jueves, 29 de agosto de 2013

Trikini


Otro verano que se nos va sin que triunfe el trikini, vaya por dios. Cada primavera los adalides de la moda auguran "vuelve el trikini", ¿cómo que vuelve?, ¿alguna vez se instauró? 

Dicho sea de antemano que a mi las piscinas me dan asquete, y que yo en la playa si no es en pelotas no estoy a gusto. Y chica, pa no estar a gusto en la playa, pues no se va. Nada me jode más que ir a una playa y no ver a nadie en bolas, es que tampoco me gusta montar el número (y yo en pelotas soy un número, sí, uno de varios dígitos) Así que tratándose de moda de baño no soy la más indicada para hablar. Pero, mira, yo en mi casa hablo de lo que me da la gana.

De manera que, digo yo, si se trata de taparse las vergüenzas y nada más, lo mejor es un biquini, está claro ¿no?; el tamaño ya depende del calibre de la vergüenza de cada uno. Ahora bien, si lo que se quiere es ir mona, pues mucho mejor un bañador, que los hay que ajustan las carnes que da gloria y sientan de miedo; y si no que se lo digan a esas orondas señoras entradas en años que van bien guapas. Pero resulta que hay un tercer factor que entra en juego: las marcas. Ay amiga, las marcas. Que si me bajo el tirante, que si lo vuelvo a subir; que si me remeto la braga por el culo y me la vuelvo a sacar. Que si tanga, que si sostén de cortinilla que roza lo ridículo por minúsculo. Señor, qué complicación. La única justificación es la provocación, muy loable, si no fuera porque contraviene el primer punto, el de tapar las vergüenzas digo.

Opino que ninguno de estos tres parámetros por sí solo justifica la existencia del trikini dichoso. No entiendo yo como una puede avergonzarse antes de su ombligo que de sus lorzas laterales, pero bueno oye, esto es discutible, de todos es sabido que lo peor de las súper modelos son los pies y, que yo sepa no van a la playa con escarpines. Ya digo, que cada uno se avergüence de lo que quiera y se tape en consecuencia. 
En segundo lugar, el trikini no sienta bien, que no. Aunque estés muy buena, es una cosa rara. De acuerdo, obviemos también este punto, puede que este rechazo se deba a mi problema con la simetría que, ya si eso, comentamos otro día.
Pero no me digas que el asunto de las marcas... Este no hay quién lo libre.

Dos grandes trikinis de la humanidad recuerdo ahora mismo: el de mi desaparecida coblogera, dorado y comprado ex profeso para ir a la casarse a Las Vegas, hecho que ya de por sí lo justifica casi todo. Y aquél que mi cuñada la de michelín sacó de manera inexplicable del fondo del armario la noche que nos invitaron a una fiesta de disfraces musicales para vestirse de Lady Gaga. Yo me vestí de Amy y ambas hicimos honor al disfraz volviendo a casa a rastras... lástima de triquini.

Conclusiones:
En mi humilde y desautorizada opinión, nada justifica la insistencia en esta prenda, tal vez los amigos conspiranoicos debieran dedicarle tiempo a este aparentemente inocuo asunto...
En la playa, mejor en pelotas, siempre. Por comodidad, por lógica aplastante, porque pone en su lugar los pudores y porque no deja marcas.
Y, en última instancia, si el trikini ha de ser, al menos que sea dorado.
He dicho.

jueves, 8 de agosto de 2013

Arar

Hoy he visto cómo clavos de hierro se clavaban en la piel recién segada de la tierra. 
Una mirada atrás, por encima del hombro, y pisar con decisión el acelerador. Tras de mi, tremenda polvareda, y la entraña de la tierra lista para saciar su sed.
Los cuervos observan desde su atalaya de cables. De vez en cuando baten las alas, como para sacudiese el polvo. Un ligero viento menea los cardos secos de las cunetas, pero ni un resquicio en la cabina del tractor. Y más polvo.  La tarea está a punto de acabar, el verano toca techo, o fondo, o lo que tenga que tocar.