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No me fío de ti.

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No me fío de ti...

Si llevas un tatuaje en el cuello. Ya si se trata de un escorpión, soy capaz de echar a correr.

Si conduces a más de 140 de forma habitual.

Si escuchas música en el metro, tren o autobús con los cascos puestos a un volumen tal que yo también puedo escuchar.

Si eres de los que le quitan lo blanco al jamón. Alguna tara ocultas.

Si no cambias de opinión ni pa dios.

Si no te quitas las gafas de sol cuando me hablas. Y, a no ser que te de el sol de cara, cosa que sucede rara vez, eres un maleducado.

Si tienes un SEAT amarillo. Deberían llevar la multa de serie.

Si tienes un perro peligroso y aseveras que es muy noble.

Si regalas libros que no te has leído. Si no te has leído ningún libro.

Si haces deporte de más. Tampoco te sé decir cuánto es demasiado, para mi todo es mucho.

Que no, que no me fío de ti. Tampoco te fíes tú mucho.

Ritmo de la noche.

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Hace no mucho se celebraba el día de la música, porque, hija, todo hay que celebrarlo. Y Bea Esteban, de la que me fío mucho aunque trato poco, comentaba que ésta y no otra es su canción favorita.  Argüía una serie de razones con las que no puedo estar más de acuerdo: esto suena y levanta cualquier fiesta, cualquier pista, cualquier cosa. Es un tema que, como la cocacola, pega con casi todo. Hay mil versiones y se harán otras tantas, todas con su cosa divertida.  Lo has bailado hasta la saciedad, lo bailas si te lo echan, y lo bailarás; no lo niegues, suenan los tin tin tín iniciales y te entra esa cosilla por el cuerpo: lo mismo sirve para mover el esqueleto con tu tía abuela en una boda que para desconectar neuronas en un after, eso es así. Otra cosa es que la chati que sale en el videoclip se parece bastante a mi prima, aunque ella jamás se contorneó así porque estaba muy buena pero lo tenía prohibido (estar buena, ya no te digo contornearse (o se dice contonearse, ay , no sé)) Po…

De todo hace veinte, de ésto solo 10.

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Celebremos, que se cumplen 10.

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Este blog cumple 10 años  (¡¡¡10!!!), yo ya cumplí 40.

Y está muy bien (más que bien) pedir y que se te de, eso lo sé yo (otro día te  cuento por qué). Pero es hora de hacer las cosas sola.
Sí, que voy a pedir ayuda, pero lo voy a hacer sola. 
Este año las sorpresas corren de mi cuenta, así que los regalos los voy a hacer yo, venga.

Y como se trata de ser moderna (hija, ya no sé ni si se lleva), será mediante un ¡sorteooo!:
Date un paseo por el histórico del blog, elije una entrada que te gustaría ver impresa (sí, sí, papel y tinta, bien de tinta).Deja un comentario en esta misma entrada, o en el post de facebook o instagram donde encontraste su enlace.Si quieres compartir la entrada que te gusta en tus redes, tendrás papeleta doble para el sorteo. Entre todos los participantes se sorteará un lote de productos del páramo que, seguro, no os dejará indiferentes.  Contendrá regocijo para todos los sentidos, cuantos quiera que tengáis.
El sorteo se llevará a cabo el 27 de septiembre, y se u…

Purple Rain

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Qué tío raro Prince. Lo mismo se planta un turbante que todo el brillerío posible, que chorreras o a pecho descubierto, que todo a la vez.
Se parece, y todo a la vez también, a Raimundo Amador, a mi amigo Chencho, a Cantinflas, al Carlines el de mi barrio y vaya usted a saber a cuántes más, seguro que se te ocurren dos o tres.
Y si quiere se cambia de nombre o se hace llamar innombrable.



El caso es que cuando uno está a gusto, bien a gusto, sucede que la actualidad le es ajena. Más o menos eso me pasó a mi hace un par de semanas: inmersa en la intensidad como estaba, no me enteré de lo que los medios consideraban actualidad.
Hasta que en mi intensidad se abrió una brecha por la que se colaron un par de noticias. Ambas, trágicas las dos, venían con canción: una era el Lince Ramón, que me gusta muchísimo y ya si eso otro día te la canto o te la cuento, y la otra la misma que ilustra este post.

Purple Rain me lleva desde sus primeros acordes a un diminuto paraíso gallego. Que no tiene p…

Pensamientos de sofá un sábado noche.

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No esperéis un post con pies y cabeza. No lo es.


La lectura de un libro casual puede trastornarte el humor para toda la semana. Lo empiezas con pereza, lo sigues con ansia, lo terminas con desasosiego y luego ¿qué coño leo?

Es impresionante como un comentario en redes de una persona a la que en otro tiempo conociste, amaste y temiste a partes iguales es capaz de ponerle cuerpo a una noticia gastada de la televisión. Y hacer que una verdad espeluznante y lejana te mantenga perturbada y desvelada hasta altas horas de la madrugada. Hace falta estar loca y ser valiente para coger tu petate de vida acomodada y largarte a ver si lo que dice la tele es verdad, a meter los pies en el fango dispuesta a morirte de miedo y de vergüenza. Te sigo admirando a través del tiempo y la distancia, amiga.

Todos los fines de semana tendrían que tener tres días. O al menos dos para todo el mundo, que todavía me acuerdo de mis tiempos de tendera, cuando adoraba los domingos y librar un sábado por la tarde e…

Los Planetas, a Hierro y Níquel. Como el arco de la radial.

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Pues mira, para empezar me parecieron siempre ridículos. Igual porque al Jota no se le entendía nada y a mi, si cantas en castellano, pues mira, me gusta entender.

Pero soy hija de mi tiempo y, aunque no me pilló de lleno, Los Planetas no podían pasarme por encima. Había una canción que sonaba siempre en los bares, solo entendía lo de los millones de rayas y me parecía una chorrada. Además los confundí siempre con Los Piratas, que luego resultó ser la banda del triste del Ferreiro, que también, cuando te coge, te coge como el arco de la radial. Y a mi hermana le cogieron, el Ferreiro y Los Planetas. Aunque como fue en la época en la que nos hicimos amigas pero nos separamos, pues no pudimos compartirlo. Razón de más para que me parecieran siempre cosa de jóvenes modernos.

Un verano me leí su biografía, Una semana en el motor del autobús.
Sólo leo biografías de gente que, en principio, no me interesa demasiado, y así alimento mi curiosidad (me pasó con la de Eramos unos niños, que me …