viernes, 29 de febrero de 2008

Experiencia Nipona

Qué experiencia. Mi compañera Patricia me ha invitado a comer, tiene de inquilina a una japonesa de 20 años que no habla ni papa y hoy ha llevado a sus amiguitas.

Nada más entrar en la casa he pensado en una peli de agua con pelos, no he podido evitar cierta inquietud ante tanta juventud japo. Pero se me ha pasado en cuanto las he visto a las 3 dando saltitos y diciendo "grachias, grachiasss", al parecer lo único que sabían decir sin su máquina traductora. Impresionante la tecnología nipona: cada una llevaba su microportátil-traductor y su microcámara digital, blandian ambos artefactos a diestro y siniestro. Iban vestidas con falditas y zapatitos, y camisitas y horquillitas... tan monas. No paraban de reir y de dar las gracias compulsivamente... me cuesta muchos describirlo sin gestos, era como si se hicieran pis o estubieran nerviosas, o las dos cosas a la vez.

Patricia se ha currado una fideuá esquisita, y no os podéis imaginar la ovación de las tres japonesitas... hacen unos ruiditos muy raros, hooooo, groooooo, woooo. Les ha encantado el pan lecuguino, le hacían fotos a todo continuamente. Traducían preguntas con su maquinita infernal y decían cosas como " estamos muy apetitosas". El momento culmen ha llegado con el postre, los sonidos de la gama de los grhwooo han alcanzado su máxima expresión, hacían más fotos y minireverencias mientras la anfitriona nos servía.

No he podido parar de reirme a carcajada durante toda la comida, espero que no les haya parecido mal. Me ha encantado la experiencia, ha sido como comer con Pikachu, Tamagochi y Hello Kittie. Divertidísimo, si señor.

Los japos ya me sorprendieron cuando paseé por Londres, de todo el personal raro que se ve por esas calles ellos eran lo más. Pero éstas niñas me han dejado impresionada, quiero saber más de esa gente que está tan lejos en todos los sentidos, son otra raza: emiten sonidos desconocidos, se mueven de forma distinta... Quisiera conocer más japoneses, y puede que por fin me anime a leer la novela de Gengi.

Gracias Patricia por abrir las ventanas de tu casa al mundo (y por la fideuá).

jueves, 28 de febrero de 2008

Sin noticias de Elmosqui

No se si hizo la mili en Ceuta o si se afilió a las juventudes del PP, pero ésta mañana me he despertado recordando una cosa:
Se presentó al concurso de break-dance de Tokata (¿recodáis Tokata o sois ya de la Quinta Marcha?) No ganó, pero vivió su minuto de gloria.
Prometo manteneros informados si vuelvo a saber de él, no vayáis a pensar que vuestras respuestas a las encuestas caen en saco roto...

martes, 26 de febrero de 2008

ALMENDROS

Ya estamos, se han vuelto a adelantar. Ya les han salido las flores. Ya huelen las calles si eres de olfato fino como yo.



Llevaba viéndolos 3 días por la autovía de camino a mi casa, pero hoy he cruzado el puente andando y los he olido...mmm....
En Sevilla olerá a azahar dentro de un mes, pero la belleza efímera y a destiempo de los almendros castellanos no tiene nada que envidiar. No dura casi nada, y da mucha penica cuando se les caen las flores, pero para los que estamos aprendiendo a disfrutar de lo pasajero son una bendición.



Grandes almendros, y no de tamaño, han marcado los febreros de mi vida. Recuerdo algunos en particular: los del Cerro de las Contiendas. Al principio subía con mis rubios vecinos a verlos, incluso algún verano llegamos a comer almendrucos. Ya de más mayor los veía al salir del portal de mi casa, qué bonita era esa montaña antes de que se volviera peligrosa y cara. Me fui a tiempo del barrio.

Otro almendro insigne es el que hace esquina en la mansión del señor Gabarrón, también en mi barrio. Ese se ve desde el autobús 3 y es de los primeros en florecer. Resiste como un campeón al acoso del asfalto y al gusto por la ornamentación floral de los vecinos.

Los que hay debajo del puente también me gustan, porque no se ven mucho pero huelen a gloria. Aromatizaban muy bien mis carreras de adolescente tratando de llegar a casa a la hora y, si hacía bueno, algún que otro revolcón clandestino.

Me acuerdo mucho de los cerezos de Wasington, no eran almendros pero se parecían mucho. Me gustaron porque me resultaban muy muy familiares: en el patio de mi colegio había cerezos chinos, con unas enormes flores rosas. Los de los americanos fueron un regalo del gobierno chino, no se cómo fueron a parar al patio de mi cole.

Cuando me vine a vivir a esta casa que me gusta tanto, en la parte de atrás había un almendro enorme. Mi abuelo siempre me decía lo mismo en invierno: "como llueva mucho y el río de en crecer vais a tener que brincar al almendro pa no ahogaros"; y en verano me preguntaba "¿tiene muchos almendrucos el árbol?", yo le contestaba "buuu, como puños abuelo, está llenito", entonces él me decía "cómo no cogéis unos pocos", y yo "es que no alcanzamos con la reja". Entonces, si tenía ganas de hablar me contaba que de pequeño él tenía una vara mu larga pa cogerlos, y si no tenía ganas de palique entonces decía "bah, seguro que están amargos como la hiel".
Hoy el almendro ya no está, pero se que si el río se desborda ya encontraré dónde subirme.

No llores coño.

domingo, 24 de febrero de 2008

CHARQUITOS

De pequeño, ¿no estabas deseando que lloviera un poco para ponerte las catiuscas (en mi cole todo el mundo las llamaba cachuscas) y lanzarte a la calle a salpicar? Dice el gran Chico Ocaña que el que va mirando al suelo tiene que esperar a que llueva para verse la cara (lo dice con mucho más arte que yo claro). Y decía uno de los delinqüentes que en invierno usaba chanclas, que no tenía más que ver que los charquitos de la calle cuando termina de llover.

Hoy ha llovido un poco. Mañana, aunque sea lunes ponte las cachuscas y alza la cara al cielo; la cara guapa se la ve uno mejor en los ojos de los otros que en los charquitos de la calle.

El grabado es de Escher, por lo visto le gustaba mirarse la cara en los charcos y en las bolas de cristal. No se si usaba chanclas en invierno, pero si hubiera usado colores para sus obras a lo mejor en este grabado se vería el arcoiris que hacen las manchas de aceite de los coches en los charcos.

Cachuscas, charcos, coches, Escher, chanclas... jaaa, cuantas ches chacho

Si, si ,si, nos vamos a París!!!


Vivo como una reina, lo se. Ya vendrán tiempos peores... o no.
Nos vamos a París.
¿Alguna recomendación?
Estimados feonautas viajados, espero vuestras propuestas.

sábado, 23 de febrero de 2008

PACO ESPINOSA, o como comer marisco rebueno en plena castilla.

Cuando a uno le inflan la expectativa, da igual que sea una peli, un restaurante o un libro, es difícil salir satisfecho. Bien, pues no es el caso.

Mi cuñao el de la Vitoria me lo dijo: "impresionante hijo, esssagerao"; y mi cuñao el de Seur lo confirmó: es el único sitio de la ciudad donde encargan el marisco a diario desde Galicia vía urgente. Mis compañeras de curro presumen de que sus novios las llevan a cenar allí, y mi madre lo critica porque es caro y se ha puesto de moda. Con semejantes referencias había que probarlo.

Lo habíamos intentado varias veces, pero nunca pillábamos mesa. Por fin hoy ha llegado la hora y si, ha merecido la pena.

El local es agradabilisimo. Salón pequeñito y muy limpio, se puede fumar pero el ambiente no está nada cargado. Pocas mesas, y las grandes redondas. Discretos y alegres grabados en las paredes y muebles de madera modernitos. Lo mejor, la cava, una pared acristalada a través de la que se ven todas las botellas colocaditas unas al lado de otras. Los manteles blancos y almidonados (no la servilleta, estaba un poco sobada si nos ponemos tiquismiquis), la vajilla blanca y sencilla, sin florituras. Las copas bien grandes, no muy finas pero grandes; y el toque alegre en el vaso de agua: enorme y grabado con formas geométricas.

Los camareros todos discretos y agradables, como del barrio. Mención aparte merece el jefe de sala, Paco Espinosa en persona: clásico camarero con voz de cazallero que te trata como si te hubieras corrido una juega con él la semana pasada y supiera exactamente lo que quieres comer. Yo soy de las que se dejan hacer, así que he seguido sus recomendaciones al pie de la letra y he quedado infinitamente satisfecha. Muy bueno, si señor, un clásico de la hostelería española.

La música pasa desapercibida, lo cual es buena señal: ni rastro del inefable Kenny G, a Dios gracias.

La carta no es muy amplia, pero tiene cosas bien ricas. Muy pocos entrantes, mariscos variados, pescados (besugo, lubina salvaje, mero, rape, rodaballo...) y algo de carne (solomillo y chuletón básicamente). La carta de postres ni la he visto, directamente he tomado lo que me ha traído el camarerocazallero, ya os he dicho que me he dejado hacer. De los vinos no digo nada porque no entiendo, hemos tomado un blanco de Rueda bien frío (con su cacharrico pa enfriar, que da mucho caché) y nos hemos trincado la botella entera así que creo recordar que estaba muy rico (una botella de blanco a caracan pa dos es buena medida, eh).

Cantidades las justas, pa quedarse agusto con un par de entrantes y un pescado por barba: tres cuartos de hora rechupeteando cascarillas (ay que rrrricasss) y luego un pez muy bien cocinado, pero que muy bien. Y tras el postre, con el café, te invitan a un chupito, el señor Espinosa se hace cargo de la posible multa si ésta se produce en la media hora siguiente, o al menos eso asegura el camarerocazallero.

Espero tener algo que celebrar muy pronto para poder repetir, y si puede ser en una mesa redonda con bien de gente, mejor.

Busca una escusa y date un homenaje. Buen provecho amigos.

martes, 19 de febrero de 2008

Sacudir los colchones


¿Nunca te has preguntado por qué las cosas pasan todas juntas?, ¿por qué cuando tienes novio ligas más?, ¿por que en un mismo fin de semana te surgen 3 planes?, ¿por qué las oportunidades se presentan todas a la vez?

¿Has probado a abrir una ventana de par en par en tu casa? Si, corre el aire. Pero si además abres una rendija de otra ventana o de una puerta, entonces se forma una corriente que ventila la casa de verdad; puede haber portazos, pero la cosa se renueva.

Esta primavera hay que sacudir los colchones amigos, no sea que haya un guisante y no nos hayamos enterado. Abriendo puertas, si, abriendo puertas.

lunes, 18 de febrero de 2008

¿Hace mucho que no vas de concierto?

Qué tiempos aquellos.
Ir a la Luna entre semana (de venta en pub la Luna o discos Foxi, jaja), tomarse una cervecita y comprar las entradas. Grabar un par de cintas con toda la discografía pa quemarlas durante la semana en el walkman de camino a clase, había que aprenderse todas las letras pa ser de los que más gritan en el concierto.
Por fin viernes. Conseguir prestado un coche, qué emoción. Elegir camiseta y cargar doble de desodorante. Hacer calimotxo en el aparcamiento pa calentar motores y ale, padentro a desgañitarse. Un rato en primera fila y, al borde de la deshidratación (en algunos casos en el borde pero por dentro), retirada a la barra en busca de unos cachis.

Hace mucho mucho tiempo eh?


Pues ya iba siendo hora coñe.
Como en los viejos tiempos de los conciertazos jevirulos en la Komplot de Zaratán, pero ésta vez en elegaaaaante, que nos hacemos mayores (que no viejunos).
Y es que pa elegante este señor: Muchachito Bombo Infierno, ¿no lo has escuchao?, pues ¿qué has estado haciendo últimamente?. Ponte tu camiseta molona de los conciertos, grabate una cinta pal coche para aprenderte las canciones y compra las entradas ya que seguro se agotan. Yo no me lo pierrrrrdo, el fulano es pura energy en el escenario, eso si es amacing y no los mocetes de fama. Sábado 8 a las 22, Zaratán City.

Si tu no me hubieras tirado la nevera yo jamás te habría tirado el molinillo de café, oe oe oeoeoe.

domingo, 17 de febrero de 2008

PRIMOS

¿Hace mucho que no ves a tus primos? ¿Los conoces a todos? ¿No tienes primos?

Si tienes primos entonces seguro que sabes lo que mola tener primos.
Son de la familia, aunque no es obligatorio quererlos. Pero los quieres. Algunos son además tus amigos.

Si te los encuentras y hace muchos años que no les ves te da mucha alegría. De repente te trasladas a la infancia y recuerdas cosas que tenías enterradas en la memoria, puedes pasar un buen rato.

Yo tengo muchos primos, algunos son mis amigos. Otros son solo mis primos. Incluso hay alguno que me cae mal. También hay otros cuantos que no conozco. Todos me devuelven un trozo de memoria perdida, incluso aquellos con los que no compartí la infancia, y, de alguna manera, también los que no conozco. Todos se parecen a alguien, o saben algo que nunca te han contado, recuerdan una anécdota, o qué se yo, serán los genes o eso que llaman la llamada de la sangre.

También me gustan los primos de mis amigos, e incluso los primos de mis primos. Los primos, los primates, los primastros.

jueves, 14 de febrero de 2008

RANARIO


Si supiera pondría aquí un link a la entrada en la que cuento de mi viaje a Costarica.

Os hablé de los pájaros, pero no de las ranas.

Hay muchas ranas.

Las hay transparentes, es muy dificil verlas.

Las hay arbóreas, hacen un ruido ensordecedor.

Las hay nocturnas, las hay diurnas. Algunas brillan en la oscuridad.

Hay una que tiene corona, de verdad.

Hay otras que hablan, dicen "to-tó", y si les hablas te contestan: "to-tó".

Las hay minúsculas, las hay mayúsculas (esas se llaman sapos, como el que se comió mi madre el día que le dije que me casaba por la iglesia).

Hay otras que llevan pantalones, blue yeans.

Hay muchas ranas.



También ví luciérnagas, otro día os cuento.


RENCUENTOS

Salta la rana brilla la luna
por la ventana una aceituna eres tú,
por tus huesos voy, eres tú
Me tiraste un limón y me diste en to la frente
son las cosas del amor esa estrella reluciente
Las cosas que yo sé las sabe un tonto cualquiera
mi corazón va solito por la carretera *

Salta, Salta salta la rana mientras salta canta esta Canción recuerda, recuerda recuerda la letra solo dice ¡Ay, corazón!

Échate un cantecito por el camino de hierro
que se te estire la cara y se endulce el cuerpo

Échate un cantecito con el corazón
las penas en la sombra la alegría en SOL mayor.

Por la ventana brilla la luna
salta en el agua una aceituna
salta la rana, brilla la luna
por la ventana una aceituna eres tú.

sábado, 9 de febrero de 2008

LA SEMANA DEL AMOR

Alberta va en busca del amor
Una bonita ilustración y una historia un poco ñoña, pero tiene su gracia oye.
¿Es que nadie se acuerda de la plaga de topillos que nos asoló éste verano? En mi jardín todavía se aprecian los surcos que el amor de estos bichos nos dejó. Y es que, como bien dijo J. J. en su inmensa sabiduría, los topillos solo tienen dos precocupaciones en la vida: comer y chingar. Preocupaciones que, en ultima instancia, se ven reducidas a una sola: ¿qué hacer primero?, ¿comer o chingar?, ¿chingar o comer?
Todo esto lo descubrió Alberta el primer día de primavera. De buena mañana Mamá Topillo le explicó qué eran la primavera y el amor, y ella salió de su hura dispuesta a disfrutar de la primera y a encontrar al segundo.
Y es que uno puede salir dispuesto a encontrar el amor, pero no se sabe cuando el amor le va a encontrar a uno.


Mi vecina está enamorada
Y puede que sea porque a mi el primer amor (o el segundo, ya no me acuerdo) me sorprendió espiando a mi vecino por la ventana, pero este librito me ha enamorado. Muy bonito, y muy redondo.
Cómo me gustan los circulitos últimamente.
Así que ale. Si el amor no te ha encontrado todavía, asómate a la ventana y vuelve a mirar a tu vecina; y si ya hace tiempo que te encontró, lánzate a llenar el jardín de surcos que la primavera está a la vuelta de la esquina.
Feliz semana del amor amiguitos.

viernes, 8 de febrero de 2008

HORTERAS DE BOLERA II


SARATUSTRA.


he tardado, pero ha sido por la humillación. viendo el montaje fotográfico que, valga la redundancia, se montó mi marido, podréis haceros una idea de lo terriblemente descorazonadora que fue la derrota. una tarde entera calentando, insultando, recreándonos en la visualización de un triunfo seguro, para luego palmar como dos gilipollas.

en nuestro nuevo propósito, que bien hubiera podido ser inspirado por el ilustrísimo alcalde the Lyon King y su Vallanoche de los cojones, de divertirnos sanamente cuan jóvenes catequistas, decidimos darnos a lo más cercano al deporte que vamos a practicar jamás: el bowling, for colombine, for you and for me. nada más lejos... sus buenos copazos y, como ya describiera iza, ese espíritu de discoteca de nave industrial, me inspiraban degenerar. Y eso que, para meterme en el papel, me había vestido un poco de la niña esa cursi de grease que siempre iba con coleta y que al final se enrolla con aquel estupendo Lorenzo Lamas oxigenado, ¡cuánto candor había en esa coleta! pero esas tetazas no auguraban nada cándido... bueno, que divago (como Alex). La próxima, me temo, el PaintBall en Aldeamayor... sólo diré una cosa: ¡¡¡BOLO ROJO, BOLO ROJOOO!!!

miércoles, 6 de febrero de 2008

PIRICUCHOS, capítulo II

Aunque Elmosqui va ganando por goleada, no me resisto a contaros un par de cosas más de los Piricuchos. La familia es la familia...

Por aquél entonces mi abuelo era el alcalde del pueblo, así que todo lo que pasó lo se de buena tinta y, aunque él ya no está aquí para confirmar los detalles, si mal no recuerdo los acontecimientos se desarrollaron así:

Por imposición de alguna ley agraria del franquismo que desconozco, en aquellos años dejar una tierra sin cosechar era delito, así que las autoridades pertinentes tomaron cartas en el asunto. Los hombres del pueblo se hicieron cargo de recoger la cebada y la almacenaron en el baile (el local comunal que se usaba para las verbenas en las fiestas). La guardia civil se ocupó de la venta y los beneficios fueron a dar a las arcas del estado.

No se muy bien qué pasó después, ya he dicho que mi abuelo no está para preguntarle. Se que el piricucho murió poco después, puede que de rabia. La piricucha mayor también murió al cabo de un par de años, puede que de pena.

Pero la piricucha pequeña duró mucho más. Tanto que yo una vez creí verla a través de los visillos de su ventana. Su sobrina siguió llevándole la comida pero nadie entró nunca en la casa. Decían que había perdido la cabeza, y que se pasaba el día con la radio puesta; se había enamorado perdidamente de Luis del Olmo y esperaba que un día viniera a buscarla. Por el pueblo se contaban y se cuentan toda clase de historias siniestras.

Yo no soy muy mayor y no he hecho mucha vida en Villón, pero aun recuerdo que, en las noches de verano, el mejor juego era ir a casa de las piricuchas. La parte de atrás estaba casi derruida y jugabamos a ver quién era el que se atrevía a colarse, a ver quién era capaz de pasar de la cuadra. Los que osaban salían con los ojos vueltos, y algunos aseguraban que aun olía al cadaver de la yegua. Otros juraban que en las noches que no había viento, si escuchabas con atención, podías oir los lamentos de la piricucha suspirando por Luis del Olmo... o por quién sabe qué.
Las unicas que nunca quisieron acercarse a la casa eran las hijas de la sobrina que le llevaba la comida. No querían hablar del asunto con nadie y evitaban pasar por la calle donde estaba la casa.

Hace unos años la piricucha murió. Al entierro fua muy poca gente. Hoy la casa está casi hundida, y los niños siguen yendo en las noches de verano. Dicen que los lamentos aun se escuchan si no hace viento y prestas atención, y si la noche es calurosa huele al cadaver de la yegua. Los niños todavía gritan ¡¡¡piricuchos, piricuchos!!! para auyentar el escalofrío.

lunes, 4 de febrero de 2008

CAJAS


SARATUSTRA.


A veces necesitamos pruebas, pruebas de que estamos aquí y que se nos quiere, porque somos unos descreídos. Los montones son pruebas, a mí los montones me gustan. Una tipa de la tele dijo una vez: quien no es capaz de ordenar sus bragas, no será capaz de ordenar su alma. A veces yo también los miro y siento mucha angustia, los miro con impotencia y escucho que me ruegan que los encierre en cajas, porque con tanta luz no pueden dormir, y ya se sabe lo puñeteros que son los montones que no descansan. Les hago caso, y de pronto me quedo sin pruebas: ¿y ahora cómo voy a volver a inventarme todo lo que se ha ido? Ya no puedo tocar lo que construyo, y les quito la tapa de la caja para que me inunden la vida, pero la verdad es que los montones tienen el sueño bastante pesado. Una tipa de mi vida dijo una vez: no hemos llegado a ser amigas del todo porque no hablamos en serio, siempre nos vemos borrachas o rodeadas de gente. Si hubiéramos estado solas, le habría dado una torta con bien de ganas. Yo tendré las bragas revueltas, pero tu caja nunca ha tenido tapa, si no estás despierta es porque eres una ceporra.

domingo, 3 de febrero de 2008

PIRICUCHAS, capítulo primero.

Luego no me preguntéis si esto es verídico, yo no tengo tanta imaginación, si la tuviera ya tendriais noticia de mis publicaciones o de mi triunfo en la narración escénica.
Los Piricuchos existieron, aun hay gente viva que los conoció.

Eran dos hermanas y un hermano, de los ricos del pueblo. Bueno, puede que no fueran tan ricos, pero les gustaba gastarse la cosecha en cosas bonitas. Los tres eran solteros. No tenían más parientes en el pueblo que una sobrina segunda. Habían heredado la casa y las tierras de un tío que estaba en Oviedo de cura, en un buen puesto decían.

La Piricucha mayor se encargaba de las tareas del hogar. El Piricucho varón se ocupaba de la labranza y de atender a la yegua.
La Piricucha pequeña no parecía del pueblo. Dicen que tenía libros en casa y que por las noches leía a la luz de un candil. No compraba a los vendedores ambulantes ni donde Sinfo, el tendero. A ella le gustaba bajar a la capital. Una vez a la semana se calzaba sus medias de seda, se ponía un refinado sombrero de fieltro y unos guantes, en invierno de piel y en verano de algodón. Montaba en Piruli, el coche de línea, y compraba pescadilla y naranjas en el mercado del Val. Almorzaba en casa de una tía que vivía en el centro de la ciudad, tomaba café en el Norte y regresaba a Villón en Piruli al caer la tarde. A veces le acompañaba el Piricucho, cuando había que comprar simiente o mineral. No le gustaba hacerlo en Rioseco, donde lo hacían los del pueblo, prefería tratar con los señoritos de la capital que traían adelantos.

Siempre fueron el blanco perfecto para las críticas y chismorreos de los del pueblo, pero todo se complicó con la llegada a Villón de un cura nuevo. Los recelos y los rencores guardados en los sobraos de las casas durante años vieron entonces el momento de salir a la luz, y lo que empezó con inofensivos cotilleos terminó por convertirse en la siniestra historia que aun hoy se cuenta en las modernas calles del Villón actual.

Las Piricuchas eran muy beatas, les venía de familia por lo visto. La más jóven de las dos siempre llegaba a la iglesia un poco antes de que empezase la misa. La más mayor se quedaba un rato al terminar. El Piricucho llegaba con la mayor y se marchaba con la pequeña, durante la misa se ponía en la última fila y de pie, como los hombres. Ninguno de los tres perdía ripio de los elegantes movimientos del sacerdote.

Aquél invierno fue muy frío, las heladas duraron hasta bien entrado el mes de marzo. Sin previo aviso, al empezar la primavera el ovispado decidió cambiar al cura de Villón de un día para otro. Así, el primer domingo que no heló, la Piricucha más jóven se encontró con la sacristía cerrada al llegar a la iglesia. Las vecinas que vivían cerca dijeron después que, tras eperar un rato inquieta y ver llegar al nuevo cura, muy digna, se atusó la mantilla y se fue a casa por donde había venido, ante la mirada atónita de los primeros feligreses que ya esperaban a la puerta del templo.

Ninguno de los otros dos Piricuchos faltaron a misa ese domingo. Pero ese fue el último. Al terminar la ceremonia, en la que el nuevo cura no dio ninguna explicación acerca del cambio repentino, los dos hermanos salieron agarrados del brazo entre la gente. Pero los habituales comentarios por lo bajini fueron subiendo de tono hasta hacerse audibles por los dos hermanos que, avergonzados, con la cabeza gacha y sin mediar palabra volvieron a su casa.

Al domingo siguiente ninguno de los hermanos apareció por la iglesia, ni antes ni durante ni después de la misa. Nadie había visto a ninguno de ellos durante la semana. Ni al Piricucho en la alberca con la yegua, ni a la Piricucha pequeña esperando a Piruli para bajar a la capital, ni a la Piricucha mayor en el corral aventando los colchones. El pórtico de la iglesia era un hervidero de opiniones, a duras penas pudieron los habitantes de Villón dejar de cuchichear durante el culto y, ya a la salida los susurros estallaron en encendidas conversaciones.

Los días fueron pasando, y los Piricuchos no daban muestras de reanudar su vida normal. La puerta de su casa seguía cerrada a cal y canto. Los visillos de las ventanas parecían más tupidos que nunca, no se apreciaban movimientos.

Al cabo de un par de semanas, la sobrina segunda se atrevió a llamar a la puerta, no hubo respuesta.

Los días eran más largos, y con la llegada del buen tiempo los niños salían por la tarde a jugar. Jugando cerca de la alberca fue cómo descubrieron que el Piricucho salía al anochecer a coger agua para la yegua. Al principio solo le espiaban, pero pronto cambiaron las visitas al huerto del señor Sinfo para robar berzas por la lluvia de piedras e insultos al Piricucho. ¡¡¡Piricucho, piricucho, piricucho!!! Así hasta que el Piricucho dejó de ir a la alberca.

Tras 15 o 16 de días de insistir, la puerta de la casa de los Piricuchos se abrió para la sobrina. No se atrevío a pasar, llamó a sus tíos y nadie respondió en la oscuridad, así que dejó la cesta con huevos y la lechera y se dió media vuelta. Las visitas se hicieron habituales. También las de los niños del pueblo que empezaron a contar todo tipo de historias: que si la Piricucha pequeña salía por las noches desnuda al corral, que si el Piricucho tal..., se juntanban en la puerta en las noches de buen tiempo y gritaban "¡¡¡piricuchos, piricuchos, piricuchos!!!".

Los días seguían creciendo y las tareas del campo arreciaban. Se acercaba el momento de la cosecha, ¿qué pasaría con las tierras de los piricuhos?. Seguro que pa eso si sale el hijoputa, comentaban los hombres en las eras. Ya le arrearán las zorras de las hermanas pa que se avíe, menudas son.

Pero una mañana la sobrina dió la voz de alarma, la yegua de los piricuchos se les había muerto en la cuadra y se negaban a abrir la trasera del corral para sacar el cadaver putrefacto del animal. Estaba claro que la cosecha se iba a quedar sin recoger, había que hacer algo, el alcalde tenía que tomar cartas en el asunto o llamar a la guardia civil o algo...

La historia de los Piricuchos tal y como a mi me la contaron estaba a punto de empezar. Todavía hoy se especula sobre lo que pasó después, y todavía los niños merodean por la casa cantando ¡¡¡piricuchos, piricuchos, piricuchos!!!

sábado, 2 de febrero de 2008

LA VIDA SE ME AMONTONA

Montones. Aparecen por doquier en cuanto me descuido.
Montones de libros por todas partes, montones de pelos en la bañera. Que asco. Montones de ropa en el dormitorio, montones de preguntas sin respuesta, montones de respuestas que no me gustan. Montones de tareas pendientes, montones de olvidos y olvidados.
Montones.
Montones.
Montones.
Y es que a veces la vida se me amontona.
Están por los rincones y van creciendo mientras pasan desapercibidos. Pero una noche, de camino a casa después de una semana de trabajo, escuchas una canción en la radio o lees una frase en algún lado, y entonces de repente los ves por todas partes: los libros, los pelos, la ropa, las preguntas, las respuestas, las tareas pendientes, los olvidos y los olvidados.