jueves, 29 de septiembre de 2016

PATRIA, Salón Erótico, opiniones diversas.



Habrás visto el vídeo ¿no? Si no lo has visto, ahí lo tienes.
Yo lo he visto un par de veces. Porque la primera vez que lo vi, me dio un poco de repelús. Luego, al verlo compartido en redes hasta la saciedad, el repelús se tornó nausea. Y, hale, otra vez hecha un lío porque no soy capaz de generar una opinión verbalizable, yo que soy muy de opinar y muy de verbalizalo todo, hija. Y me dije, ya está, ya estamos, #elfeminismonomedajavivir, jaaa. 

Entonces quise quedar con mi amiga la Galicia, que ella en estos casos siempre me resulta esclarecedora y clarividente, valga la redundancia si es que la hay (pero es que es las dos cosas). Pues no pudo ser, porque una quiere quedar a empoderarse y tomar cañas, y luego resulta que tiene que ir a la reunión del colegio de los niños y entregar un informe y no sé qué, y en algún momento tendré que ir yo a la peluquería, y ya no me da tiempo. Así es.

El caso es que hoy me he topado con este artículo de Riot and Roll en el muro de facebook de Vanesa Cr., elefanta de pro. Se titula Salón Erótico de Barcelona: no cuela. Y me he dicho, tate, eso es lo que me pasa a mí, que no cuela. 

Porque muy bonito el anuncio éste de moda, que ahora resulta que el salón del porno es una cosa muy decente y muy cool y muy bien. Pues, mira, a mí que me tira mucho patrás... ¿ves?, ni modo de ser moderna, pero ese tufillo correctito con infulas de transgresor, chica, no sé.

Y el artículo en cuestión, tan riot y tan bollero, aporta un punto de vista que me calma un poco la zozobra ésta que tengo, porque viene a explicar mi incomodidad muy bien explicadita, pero sin juzgar, que es una cosa que me toca a mí mucho la moral. Y me ha hecho reír cuando dice (atención, spoiler): "al final estás buena y tragas", porque, eso es así, algunas cosas son bonitas de ver.

Bueno, venga, tú lee el artículo, a ver qué te parece. Y otro día quedamos y lo hablamos, nos empoderamos y nos tomamos unas cañas y lo que haga falta. Y ya de paso, me anotas alguna pornorecomendación de algo que no sea meter los dedos en pomelos pero que me ponga cachonda sin ponerme de mal humor, ya tu sa.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Cosas que quiero para mi cumpleaños.

Contra el vicio de pedir está la virtud de no dar. Lo demuestran los post de mis anteriores efemérides.
Pero a mí me da igual, no cejo en mi empeño y yo sigo pidiendo.



Quiero ir a la Tate a ver la exposición de Georgia O´Keeffe, o, venga, al Guggenheim a la de Bourgeois. Si quieres, me llevas a las dos.
Quiero una sudadera roja como la de Ellen Page en la peli Hard Candy. Telohedichoya.
Quiero volver a la esterilla de Jorge Ru. O que me digas dónde hay otro como él, que me haga doblar el lomo y hartarme de reír. No lo hay.
Que empiecen ya mis clases de pandereta. Y que me de tiempo a no perderme ni una y no me pese la conciencia por ir.
Quiero escuchar lo que se oye por las calles de Nápoles.
Quiero tener en mi casa la peli de Vampiros en la Habana. Me la grabas o como tú veas.
Y cambiar los muebles de sitio y pintar la pared.
Una amapola en el brazo izquierdo, pero ya, que me hago vieja y luego no mola.
Quiero ochocientas canciones grabadas en mi pincho insaciable del diezmil gigas, Y horas de coche para quemarlo en la carretera. Y que no se me cruce ningún jabalí.
Que mi excobloguera se vuelva a vestir de conejita cualquier día, así porque le da la gana. Y si hace falta yo, que no sé coser, aprendo y le coso la cola, pero que vuelva a ser efervescente, joder.
Un chal de amor de esos que teje la sirena del norte. Como ella quiera, sabrá si le dices que es para mí. Pero que tenga poco fleco y mucho rojo.

Ya, ya se qué es todo muy exigente y con un tono muy maleducado, que me merezco un torto por caprichitosbenito, pero hija, que en este blog son todo mentiras, qué más da. Pídete tu algo, jaaa.

Por cierto, para la fiesta sorpresa que me pedí el año pasado, ya vais tarde, así que si eso ya me la organizo yo. Ya te llegará la invitación.

Ah, y también quiero la Caperucita de Beatriz Martín Vidal. Pero no la de Oxford, no, la otra, la que es jodida de encontrar.




viernes, 2 de septiembre de 2016

Cosas que he aprendido tocando la pandereta.

Que el año empieza aquí en septiembre es cosa por todos sabida. Y si no lo sabías, pues ya lo sabes.

Por muchas razones que merecen post a parte, el año pasado fue para mí el año de la música. Para empezar porque arrancó con un regalo redondo y casi sorpresa. No ha habido mes que no me haya obsesionado por lo menos con dos canciones, he cantado en la cocina laaargas horas, he cantado con mis hijos en el coche, delante del espejo del baño con el cepillo por micrófono. Me he comprado cds y los he regalado, he vuelto a jugar al juego de "una vez tú y una vez yo", y con más de tres o cuatro personas distintas. 

No te digo más que hasta me he iniciado en un instrumento, yo que me tenía por inútil total al respecto...

Y no habré aprendido a tocar la pandereta, oye, pero sí unas cuantas cosas que, a continuación, paso a enumerar:

Lo difícil que es tocar la pandereta, joder,
Que tengo el ritmo en el cuerpo, cosa que debí haber aprendido antes, no en balde soy negra.
Que tenía razón mi comadre María, y es lo más zen a lo que una recia como yo puede aspirar.
Que mis manos tienen mejor memoria que mi cabeza, lo mismo que mi piel.
Que algo chungo se le perdió a alguna muerta en Sanabria, eso explicaría muchas cosas, ya ves.
Que lo silencios se miden y marcan la pauta, o yo qué se, que sigo sin tener ni puta idea de música.

sábado, 20 de agosto de 2016

Yo desnuda gano mucho.


Y no es broma. Desnuda estoy mejor. Se me ve más lo bueno, y soy tan rotunda y contundente que despisto al adversario




No hay fronteras de tela, ni trincheras de goma y alambre que marquen pautas que me son ajenas. 
Estoy mejor, más holgada, desahogada. Tanto, que mis límites se difuminan y ya no importa si hay algún pelo fuera de su sitio, curvas o accidentes de más. Cada cosa ocupa su lugar, está donde debe estar. No hay más medida que la mía, que no se me da muy bien contar.  



Ondeo y resplandezco, el aire en los recodos sienta muy bien. El aire, el sol, el agua, la arena si la hubiere. Los elementos todos juegan a mi favor.

Desnuda estoy más contenta, y con eso ganamos todos, te lo digo yo. 

Las imágenes, bellas, forman parte de la colección de cuerpos que atesora Jesús Gabán en su Pinterest. 

viernes, 5 de agosto de 2016

Tanto amor y tanta mierrrda.

Qué de amor y qué de mierda se acumula en las esquinas. Detrás de los muebles, en los dobladillos de las camisas, en el fondo de los cajones; a los pies de la cama, justo donde se juntan la sábana de arriba y la de abajo, ahí donde se remeten debajo del colchón. Y entre las teclas del puto mando a distancia. El amor y la mierda se hacen moho en los bajos de la cortina de la ducha. 
Me gusta mucho el amor, el amor y decir mierda. Si puede ser, mierrrda, así con muchas erres. 

lunes, 1 de agosto de 2016

La Mandrágora



Nunca fui de escuchar mucho a éste señor, más allá del disco de la Mandrágora que marcó mi infancia.
Me gustaba entero, mis padres lo ponían en el coche y en casa, y hasta creo recordar que lo cantaban, en mi casa que no somos muy de cantar. Y se reían, se reían mucho. Y yo me sabía las canciones y me gustaba mucho pronunciar palabras como pérfida, burdo, catastro, gilipollas... que por uno u otro motivo me hacían cosquillas en la boca.
Luego, en la adolescencia y primera juventud, volvimos a pronunciar esas palabras y a cantar aquellas canciones, lejos de nuestros padres pero jactándonos de que fueron ellos quienes nos las enseñaron. 
Y ayer mismo las volví a escuchar y volvieron a hacerme gracia y a despertarme la admiración que produce el ingenio bien administrado.
Y me prendió esta frase: "prefiero caminar con una duda que con un mal axioma", y me pareció que esta canción en concreto se llama Cromosoma pero bien podría llamarse Epitafio, que es una palabra que también me gusta mucho.
Y ya está.

Por supuesto que a mi padre le gusta. Podría decir que incluso a mi madre le gusta también. Y, además, ésto a mi padre le produciría esa cosa que le pasa cuando me pilla escuchando su música: una especie de orgullo-verguenza-admiración-envidia. Es a las emociones lo que el umami a los sabores. O algo así.