miércoles, 27 de abril de 2016

Veneno en la Piel



Me acuerdo de mi amiga S. Calleja con su walkman y esta cinta recién estrenada, aquél tórrido junio de 7º de EGB, cuando nos echamos desodorante por primera vez porque su madre le dijo que olía a choto. Y cuando nos depilamos las piernas con crema depilatoria que olía a rayos para ir a la piscina de Samoa, y nos armamos un cristo bendito porque esa mierda no era buen invento, no señor.
Ella llevaba dos cintas en el walkman: ésta de Radio Futura y una de Enya que sonó hasta reventar. Ninguna de las dos me gustaba especialmente, ya ves, yo quemé una de Cecilia que su madre, la madre de S. Calleja, no la de Cecilia, me regaló por mi cumple. Esa sí me gustaba, la de Cecilia, la pobre, que murió atropellada por un carro en Tordesillas y ya solo por eso me parecía como de la familia. Me sigue gustando, eh.

Un par de años más tarde, o tres, no sé, también en junio, fui a la expo de Sevilla con una excursión loquísima que varias veces estuvo a punto de desembocar en tragedia... Me libré del drama por los pelos en, por lo menos, tres ocasiones. Una por culpa de la policía y los colgantitos esos guardachinas que se llevaban por debajo de los palestinos, otra por un resbalón en la ducha, y la tercera que recuerde por un lío con unas zapatillas en la puerta de una tienda de campaña que no era la indicada. 
El caso es que Radio Futura actuaba por la noche en el recinto ferial y allá fuimos todos los jóvenes al concierto que nos importaba un pijo, pero era la ocasión de salir de noche, que gusta mucho a esa edad. Mientras bailábamos reggae en el pabellón de Jamaica y comíamos fruta pelada que servían en un vaso de plástico por un módico precio, con lo carísssimo que estaba todo, las unidades móviles sanitarias no dejaban de sacar gente desmayada del mogollón del concierto. Nosotros a lo nuestro.

Más adelante, también en una tienda de campaña, recuerdo una semana santa en la que no montamos una banda porque no quisimos. Cantábamos muy bien, y lo mismo nos daba un corrido mexicano, que ésta canción, que Kiko Veneno o una de U2.

A mi padre no sé si le gusta, la verdad, porque todo lo que sea cantado en español y posterior a Nacha Pop le parece una copia.

lunes, 25 de abril de 2016

La hora crítica


He comprobado que la hora buena de comer son las 12:30 del medio día. No para mí, sino para cualquier humano que amanezca a una hora entre las 6:30 y las 8:30 y desayune un café con leche y algo para untar o similar. 
Y si no se come al rededor de esa hora, al llegar las 14:30 uno se convierte en un monstruo y ya no hay solución. 

Como cuando te va a bajar la regla o está la luna llena al caer, entras en furia y puede ser que tardes mucho en reconocer por qué. A lo peor, para cuando repares, el desastre será ya irremediable: te habrás peleado con todo el mundo, le habrás arruinado el día a tus congéneres o habrás tomado una decisión drástica sin necesidad.

Y todo por la puta glucosa. Así que, por el amor de dios, almuercen o, al menos, tómense un café.

lunes, 4 de abril de 2016