viernes, 15 de enero de 2010

Comida de viejas.

Venga hombre, cómo que no sabes hacerte unas lentejas, no me jodas. ¿Tienes una olla exprés?, ya te he dicho que no es peligrooosa.
Pon las lentejas a remojo, dicen que las de la Armunia son las más ricas pero yo prefiero las pequeñinas. Si has decidido de repente que quieres lentejas tampoco hace falta que estén a remojo mucho rato, como las alubias: ponlas en agua bien caliente y, si las has lavado un poco primero, luego podrás aprovechar ese agua para guisarlas, que tiene mucho sabor.
Lo ideal es que las pongas la noche anterior pero si no, no pasa nada, las tienes más tiempo en la olla y fuera.
Anda, que no era complicado antaño: se extendían las lentejas en una bandeja y había que escogerlas, quitar las negras y buscar cocos (nunca encontré uno). Luego, al ponerlas a remojo había que deshechar las que flotaban (por ellas debían haber pasado los cocos dichosos). Ahora los cocos no existen, y si existen yo me los como y me saben tan ricos...
Bueno, al lío: ahora vierte las lentejas con su agua en la olla, añade tres o cinco dientes de ajo así, sin pelar ni nada. Una zanahoria, una hoja de laurel minúscula (o un trocito de una grande), un puerro entero (o un trozo de cebolla), una patata pequeña si no te gusta comertela luego (dos si te las comes), un trozo de chorizo para cada comensal. Un poco de sal, asegurate de que todo está cubierto de agua, cierra la olla y al fuego. ¿Tiempo?, según la olla, en la mía la medida es que suban las 2 rayas, apagar y dejar, si no las he dejado mucho tiempo a remojo. Si las puse a remojo la noche anterior, dos rayas, retirar y empezar a abrir escotillas.
De todas formas, no es tan complicado: si no tienes olla y tienes tiempo, pues en un puchero hasta que estén hechas, con cuidado de mantener el agua a nivel (vas añadiendo si es necesario). Y si tienes olla y no la dominas, vas probando.
Que abres y el caldo ha quedado muy flojucho, pues aplastas un trocito de patata con una cuchara y le das otro hervor con el puchero destapado (para eso es la patata, aunque luego no te la comas). Pero ojo, al enfriarse espesan, así que no te pases. Y si te pasas, añades un pelín de agua fría y meneas un poco el puchero para que aligere.
Ojo, que no se te peguen, mantén el fuego bajo, no hay nada peor que las lentejas pegadas, nada.
Luego, cuando le hayas cogido el punto, puedes convertir las lentejas en plato único: añade un hueso de jamón, tocino y morcilla y ale, a untar como loca. Hay quién añade un puñito de arroz, dicen que así constituye un alimento completísimo... Mi madre se queja de que si lo hace no nos las comemos, pero a mí así me saben a colegio, y eso que he comido poquísimas veces en el colegio (ya las comió todas mi padre por mí). Así que de segundo mi madre siempre pone pescado, yo hoy, filete de lomo.
Vamos, que no es tan complicado, aunque puedes complicarte todo lo que quieras: trocear las verduras y sofreírlas antes y qué se yo. Pero a mí así me salen buenísimas y es sencillo, rápido y para toda la familia.
En cualquier caso, ya sabes: comida de viejas, si quieres las comes y si no...

sábado, 9 de enero de 2010

Vampiros en la Habana

Por aquél entonces los vampiros no eran como los de ahora, que en vez de chingar subliman sus instintos sobrevolando bosques como imbéciles. La tele tampoco era la misma y, desde luego ni los padres ni los maestros se parecían en nada a los de hoy, al menos los que yo tuve la suerte de tener. De no ser así, no habría modo de explicar el impacto que esta peli produjo en las vidas de los niños de mi clase, pasamos largos recreos jugando a ella en el colegio con rejas en el que nos encerraron tras años de vida salvaje. Inventamos una canción sobre sus personajes que aun me sorprendo tarareando de vez en cuando.

Ahora la veo y entiendo algunas cosas, otras no... pero qué más da. Te la recomiendo, y no se si a tus hijos también.