sábado, 20 de agosto de 2016

Yo desnuda gano mucho.


Y no es broma. Desnuda estoy mejor. Se me ve más lo bueno, y soy tan rotunda y contundente que despisto al adversario


No hay fronteras de tela, ni trincheras de goma y alambre que marquen pautas que me son ajenas. 
Estoy mejor, más holgada, desahogada. Tanto, que mis límites se difuminan y ya no importa si hay algún pelo fuera de su sitio, curvas o accidentes de más. Cada cosa ocupa su lugar, está donde debe estar. No hay más medida que la mía, que no se me da muy bien contar.  


Ondeo y resplandezco, el aire en los recodos sienta muy bien. El aire, el sol, el agua, la arena si la hubiere. Los elementos todos juegan a mi favor.

Desnuda estoy más contenta, y con eso ganamos todos, te lo digo yo. 

Las imágenes, bellas, forman parte de la colección de cuerpos que atesora Jesús Gabán en su Pinterest. 

viernes, 5 de agosto de 2016

Tanto amor y tanta mierrrda.

Qué de amor y qué de mierda se acumula en las esquinas. Detrás de los muebles, en los dobladillos de las camisas, en el fondo de los cajones; a los pies de la cama, justo donde se juntan la sábana de arriba y la de abajo, ahí donde se remeten debajo del colchón. Y entre las teclas del puto mando a distancia. El amor y la mierda se hacen moho en los bajos de la cortina de la ducha. 
Me gusta mucho el amor, el amor y decir mierda. Si puede ser, mierrrda, así con muchas erres. 

lunes, 1 de agosto de 2016

La Mandrágora



Nunca fui de escuchar mucho a éste señor, más allá del disco de la Mandrágora que marcó mi infancia.
Me gustaba entero, mis padres lo ponían en el coche y en casa, y hasta creo recordar que lo cantaban, en mi casa que no somos muy de cantar. Y se reían, se reían mucho. Y yo me sabía las canciones y me gustaba mucho pronunciar palabras como pérfida, burdo, catastro, gilipollas... que por uno u otro motivo me hacían cosquillas en la boca.
Luego, en la adolescencia y primera juventud, volvimos a pronunciar esas palabras y a cantar aquellas canciones, lejos de nuestros padres pero jactándonos de que fueron ellos quienes nos las enseñaron. 
Y ayer mismo las volví a escuchar y volvieron a hacerme gracia y a despertarme la admiración que produce el ingenio bien administrado.
Y me prendió esta frase: "prefiero caminar con una duda que con un mal axioma", y me pareció que esta canción en concreto se llama Cromosoma pero bien podría llamarse Epitafio, que es una palabra que también me gusta mucho.
Y ya está.

Por supuesto que a mi padre le gusta. Podría decir que incluso a mi madre le gusta también. Y, además, ésto a mi padre le produciría esa cosa que le pasa cuando me pilla escuchando su música: una especie de orgullo-verguenza-admiración-envidia. Es a las emociones lo que el umami a los sabores. O algo así.

Consideraciones sin importancia de mediados de verano

Puedo vivir sin saber qué es el perreo extremo.
El mediterraneo levantino me provoca reacciones encontradas.
Sigo confundiendo la o con el cero en los teclados, y la a con el 4 así en general.
Una boda es una horterada muy divertida y muy cara.
No me gustan los bañadores. Los trikinis tampoco, pero eso ya lo sabes. 
Este año hay menos moscas.
El polvo que levantan las cosechadoras cuando están cosechando tiene algo de lisérgico. 
Me dan mucho coraje los documentales donde les ponen nombre propio a los animales.  
Es verano, qué más da. 

viernes, 24 de junio de 2016

La Atalaya y yo.


Cúantas estaciones perdidas sin venir a verte.
Tres estaciones exactamente. Sin olerte el verde, sin sufrirte el gris. Y hoy me recibes con una paleta de sonidos que compensa el amarillo y lo exalta hasta el dorado. 
Viento de tomillo en el lado izquierdo de la cara, los últimos rayos cálidos en el derecho.
La Atalaya y yo reflejamos una sombra pequeña, vistas desde lejos parecemos un árbol y una mujer cualesquiera. Alguien puso un banco viejo de Caja Rural junto a tu tronco. Es para mí un trono.

jueves, 9 de junio de 2016

100 Days, 100 Nights



Si me conoces ya lo sabes: soy negra aunque a primera vista no se me note. Si lo hiciera notar más, mejor me iría. Si no me conoces, te lo he dicho ya, eso seguro. 
Sé que un día me va a pasar: me voy a levantar sabiendo cantar, y con una depurada técnica vocal. Me va a durar solo un día, pero me lo voy a pasar cantando a voz en grito, por eso tengo que estar preparada y saberme algunas letras, no sea que me pille desprevenida y me acuerde solo de las de Extremoduro, sería una pena.
Mira ésta, cómo se lo canta en el ascensor, y cómo le sigue el rollo el colega de la guitarra. 
Sígueme el rollo, hombre, que soy negra aunque no suela viajar en ascensorrrr.

No tengo ni idea de si le gustará a mi padre, la canción digo, no que sea negra, que es de los que no lo saben. 
Digo yo que sí, que ésto le gusta a todo el mundo ¿no?