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Madrid era un infierno I Esto en la provincia no se ve.

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Hay ciudades grandes, ciudades muy grandes y ciudades que se quedan pequeñas.

Teníamos muchos planes, algunos caprichos y ganas de estar juntos y pasarlo bien. Y luego contarlo, claro.
No sé si te pasa, pero yo cuando voy a una ciudad así como Madrid, protagonista de manifestaciones culturales contemporáneas diversas, no la encuentro. Bueno, sí encontré Nueva York, pero porque iba de turista total y me llevaron en un autobús blindado a ver la comisaría de Distrito Apache. Pero, a lo que estamos, que esa es otra historia.
De niña, cuando iba a ver a mi primo, eso era Madrid: mi primo y el apartamento minúsculo donde vivía con su madre, que nunca olía a pimentón ni a ajo ni a canela, sino a otras especias sin identificar (el apartamento digo, mi tía siempre olió a gloria). 
Ir a Madrid era ir a la Vaguada, un centro comercial entonces inmenso, hoy ridículo, que eso en la provincia no lo hay. Estaba cerca de casa de mi primo, pero había que andar mucho, coger el metro y luego andar más. Eso …

La ciudad no es para mí. Que no te metan la cagalita.

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Que no te metan la cagalita es una expresión acuñada por mi abuelo, que habría ido a Madrid una vez o ninguna y, si te descuidas, en tartana.  Mi abuelo afirmaba que cuando los del pueblo iban a la capital se quedaban con la boca abierta a causa del asombro y la extrañeza que la urbe les causaba. Entonces, los malintencionados madrileños aprovechaban para cometer toda clase de tropelías: robarle la cartera a los de provincias, timarles con el tocomocho, estafarles en la carrera del taxi... y, sobre todo a los niños, coger una cagalita de oveja del suelo y metérsela en la boca.
Ya ves tú lo que sabría mi abuelo de Madrid, que pensaba que había cagalitas por las calles....  Yo, por si acaso, en cuanto piso la capital, cierro bien la boca, agarro fuerte el bolso, ando muy deprisa y escondo el mapa del metro pa que no se note que no sé por dónde me ando, que vengo de la provincia, hija.

Julieta Venegas, me gusta toda ella.

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Me gusta toda ella. Cómo se despide, lo que más; también cómo llega y se entusiasma ella sola.

Me gusta cómo se duele, también si se pone caprichosita y remolona.

Me gusta un abrigo como de plumas que tiene, y el acordeón (¿os he dicho que mi bisabuelo tocaba el acordeón y yo también quiero?). Esos looks raros, y los peinaditos que se hace, ja. Los vídeos, todos en tonos pastel.

Parece apocada, seguro que es explosiva, excesiva y genial. Me tomaría unos tequilas con ella ahora mismo, pero ya.

He elegido esta canción, pero Eres para mí, Limón y sal, Me voy, Amor Platónico, Andar Conmigo... qué sé yo, me gustan todos.

Lo justo de mainstream, lo justo de mexicana, lo justo de chaladita, lo justo pa mí.



Pse, no creo, no creo que a mi padre le guste. Oye, que igual, sí, eh.


Lo mismo te echo de menos que antes te echaba de más.

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Me pregunto por qué gusta más un "te echo de menos" que un "pásatelo bien". Y como me pregunto en voz alta, pues va la gente y me contesta. He aquí algunas respuestas y sus conclusiones.
Llama la atención, en primer lugar, que casi nadie prefiera lo segundo a lo primero. A todos nos gusta más que nos echen de menos. A mí me parece que esto muestra las deleznables criaturas que somos.  Por más modernos esfuerzos que hagamos para abolir el amor romántico y el patriarcado y todas esas mierrrdas, aquí estamos, ansiando la angustia del otro por encima de su anhelo sincero por nuestro bienestar. Porque echar de menos es angustioso, tú lo sabes, yo lo sé. Que soy yo mucho de echar de menos y si da gustito es porque acaricia nuestro lado masoca. De modo que es de ser pelín sádicos regocijarnos en el hecho de que sea nuestra persona la causante de las angustias ajenas, no me digas que no.

Juanen no puede escuchar la expresión primera sin acordarse de esta canción. A mí me …

Olvida La Fabrica.

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Nosotros nunca trabajamos en una fábrica. Alguna vez en algo parecido, pero nunca en la galletera o en la tornillera que era lo que tocaba allá arriba. Pero ahora sí se trabajan 8 o 12 horas seguidas y, definitivamente, nos hemos convertido en puretas. Ya no recordamos cuando vimos Mamen la de Anticuerpos meando detrás de la puerta del Krater, y eso que lo rememoramos entre risas cientos de veces.

Nooooo, a mi padre no me gusta, no.

Java

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Y yo pensaba que Java era una isla, ya ves. Hasta que apareció en mi pantalla un día dando por el saco. ¿Quién eres?
¿Quién te envía?
¿Para qué coño sirves?
¿Desde cuando estás ahí?

Y, te presentas así, a estas horas, con un café humeante que no es para mí.



Usos y costumbres de cama.

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Duermo hecha un ovillo acostada sobre el lado derecho, en el lado derecho de la cama y muy pegada al borde del colchón. No lo hago sobre el izquierdo porque me da ardor de estómago y dolor de corazón.  Sin embargo, amanezco cada día boca arriba con los brazos estirados sobre la cabeza y las piernas abiertas de par en par.  Postergo la hora de irme a la cama, y eso que casi siempre es el mejor momento del día, a no ser que haya sido un día espléndido, cosa que pasa poco.  Levantarme de la cama, por el contrario, me cuesta un triunfo da igual la hora que sea, yo no me quiero levantar. 

De joven soñaba con dormir abrazada a otro cuerpo, ahora me gusta dormir suelta y sola a poder ser. Bueno, venga, pero si me vas a abrazar, que sea por detrás.  Mi cama no tiene cabecero porque hace 3 años lo arranqué a golpes en un ataque de furia difícilmente justificable. De aquello me queda una cicatriz muy fea en una pierna y una habitación que, según mi hermana, parece de un piso de alquiler.  No quito el…