Madrid era un infierno II

Ya os digo que Madrid era un infierno, no calculamos bien. Habíamos acariciado largamente el deseo de hacer una escapada lúdico cultural, cada uno tenía sus motivos. Unos tenían que trabajar, o querían escapar, otros cansarse muchísmo para descansar, otros ansia viva cultural y otros, simplemente pasear.
La fecha estaba puesta desde hacía meses, quién iba a pensar que éste sería el fin de semana más caluroso del junio más tórrido que se recuerda en lustros. Pero en los museos hay aire y en los bares también, cómo fuera el tránsito de unos a otros a nadie le preocupó.

Dónde queda tu oficina para irte a buscar.

Sabed que el plan ideal para ir a pasar un fin de semana es ir con ganas, y con una pandilla lo suficientemente diversa, curiosa y flexible como para que cada uno pueda mostrar su Madrid particular. 
También es fundamental tener un antojo: empaparse de Picasso, bailar soul hasta el amanecer, comer sesos peruanos, tomar café en el café Gijón o que se lo organicen todo a una sin tener que pensar. Todo, todito se cumplió -facilita la tarea que cada cual se empeñe en el capricho del otro, es más bonito, es mejor-.

Y por el camino descubrimos algunas cosas que, a continuación, paso a enumerar:

Que el tren no espera, no hay necesidad de añadir tensión desde por la mañana (un momento, que falta mi señora)
Que si te llamas Juani y trabajas de limpiadora para un Airbnb, tienes muchas papeletas para creerte que eres un personaje de Almodóvar. Vivimos el Madrid de Almodóvar por un rato, en un bajo y no en un ático, pero sí lo vivimos, sí: recibir a los inquilinos con un "os voy a matar" no sé si está bien o es que es lo que se estila en la capital.
Que si entras en un bar y con la caña te dan muchos cacahuetes sin pedirlos, y no te quieren cobrar hasta que no te vayas, y te instan a sentarte en ese sitio que se está más fresco; a mis amigos los hipersensibles les entra miedo, no sea que te estén queriendo cebar para comerte, como en la casita de chocolate. Te advierto que la caña si no la pides doble no es más que un corto.
Que el café Gijón huele a gamba cocida y a los literatos les gusta comerse los mocos. Y que si vas con ilustradores de lápiz flojo, no hace falta sacar la cámara para esas cosas, que te puedes llevar un torto bien dao.
Que se están muriendo los últimos viejos y nadie nos va a contar que pasó en este país hace muy pocos años. La historia va a quedar enterrada en las cunetas y así nos hay quién se civilice ni nada.

Lee Lozano, bruta como ella sola.
Que Lee Lozano es una mujer y nos gustan mucho sus herramientas desmesuradas.
Que cenar banderillas y patatas fritas, te pongas como te pongas, Riki, no es cenar.
Que, una de dos: o Ramón Gómez de la Serna vivía en una tienda de Zara Home, o la reproducción de su gabiente en el Conde Duque no está muy lograda que digamos. Yo, que soy muy de Ramón, no me creo ese gabinete sin polvo, no señor.
Que para explicar lo que es un bukake es mejor que lo haga el tipo más fino de la pandilla. Y que hay cosas a las que no es necesario darle nombre (¿hacía falta, joder, hacía falta ponerle nombre a eso?)
Que el tequila si no es sunrise, es mejor.
Que no hace falta pedirlo todo, que si ya todos saben cuán caprichosa eres y te soportan, déjalo estar. Que Riki Blanco y mis amigos ahora me gustan más. Más mis amigos, mucho más.
Que si eres taxista, tu coche es una caca y no dominas el callejero, es preferible que disimules, y no pongas la ruta en el móvil y el móvil en el salpicadero, mujer. ¿Quieres que conduzca yo?
Que la resaca en el patio de la casa de Lope de Vega se pasa bien aunque estés de mal humor. 
Que la princesa del escapismo es capaz de parar en un semáforo a comprarse unos zapatos si ve que la cosa se pone mala y con los de cristal no le alcanza para toda la noche. Es capaz de echarse una microsiesta en el sofá decorativo de un antro para resurgir marcándose un baile hilarante entre dos columnas y hacernos reír. Ella es así, cómica y disparatada.

Aprendimos más cosas, algunas ya las hemos olvidado, para poder volver a aprenderlas otra vez.

Madrid era un infierno. Subimos a ver el skyline y fuimos el skyline mismo.



Comentarios

Provinciana ha dicho que…
Pues ojito con el asunto caña y doble, porque si en la Provincia vas y pides una doble, por costumbre y ganas de una buena dosis de birra, haces de cagar.

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