manos,
haber tenido una cabeza amada entre sus palmas.
Nada más misterioso en este mundo.
Los dedos reconocen los cabellos
lentamente, uno a uno, como hojas
de calendario: son recuerdos
de otros tantos, también innumerables
días felices
dóciles al amor que los revive.
Pero al palpar la forma inexorable
que detrás de la carne nos resiste
las palmas ya se quedan ciegas.
No son caricias, no, lo que repiten
pasando y repasando sobre el hueso:
son preguntas sin fin, son infinitas
angustias hechas tactos ardorosos.
Y nada les contesta: una sospecha
de que todo se escapa y se nos huye
cuando entre nuestras manos lo oprimimos
nos sube del calor de aquella frente.
La cabeza se entrega. ¿Es la entrega absoluta?
El peso en nuestras manos lo insinúa,
los dedos se lo creen,
y quieren convencerse: palpan, palpan.
Pero una voz oscura tras la frente,
—¿nuestra frente o la suya?—
nos dice que el misterio más lejano,
porque está allí tan cerca, no se toca
con la carne mortal con que buscamos
allí, en la punta de los dedos,
la presencia invisible.
Teniendo una cabeza así cogida
nada se sabe, nada,
sino que está el futuro decidiendo
o nuestra vida o nuestra muerte
tras esas pobres manos engañadas
por la hermosura de lo que sostienen.
Entre unas manos ciegas
que no pueden saber. Cuya fe única
está en ser buenas, en hacer caricias
sin casarse, por ver si así se ganan
cuando ya la cabeza amada vuelva
a vivir otra vez sobre sus hombros,
y parezca que nada les queda entre las palmas,
el triunfo de no estar nunca vacías.

Pedro Salinas


miércoles, 2 de octubre de 2013

Hay que ser muy fan.



Hay que ser muy fan, mucho.
Porque amarse es colonizarse.
Ajustarse a la cantidad de aceite que el otro le echa al guiso. Aprenderse sus canciones y emocionarse con los versos que lee, si los lee. Ducharse a la hora que se ducha y abandonar el gel que aborrece. Seguir su serie y reir sus chistes. No ponerse tacones si es bajito.
Amar su olor, su olor en ti. Ir a sus fiestas, y divertirte. Querer ser de su familia.
Y después, un tiempo después, aprender recetas juntos y consensuar la cantidad de aceite. Olvidar la obsesión por viejas canciones y descubrir artistas nuevos. Ducharse a veces separados, cada uno con su gel. Ponerse tacones si sales sola, porque sales sola. Y volver. Porque estás deseando volver.



jueves, 29 de agosto de 2013

Trikini


Otro verano que se nos va sin que triunfe el trikini, vaya por dios. Cada primavera los adalides de la moda auguran "vuelve el trikini", ¿cómo que vuelve?, ¿alguna vez se instauró? 

Dicho sea de antemano que a mi las piscinas me dan asquete, y que yo en la playa si no es en pelotas no estoy a gusto. Y chica, pa no estar a gusto en la playa, pues no se va. Nada me jode más que ir a una playa y no ver a nadie en bolas, es que tampoco me gusta montar el número (y yo en pelotas soy un número, sí, uno de varios dígitos) Así que tratándose de moda de baño no soy la más indicada para hablar. Pero, mira, yo en mi casa hablo de lo que me da la gana.

De manera que, digo yo, si se trata de taparse las vergüenzas y nada más, lo mejor es un biquini, está claro ¿no?; el tamaño ya depende del calibre de la vergüenza de cada uno. Ahora bien, si lo que se quiere es ir mona, pues mucho mejor un bañador, que los hay que ajustan las carnes que da gloria y sientan de miedo; y si no que se lo digan a esas orondas señoras entradas en años que van bien guapas. Pero resulta que hay un tercer factor que entra en juego: las marcas. Ay amiga, las marcas. Que si me bajo el tirante, que si lo vuelvo a subir; que si me remeto la braga por el culo y me la vuelvo a sacar. Que si tanga, que si sostén de cortinilla que roza lo ridículo por minúsculo. Señor, qué complicación. La única justificación es la provocación, muy loable, si no fuera porque contraviene el primer punto, el de tapar las vergüenzas digo.

Opino que ninguno de estos tres parámetros por sí solo justifica la existencia del trikini dichoso. No entiendo yo como una puede avergonzarse antes de su ombligo que de sus lorzas laterales, pero bueno oye, esto es discutible, de todos es sabido que lo peor de las súper modelos son los pies y, que yo sepa no van a la playa con escarpines. Ya digo, que cada uno se avergüence de lo que quiera y se tape en consecuencia. 
En segundo lugar, el trikini no sienta bien, que no. Aunque estés muy buena, es una cosa rara. De acuerdo, obviemos también este punto, puede que este rechazo se deba a mi problema con la simetría que, ya si eso, comentamos otro día.
Pero no me digas que el asunto de las marcas... Este no hay quién lo libre.

Dos grandes trikinis de la humanidad recuerdo ahora mismo: el de mi desaparecida coblogera, dorado y comprado ex profeso para ir a la casarse a Las Vegas, hecho que ya de por sí lo justifica casi todo. Y aquél que mi cuñada la de michelín sacó de manera inexplicable del fondo del armario la noche que nos invitaron a una fiesta de disfraces musicales para vestirse de Lady Gaga. Yo me vestí de Amy y ambas hicimos honor al disfraz volviendo a casa a rastras... lástima de triquini.

Conclusiones:
En mi humilde y desautorizada opinión, nada justifica la insistencia en esta prenda, tal vez los amigos conspiranoicos debieran dedicarle tiempo a este aparentemente inocuo asunto...
En la playa, mejor en pelotas, siempre. Por comodidad, por lógica aplastante, porque pone en su lugar los pudores y porque no deja marcas.
Y, en última instancia, si el trikini ha de ser, al menos que sea dorado.
He dicho.

jueves, 8 de agosto de 2013

Arar

Hoy he visto cómo clavos de hierro se clavaban en la piel recién segada de la tierra. 
Una mirada atrás, por encima del hombro, y pisar con decisión el acelerador. Tras de mi, tremenda polvareda, y la entraña de la tierra lista para saciar su sed.
Los cuervos observan desde su atalaya de cables. De vez en cuando baten las alas, como para sacudiese el polvo. Un ligero viento menea los cardos secos de las cunetas, pero ni un resquicio en la cabina del tractor. Y más polvo.  La tarea está a punto de acabar, el verano toca techo, o fondo, o lo que tenga que tocar. 

viernes, 7 de junio de 2013

Complot

Vía Olivia, me topé con esto: http://www.salon.com/2011/01/15/feminist_obsessed_with_mormon_blogs/tras el
No soy yo de esa gente que habla inglés con fluidez (lo demuestra mi brevísima incursión en los informativos de estas navidades), pero sí me apaño con lo escrito. Le he dado vueltas horas, muchas horas. 
¿Y si todo esto no fuera más que un complot para devolvernos al "pataquebradawayoflife"?
Ganchillo, cupcakes, crianza incompatible con la vida, scrapbooking... ¿amordazadas con wasitape? Pero me abro un blog, lo actualizo desde el smart que me regaló mi marido hipster el día de la madre y, ele, ya soy moderna. 
Parece que tiene sentido la teoría del complot. 

Somos una particular generación de mujeres. Nos educaron para la vida fuera del hogar: estudia, se independiente, recuerda que tienes los mismos derechos y obligaciones que cualquier tío, que no te amedrenten. Nuestras madres lo pelearon, muchas casi lo consiguieron. 
Y ahora, ¿ahora qué?
No hay curro para todos, y como nosotras cobramos menos y parimos, ya está, nos quedamos en casa. Pero no estamos criadas con la abnegación de nuestras abuelas, qué va; tampoco nadie nos enseñó el oficio que tan bien aprendido tenían ellas. Porque estar en casa es un oficio, y como tal se aprende. 
De modo que nos vemos atrapadas entre dos torrentes de deseos, necesidades, instintos, convenciones, convicciones; que chocan justo a nuestros pies y amenazan con hacernos perder el equilibrio y naufragar en un mar de dudas. 
Entonces llegan las mormonas estas de los cojones, a dignificar y hacer cool lo que para mi abuela era normal y para mi es un suplicio. Ahora resulta que si posteo las labores del hogar soy supermolona, si cuelgo en instangram la merienda de los niños soy lo más. Y así de paso sublimo un poco mis ansias de proyección social. Satisfago mis necesidades a base de "megustas" y espero, mona y bien depiladita eso sí, a que mi marido venga de cazar en la jungla de asfalto, o lo que sea. 
A la mierda hombre, a la mierda. Y que cada una haga lo que le venga en gana. Si quieren tunear con pachword su trapo del polvo, que lo tuneen, a mi que me dejen en paz con mi cabreo. Que no se coser, que no me gusta limpiar, y que estoy deseando destetarme para ir a trabajar. 

domingo, 21 de abril de 2013

¡Qué chaparrón!

Hay veces que las leyes de la naturaleza no funcionan. Hay días en que el amor cae del cielo.
Hoy me han llovido las princesas, así, sin buscarlo, sin cien mensajes, ni cuadrar horarios ni calendarios.
Amaneció despejado por fuera y nublado por dentro. Nada auguraba semejante chaparrón.
Como hace el señor Manolo todos los días, me levanté, me lavé la cara, me despeiné y me atusé el bigote. Desayuné, me puse el mono y salí a la calle dispuesta a sobrellevar el día.
De repente, empezaron a caer, ligeras, con su elixir de magia y realidad. Y durante todo el día me han llevado en brazos, me han dado de comer, de beber, de reír, de llorar, me han servido café. Me han colocado en el centro del universo y luego me han devuelto a mi lugar. Así son estas mis princesas. Van en vaqueros y llevan botas sin tacón, no huelen a azahar ni tienen boca de fresa; pero guardan espejos rotos en los bolsos para ver la realidad.
Hay días en que las leyes de la naturaleza no funcionan. Hay veces que a pesar del nublado brilla el sol.

Si no entiendes nada lee un cuento: ¡Qué chaparrón!, de Raquel Saiz en OQO.

lunes, 15 de abril de 2013

Dos pasitos palante y uno patrás.

Dos pasitos palante y uno patrás, así dice mi compañera que avanza la vida. Y miro y es verdad.
Hay cosas que parece no van a llegar nunca. Luego llegan, y al rato se vuelven a ir. De nuevo aparecen, para quedarse. Y cuando te quieres dar cuenta, ya han pasado de largo para no volver.
Cuesta aprender este paso de baile. Exaspera en ocasiones. Exaspera como un niño que camina al lado de tu prisa deteniéndose a paladearlo todo; como una primavera que alterna frío y lluvia con ratos de sol, que no termina de llegar en un día de fiesta.
Pero son los niños y las primaveras locas los que nos enseñan a bailar, así que ale, danzad, danzad malditos.

martes, 9 de abril de 2013

Después de un invierno malo.

Aquél año la primavera se presentó dos días antes de la noche de reyes, así, sin previo aviso. Floreció de repente y nos inundó de alegría. Después hubo otros inviernos sí, inviernos largos y fríos. Y otoños cálidos y reconfortantes, y otras primaveras, casi todas a su debido tiempo. Algún verano, que duró lo justo. 
No diré que este invierno no me lo quito de encima desde el año pasado, no sería justo para los pájaros que cantan en mi ventana, llueva, truene o haga calor. Pero joder, que venga ya una primavera, que venga.

lunes, 18 de marzo de 2013

Me gusta. No me gusta

Me gusta la gente que se acuerda de las cosas.
Me gusta la gente que pasa largos ratos acordándose de cosas.
Me gusta la gente que se lo pasa bien y se lo vuelve a pasar bien acordándose de lo bien que se lo pasó.
No me gusta la gente que se acuerda solo de sus cosas y no te incluye en la conversación.

No me gusta la gente que se tropieza con su ego.
No me gusta la gente a la que su ego se le atraganta y no le deja digerir a los demás.
No me gusta la gente que te pregunta por tus cosas solo como entradilla para darte la tabarra con las suyas.
Me gusta la gente con egos grandes pero que no estorban.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Esa cicatriz

No me impresionó verte de lejos, ni tu olor al darte los dos besos de cortesía. No me conmovió el timbre de tu voz ni tu mirada esquiva.
La charla, trivial, claro.
Pero cuando sacaste del bolsillo el móvil para mostrarme la foto de tus hijas, la vi, la reconocí. Y entonces sí, se produjo el transporte.
Me acordé de lo suave de tus manos, y de cada rincón donde las pusiste. De las veces que pasé mi dedo por la minúscula cicatriz en la falange larga de tu dedo gordo.
Y nunca, nunca te pregunté cómo te la hiciste.
Adiós, hasta luego, mealegrodeverte.

domingo, 17 de febrero de 2013

Abriendo puertas.

Al parecer por la misma puerta que se entra, se sale. Y cuando esa puerta se abre, para cualquiera de las dos cosas, sopla una corriente salvaje.
Nos esperan al cruzar esa puerta, al entrar y supongo que también al salir. Y mucho dejamos atrás al salir, quién sabe si también al entrar.
Pero un umbral que se franquea no es un muro inexpugnable, no lo es, y una vez que nos exponemos a la corriente tan de cerca no volvemos a ser las mismas. Quedamos marcadas con la certeza de que hay algo al otro lado. Una certeza que va más allá de credos y cuentos chinos, se puede tocar, se nos queda pegada en el pellejo, huele, sabe a hierro como la sangre y la tierra fértil.
Nacemos, morimos; alumbramos, nos despedimos.
No se qué sucede cuando es una misma la que entra o sale, no me acuerdo ni me quisiera acordar ahora mismo. Pero cuando es carne de tu carne quién entra o sale, se está muy cerca, mucho. Al alumbrar o al despedir, da igual, nos arrimamos a la puerta para ponernos en primera línea. Y eso acojona, sí.
Así que, compañera, que la corriente te alborote lo justo para danzar frente ese umbral que no es un muro. No te olvides de respirar y piensa que, como en la historia de Inanna, en un rato te estarás quitando la mugre de las uñas porque enfrentarse a las puertas que se abren es lo natural, y estamos hechas para eso.

lunes, 4 de febrero de 2013

Una mujer de negocios.

¿En qué piensas cuando piensas en una mujer de negocios?, ¿en qué piensas?
Yo pensaba en una tía delgada y bien peinada. Con falda de tubo y cómoda con zapatos incómodos. Segura, decidida, bienoliente. Yo pensada, yo pensaba.
Una mujer de negocios está en chandal o en pijama. En el mejor de los casos, si es muy organizada, tiene un atuendo ad hoc para, llegado el caso, abrir al de Correos sin que éste salga espantado.
Una mujer de negocios convive con tiburones peores que los brokers de wall street: la culpa, las pelusas de la casa, el IVA, la tutora de su hijo, la cuota de autónomos, las dudas, los proveedores, el lodejotodo y la madrequeloparió.
Una mujer de negocios, una mujer de negocios.

miércoles, 30 de enero de 2013

Dudas y legañas.

Acostumbrado tenía el cuerpo a tomar decisiones en septiembre, pero esto de vivir instalada en la puñetera encrucijada me tiene con las defensas por los suelos.
Ya se que vivir es elegir, ya se, y desde Trainspotting la imagen que acompaña estas palabras es la de Ewan corriendo, pero hay que ver lo incómodo, hay que ver. Eh, y que no elijan por mi.
Así que con tanta puerta abierta soy caldo de cultivo para toda clase de pestes. Si ya era la mujer habitada, en este momento ni te cuento. Además de mis inquilinos habituales, que campan a sus anchas más que nunca aventurándose en plazas hasta ahora inexploradas, los ojos pitañosos me delatan. La piel, otrora lustrosa, ha adquirido un tono cetrino feo, muy feo.
Menos mal que la astenia primaveral está al caer, con su solecito y tal. En un par de semanas los cerezos estallan y ya no hay vuelta atrás.
Para entonces la corriente no será tan heladora, aunque las puertas sigan abiertas de par en par. Con un poco de suerte habré conseguido entornar alguna. O lo mismo me voy a un bazar, compro unos topes con forma de rata y atomarporculo, ya decidiré en septiembre.

martes, 22 de enero de 2013

Invierno

Se inverna despierto y se hiberna dormido. Lo mismo da.
Parece que son muchos los que quisieran poder hacer alguna de las dos cosas, o las dos, alternando. Una cueva oscura y calentita, superficie mullida y que me dejen en paz. Y si un día sale el sol, ya saldré a que me de un poco en la espalda.
Pasada la Navidad con su ajetreo, sus emociones encontradas, sus comidas ricas y sus comilonas a base de suculentas sobras, sus encuentros con los viejos vecinos en el portal (¡y descubrir con sorpresa que cambiaron, como tu, las resacas por paseos por el parque!), sus regalos y sorpresas, su dobledosis familiar y su todo; ya pasado, pues que llegue la primavera ¿no? Con su astenia y sus cosas, pero que llegue.
Menos mal que, como reza la sabiduría popular, por Reyes lo conocen los bueyes, y enseguida las horas de sol irán a más.
Y, aunque aún nos aguardan oscuras jornadas de nieblas, mocos y legañas, le vamos cogiendo el gustillo al rollete este cíclico de la vida. A pesar de que no podamos recluirnos como quisiéramos a dibujar circulitos un par de meses.