Lo mismo te echo de menos que antes te echaba de más.

Me pregunto por qué gusta más un "te echo de menos" que un "pásatelo bien". Y como me pregunto en voz alta, pues va la gente y me contesta. He aquí algunas respuestas y sus conclusiones.

Llama la atención, en primer lugar, que casi nadie prefiera lo segundo a lo primero. A todos nos gusta más que nos echen de menos. A mí me parece que esto muestra las deleznables criaturas que somos. 
Por más modernos esfuerzos que hagamos para abolir el amor romántico y el patriarcado y todas esas mierrrdas, aquí estamos, ansiando la angustia del otro por encima de su anhelo sincero por nuestro bienestar.
Porque echar de menos es angustioso, tú lo sabes, yo lo sé. Que soy yo mucho de echar de menos y si da gustito es porque acaricia nuestro lado masoca. De modo que es de ser pelín sádicos regocijarnos en el hecho de que sea nuestra persona la causante de las angustias ajenas, no me digas que no.


Juanen no puede escuchar la expresión primera sin acordarse de esta canción. A mí me gustaba hasta que me dio en el rostro por culpa de la mierda de la película y de cantarla muchísimo en una tienda de campaña que parecía un submarino. No, a mi padre no le gusta. 
Dice Isabel que es que echar de menos acerca y desear el bien aleja. Así es.
Paula, que con la primera y la segunda persona del posesivo no es igual. Claro, ahí está la pega, que el posesivo y las personas no deberían llevarse tan bien.
Eva dice que echar de menos es compartido mientras que el deseo de bienestar es para que el otro se lo disfrute a solas. 
Bola, que está de vuelta de muchas cosas y a mí me hace mucha gracia, es la única que se queda más ancha que larga si le desean que se lo pase bien, a poder ser muy bien. 
Laura, la pobre, que hace mucho que no me ve, se preocupa por si he sufrido alguna pérdida últimamente (tranquila, solo de orina, y de momento nada más si toso o me río fuerte). 
A Alejandro le parece obvio. Pues mira, ¿ves?, lo que nos gusta es departir sobre obviedades. Sobre todo a usted. 
La otra Laura propone la siguiente variación: "deseo verte". A mí me parece brillante, y me encantaría que nos expresásemos más así, siendo precisos en el lenguaje. Eso implicaría ser precisos también en la definición de nuestros sentimientos, poner palabras es poner límites, algo así trajo Wittgenstein. Ojo con lo que dices, ojo con lo que acotas , ojo con lo que nombras que le darás entidad.
Luego está Belén, que no sabe si se explica bien pero sí que lo hace, sí. Afirma que la clave está en el tono y afirma bien. No solo de palabras viven los cuerpos, si nos gusta que nos echen de menos es que queremos más, más cuerpo a cuerpo por lo general.
Nuria se mete conmigo y me dice que soy blanda, diríase toda de algodón, que no llevo huesos. Muy bonito, pero me estás llamando burra, o ¿acaso sugieres que he de mejorar mi tono muscular?
Lucía afirma que es cuestión de cantidad, puede ser que sea el caso... aunque, por ejemplo, si me mandas a la mierda da igual que sea poco o mucho.

Sea como sea, echar de menos es sin "h", no te confundas porque entonces ya la hemos cagao. 
En estos tiempos de politonos y poliamores, en la era del wasap que no contempla colores en la voz, me parece clave hilar bien fino con las palabras, ir duro y a la encía, procurando eso sí no levantar llagas. Evitaríamos navegar, muchas veces a la deriva, en un maremagnum de imprecisiones, sobreentendidos y malos entendidos que, aunque habitualmente proporcionan calma, en ocasiones desatan tormentas que no estamos acostumbrados a bregar.
O igual tiene razón Nuria, y es que soy un poco burra y ya está.

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