viernes, 24 de junio de 2016

La Atalaya y yo.


Cúantas estaciones perdidas sin venir a verte.
Tres estaciones exactamente. Sin olerte el verde, sin sufrirte el gris. Y hoy me recibes con una paleta de sonidos que compensa el amarillo y lo exalta hasta el dorado. 
Viento de tomillo en el lado izquierdo de la cara, los últimos rayos cálidos en el derecho.
La Atalaya y yo reflejamos una sombra pequeña, vistas desde lejos parecemos un árbol y una mujer cualesquiera. Alguien puso un banco viejo de Caja Rural junto a tu tronco. Es para mí un trono.

jueves, 9 de junio de 2016

100 Days, 100 Nights



Si me conoces ya lo sabes: soy negra aunque a primera vista no se me note. Si lo hiciera notar más, mejor me iría. Si no me conoces, te lo he dicho ya, eso seguro. 
Sé que un día me va a pasar: me voy a levantar sabiendo cantar, y con una depurada técnica vocal. Me va a durar solo un día, pero me lo voy a pasar cantando a voz en grito, por eso tengo que estar preparada y saberme algunas letras, no sea que me pille desprevenida y me acuerde solo de las de Extremoduro, sería una pena.
Mira ésta, cómo se lo canta en el ascensor, y cómo le sigue el rollo el colega de la guitarra. 
Sígueme el rollo, hombre, que soy negra aunque no suela viajar en ascensorrrr.

No tengo ni idea de si le gustará a mi padre, la canción digo, no que sea negra, que es de los que no lo saben. 
Digo yo que sí, que ésto le gusta a todo el mundo ¿no?

martes, 7 de junio de 2016

Esta mañana me he encontrado conmigo.

Me gustaba ese coche.
Esta mañana me he encontrado conmigo.
Ha sido al bajar del autobús, en la misma calle había un atasco, y en el atasco un coche. En el coche, ahí estaba yo.
Tronaba una música macarra y emocionante. Aunque ya no fumo, iba fumando un cigarro con la ventana bajada, nunca me gustó apestar el coche. Atenta al atasco pero abstraída en mis pensamientos estaba.
Se ha abierto el semáforo y el tráfico ha avanzado, aquella que fui ha continuado su ruta hacia el polígono donde trabaja, ésta que soy se queda en la misma calle.
Es hoy.

jueves, 2 de junio de 2016

Criandomonstruos, La Quiles y La madre que nos parió.


Éste será mi primer post como madre. No, no te líes, que hace ya más de 5 años que lo soy. Pero éste será mi primer post como madre.

Resulta que hay una pintamonas bien maja que se llama Cristina Quiles, puedes ver sus asuntos aquí. Pues hace unas semanas me topé con esta viñeta que me hizo mucha gracia. La compartí en mis redes, pero se me quedó revoloteando por encima de la cabeza.

Hay a quién la maternidad le deja como estaba, pero mejorada. Hay a quién le sobreviene un tsunami. Y a quién tiene taras de serie, se las deja en carne viva. Y todo esto no tiene que ver con las criaturas, eh, es sólo cosa de una, Ni siquiera el inseminador tiene que ver con el asunto. 
Luego las circunstancias son las circunstancias, claro, y nada es tan grave, es solo la vida.

El caso es que a muchas les da por las mandangas new age, y las que tenemos querencia por los cursos y cursillos así en general, claro, estamos perdidas. Otras hacen punto o cosen como locas, se flipan con el porteo, o les da por hacer cup cackes con goma eva dudosamente comestible. 
Por eso y por otras cosas me hace tanta gracia esta viñeta.

Algunas noches, cuando mi paciencia, ya escasa per se, agota sus últimas reservas, mi pequeño quiere un vasito de leche después de cenar. Y yo, que no veo la hora de apalancarme en el sofá, resoplo y se lo pongo. 
Y, entonces, quiere galleeetas. Yo resoplo más fuerrrrte, pero como es muy pajarito, se las doy. Y él se las come despacio. Muy despacio. Primero una, luego otra. Y, entre medias, se chupa los dedos uno por uno, también muy despaaacio, y comprobando que no se deja nada de nada entre esas uñitas diminutas de maricarmen que tiene.
Además, no moja las galletas y se las come de cualquier manera, qué va. Él tiene un método que juega con los límites de ductilidad de la galleta sumergida en leche: junta dos galletas, cuyos bordes han de coincidir exactamente, por lo que si, al comenzar la inmersión éstas se separan un poco... hay que volver a iniciar la operación, joderrrrr, que son casi las 10. El tiempo de inmersión resulta crucial, si la galleta no está lo suficientemente blanda para su gusto, hay que volver a sumergir, con el peligro que ésto conlleva: galleta con doble mojada se derrumba con facilidad. Y, claro, hay alta probabilidad de que el que acabe sumergido en leche sea él, mierrrrda, ¡recién bañado como estaba, mecagondiezzzz!
Cuando por fin termina su ración de galletas (compuesta por un número de galletas inversamente proporcional a la lista de cosas que yo tenga previsto hacer cuando se acuesten), entonces se bebe el culín de leche que las galletas han dejado. Pero no se lo bebe de un trago, sin más, que no, que ahora quiere una pajita, pero no cualquier pajita, que la quiere elgir él. Y tarda, joderrr que si tarda, ¡por lo menos minuto y medio! Y sorbe des pa ci toooo. 
Da gloria verle, porque es muy gracioso y muy guapo, y le hacen chiribitas los ojos cuando tiene mucho sueño. Pero yo solo quiero que termine ya de una puta vezzz, para ir a sentarme al sofá a leer artículos sobre pedagogías waldorf y montesoris y frases de yoguis y cuentos zen y mierdas de esas en mi móvil de última generación.

Cuando, en realidad, el verdadero ejercicio de mindfullnes de ese es contemplar como ese niño se toma su vasito de leche con galletas.


Bueno, pues todo esto que a mi me cuesta miles de caracteres explicar, lo estampa la Quiles en su viñeta. Por eso me hace tanta gracia, y porque me gustan mucho sus tetas que son de verdad, y porque tiene mucha poesía, pero sin tanta tontería.

Este libro es suyo, lo encuentras en cualquier librería decente y es un regalazo. 
Y, ahora, me voy a preparar la bañera, que antes de las galletas está la cena, y después lavarse los dientes, y un cuento, y otro cuento, y un besito y otro besito y otro más.