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Mostrando entradas de agosto, 2010

Cosas pequeñas, grandes placeres.

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A estas alturas del año es buen asunto aferrarse a los pequeños placeres para sobrevivir a la rutina. Hay cosas muy pequeñas que te pueden proporcionar gran placer. After Eight está en mi memoria desde que soy capaz de recordar: cuando me quedaba a dormir en casa de mi madrina, cuando a mi padre le visitaba su amigo chalao que venía de Londres, y cuando a mi madre le daba por consentir caprichos. El color, la textura, el sabor. Pero también el packaging, el logo, la tipografía. Todo ha sobrevivdo tal cual, y abrir la caja y sacar un sobrecito negro me sigue emocionando como entonces. Por eso en la primera compra tras las vacaciones incluí una cajita que descansa en el último estante de mi nevera. La vida es más fácil si tienes pequeños placeres inofensivos al alcance de la mano.

Pieles morenas, neveras desoladas.

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Comenta Luis el de la Overuela, que a pesar del nombre es la persona más cosmopolita que conozco, lo duro que es volver a la realidad, y lo dibuja así de bien:
"Cambiar un atardecer con mojito en una cala perdida por
una tarde ante el mostrador de embutidos para rellenar la nevera".
Y al leerle una oleada de otoño levanta el vuelo de mi vestido veraniego. Hallar placer tras los mojitos es tan complicado... Pero, ya entrado el mes de octubre, llegará un viernes en que, tras una dura semana de trabajo, te plantarás delante de ese mismo mostrador a elegir con deleite las viandas para disfrutar del fin de semana. ¿Los mojitos fueron reales, aquella cala y aquellos atardeceres no los viste en una postal? Mira que los atardeceres de mediados de septiembre en el páramo hacen estallar una paleta de colores que acojona al café del mar. Y ya que estamos por recordar a los viejos amigos, tampoco vamos a hacer ahora como Consuelo, que pocas veces hizo honor a su nombre y no se iba de vacaci…