miércoles, 28 de enero de 2009

Cosas que me gustan mucho y hago poco: el vermú

El vermú, qué gran bebida, qué gran costumbre, qué buen momento del día. Porque vermú es todo eso y más.
Y lo hago bien poco, con lo que me gusta. Lo bebo poco, y lo vivo poco. Pero cuando me lío, me lío.
Me gusta levantarme no muy tarde, dejar el cocido preparado, ducharme y pintarme el ojo. Coger el coche e ir hasta el pueblo de al lado. Allí viven mis primos, los reyes de la noche. Si hay suerte y no llegamos muy tarde puede que aun no se hayan recogido. Pero si no, da igual, porque su hermana, la reina del vermú, sale a cogerles el relevo. El caso es que llegue a la hora que llegue tengo un primo o dos dispuestos a darme de beber. Y el resultado es siempre el mismo: me toca volver a casa por el camino del río, a las 6 de la tarde y como un cesto; y el cocido se queda para comer el lunes. La siesta correspondiente es gloriosa.
Recuerdo grandes vermús en mi vida, siempre ligados al exceso: panzadas de gusanitos, gominolas y mosto en el casino de Sinfo cuando era pequeña. Gambas cocidas a tuti plen con cocacola, con mi madrina en la preadolescencia. Zuritos reconstituyentes hasta espantar la resaca en las fiestas del pueblo, en la postadolescencia. Aun recuerdo el susto que se llevó mi amiga Marian la cazallera cuando le dije que habíamos quedado a tomar el vermú: "quillaaaa, y yo me tengo que bebé esooo, ca mi no me guhhhtaaa, yo soy má de servesitaaa".
Y es que lo bueno del vermú es que cualquier cosa que quieras tomar está bien vista, el tiempo se detiene: es domingo pero parece sábado, y si lo tomas en sábado el fin de semana se alarga como un chicle (o como un calamar a la romana, para ser más propios).
Un día de estos me cobro lo que me debo y me voy a la Latina como los modernos, a hincharme a mojitos con las chatis, ¿te apuntas?

domingo, 25 de enero de 2009

LITTLE MERMAID


SARATUSTRA.

Pues sí, de adolescente me flipé con la sirenita. Cuando ví su melena roja ondeando baaaajo del maaar, tuve una revelación: yo era pelirroja, y nunca me había dado cuenta. Evidentemente, siempre lo había llevado dentro, pero había nacido en el cuerpo de una morena y ya se sabe, la naturalidad está sobrevalorada, aunque ese lastre mental también me lo sacudí pronto. Tras muchas peleas con mi difunta madre (decir difunta lanzando un beso al cielo), a los 18 exactamente me dejó teñirme el pelo, el mismo día en el que me llevó al bingo. Sorprendentemente, mi primer tinte fue morado (edad jodida, proclamo...), pero enseguida entré en razón y me planté un buen melenón pelirrojo. Y así sigo.
Cuando he tenido crisis chungas siempre he creído ser rubia, por que te da un no-sé-qué que te crees con más derechos y te vienes arriba, te eriges en falso ídolo y exiges que se te idolatre. Sólo diré que en mi última rubiez decidí que no pagaba una copa, y fue muy fácil. Gran actitud, pero al final el ser sintético y verdadero se impone, y mi naturaleza contranatura sale a la luz. Pestañeos, was-was melena roja, es el poder. La Junta debería financiarme los tintes.

jueves, 22 de enero de 2009

CUNETAS II

En comentarios al post anterior, el de las cunitas, Cobain equipara echar una meada a cambiar una rueda. Seguramente es un hombre, ni echar una meada ni cambiar una rueda son asuntos fáciles para una mujer. Y en el caso de la rueda, para un hombre TAMPOCO.La semana pasada pinchamos. Viernes, a punto de llegar a casa. Una empanada para no cocinar, comer y echarnos una rica siesta. Buen plan.
A 3 kilómetros del desvío de la autovía que lleva a mi casa, ptapttpatpa, un ruido raro nos dice que algo no va bien, y antes de que nos de tiempo a elaborar hipótesis, zas, el pinchazo.

Nos arrimamos a la cuenta, buscamos el chaleco amarillo (madre mía, qué color), sacamos los triángulos y, ale maja, vete a ponerlos mientras yo voy sacando la llave. Da pánico caminar por la autovía, nunca lo había hecho y es terrorífico, te sientes indefensa, minúscula y vulnerable. Pongo un triángulo y el otro me lo pego al cuerpo por si acaso. Cada vez que pasa un camión me entra cagantina.

Y mientras tanto, el hombre empieza a sudar. No es tan fácil ¿eh?, oye llamamos al seguro y ya está.
Cómo vamos a llamar al seguro hommmbre, pero si esto se hace en un momento y la grua tarda un montón.
Pasa un momento. Pasa otro y otro y cada vez suda más. Para un coche normal y se bajan dos guardiaciviles. El sudor mana con más fuerza (es el efecto que nos produce la autoridad cuando está cerca)
Buenas, ¿necesitan ayuda?
Pu-e-s-sí, la lla-llave es ma-mala y se dobla sin me-near la tuerca.
La de la guardiacivil es aun peor.
Pues nada, llamen al seguro o lo que quieran, nosotros, si no necesitan nada más, nos vamos.
... Y nos dejan allí, tiraos en una cuneta.
Oye, llamamos al seguro ya o qué. Mira, mientras esperamos nos leemos el jueves y nos comemos la empanada, no puede ser mejor.
Que nohombreno, si esto se tiene que poder, es muy fácil, qué vamos a llamar al seguro ni ná.
Y venga a darle patadas a la llave ya dobladísima. Una llamada providencial de mi cuñao el de michelín, y en un momento se presenta en el kilómetro exacto de la autovía donde estamos tiraos. Saca la llave buena, y tras otro poco de sudar y de cambiar el gato ese tres veces de sitio, por fin cambian la rueda y echamos a andar hacia casa.

Claro, con buena herramienta, ¿ves como no hacía falta llamar al servicio técnico?, y ¿te habrás fijado cómo se hace por si te pasa algún día?
Mira, habiendo profesionales que se dedican a eso, no hay por qué cometer intrusismo, ¿qué necesidad tengo yo de andar sudando y manchandome las manos de grasa?


Amigos, mancharse de grasa y oler a choto no es sexi. No se es menos hombre por reconocer que no se sabe cambiar una rueda, no pasa nada, no te quedas impotente ni te encogen las pelotas.

lunes, 19 de enero de 2009

CUNETAS

Las cunetas son lugares inhóspitos, poblados por latas de redbull apachurradas, cardos borriqueros, plásticos deformes, caracoles secos, y toda clase de objetos insólitos. Son lugares siniestros, parecen hechas para ser el escenario de una tragedia.

domingo, 18 de enero de 2009

Eugenio

En mi pueblo los pastores gastan la siguiente equipación:
Una manta buena, una cayada, fiambrera con torresnos, y una bota de vino corriente. Y, si se es de cierta categoría, un burro o una mula, y un transistor.
Precisamente por ser un pastor de categoría y tener radio desde casi siempre, Eugenio se ha ganado una sección en "A vivir que son dos días". Sí, una sección para el solito en una radio nacional, y no cualquier radio ni cualquier programa.
El caso es que un día se abrieron los teléfonos para no se qué, y Eugenio ni corto ni perezoso (porque no es ni lo uno ni lo otro) llamó para dar su opinión. Y, oye, lo hizo con tal desparapajo y resolución, que Montse, la presentadora, le pidió permiso para llamarle de vez en cuando.
Ahora todos los domingos Monste llama a Eugenio en riguroso directo y comentan la actualidad, o Eugenio le cuenta cosas de la vida en el pueblo a Monste y a sus leídos invitados.
-Buenos días Eugenio
-Qué tal Monste, maja
Y así charlan de lo humano y lo divino y, la verdad, a mí me da mucho gusto escucharle.

Hoy Montse le ha preguntado a Eugenio cómo había amanecido el día en el pueblo, y Eugenio le ha dicho que el día estaba mimoso y criador.
Yo le he entendido, o eso creo, pero no tengo mucho mérito porque nací aquí al lado y paso muchas horas bajo el mismo cielo que Eugenio el pastor. Pero me pregunto qué habrá entendido un señor de Murcia que nunca ha visto amanecer una mañana de domingo de enero aquí, en el páramo. O qué siente cada domingo al escuchar en la radio el nombre de su pueblo mi tía la soltera, que vive en Plama desde hace mil años y no se acueda del ruido que hace un rebaño cuando el pastor le lleva de vuelta al aprisco.

peligros del mar... y del nudismo

SARATUSTRA.

me siento en la necesidad de compartir otra de mis numerosas experiencias al borde de la muerte. en este caso, estaba de fin de semana en un pueblecito de santander con mis amigas Verónica y Lucía. En este pueblo, de cuyo nombre no consigo acordarme, hay una playa tan chiquetita que el baywatcher iba a ratines y, por supuesto, cuando fuimos nosotras no había absolutamente nadie... la soledad, en términos estivales, significa sacarse fuera el tetamen; no me digas por qué, porque por mucho que digan algunas NO es cómodo llevarlas colganderas. el caso es que Lucía sufría de uno de sus ataques de jipismo y, con gran habilidad, se fabricó unos trastos para hacer malabares con arroz y calcetines. Dado el gran aprecio que siento por mi nariz, opté por alejarme de las bolas volanderas y acompañar a Vero a nadar... ay peligroso mar del norte! ay traicionero! en 5 minutos, no hacíamos pie y no éramos capaces de volver a la playa. nadábamos con todas nuestras fuerzas, alimentando nuestra angustia la una en la cara de la otra, luchando contra un agua que no se entendía de lo tranquilo que parecía. conseguí clavar un pie en el fondo y en 20 minutos llegamos a la playa, donde las lolas de Lucía acompañaban los movimientos de las pelotitas de arroz como si nada, ajenas a la tragedia. Mira que se lo explicamos con gesto desencajado, y creo que no llegó a entender que realmente nos habíamos visto muertas. Por cierto, le preguntaré a Verónica, pero creo que ir sin bikini no ayudó con la resistencia del agua. Creo que mis descomunales tetas estuvieron a punto de llevarme a la tumba.

jueves, 15 de enero de 2009

PROVINCIANAS

Anda, anda, mirad cómo han empezado el año las gandulas de las Provincianas:

Y Dios pobló la Tierra con espinacas, coliflores, brócolis y todo tipo de vegetales para que el Hombre y la Mujer pudieran alimentarse y llevar una vida sana...
Y Satanás creó a McDonald's, y McDonald's creó el Big Mac.
Y Satanás dijo al Hombre: "¿lo quieres con patatas y Coca-Cola?"
Y el Hombre dijo: "Sí, y en tamaño grande".
Y el Hombre engordó...
Y Dios dijo:"Haya yogur para que la mujer conserve la silueta que he creado con la costilla del hombre"
Y Satanás creó el chocolate.
Y la Mujer engordó...
Y Dios creó las ensaladas y el aceite de oliva.
Y vió que era bueno...
Y Satanás hizo el helado.
Y la Mujer engordó...
Y Dios dijo:"Os he dado frutas en abundancia que os servirán de alimento"
Y Satanás inventó los huevos con chorizo.
Y el Hombre engordó y su colesterol malo se fue por las nubes.
Y creó Dios las zapatillas deportivas y el Hombre decidió correr para perder los kilos de más.
Y Satanás concibió la televisión por satélite.
Y agregó el mando a distancia para qué el Hombre no tuviese que cambiar de canal con el sudor de su frente.
Y el Hombre aumentó de peso.
Y Satanás dijo a la Mujer: "Son apetecibles a la vista del Hombre unos aperitivos"
Y la Mujer le acercó al hombre patatitas fritas, aceitunas, galletitas saladas, cortezas, queso y una cervecita.
Y el Hombre, aferrado al mando a distancia, comió los aperitivos, que eran abundantes en colesterol.
Y Satanás vió que era bueno...
Y el Hombre llegó a tener las coronarias obstruidas.
Y dijo Dios:"No es bueno que el hombre tenga un infarto"
Y entonces creó el cateterismo y la cirugía cardio-vasclar y las unidades coronarias.
Y Satanás creó...la Seguridad Social.
Y dijo Dios:"¡anda y que os den por c... a todos!"
Y en eso andamos....

Y si queréis más de Provincianas in the Capy: http://www.provincianas.blogspot.com/

miércoles, 14 de enero de 2009

Pero vamos a ver, ¿el fútbol no era los domingos?. Joder, es que ahora cualquier día es bueno para dar el coñññazo. Y encima las pelis de Jacki Chan parece que las regalan oye, que no habrá pelis buenas pa poner un día cualquiera, pues no; si no es el chino este que se descojona en pleno momento dramático, es el Vandam ese que parece que le han metido una vara por el culo y no le han explicao lo que es un guión. Y del Estiven Sigal ni hablamos... oissss. Encima se ha muerto el Duque y mañana no me podré vengar de mi marido... Mira que si me falla el ruter me voy a la cama sin cenar eh.
Perdonen las disculpas, ya se que debo desintoxicarme de la tele, pero todo a la vez no puede ser: comer menos, fumar menos, salir menos... menos mal que chingar es más (disculpen otra vez)

domingo, 11 de enero de 2009

Fin de fiesta

Se apagan las luces, y cuando sales las de verdad llevan rato encendidas.
La mentira se viene abajo y deja paso al firme asfalto mojado por la lluvia, es lo único que queda de brillante en la cuidad.

Sin embargo, la sensación de irrealidad es tan palpable como tu mal sabor de boca.

Tras intentar dormir junto a un cuerpo aun caliente, la ducha parece reparar todos los males. Pero al caer de nuevo la noche, te sobreviene la nostalgia. Nostalgia de no se sabe bien qué, es algo así como echar de menos a un desconocido con el que apenas cruzaste dos palabras; nostalgia de la euforia de una canción que podrás escuchar siempre que quieras, pero que ya no será igual; nostalgia de esa charla banal e intensa, sin sentido pero con sentimiento, irrepetible.
Entonces quisieras haber prolongado lo improlongable, haber exprimido lo inexprimible... o te arrepientes de haber desatado de nuevo a la fiera, que ahora deberá volver a su ser de manso gatito que se alimenta de wiskas y ronronea en el regazo de la vida diaria. Sin maullar muy alto.

Delirios de luna llena al fin.
Ah, y que quede bien clarito: no me gustan los gatos, la luna me tiene un poco harta, y la mezcla de las dos cosas apesta... pero la noche ha salido así y hoy me toca resignarme. Ya me resistiré mañana si es menester.