domingo, 21 de abril de 2013

¡Qué chaparrón!

Hay veces que las leyes de la naturaleza no funcionan. Hay días en que el amor cae del cielo.
Hoy me han llovido las princesas, así, sin buscarlo, sin cien mensajes, ni cuadrar horarios ni calendarios.
Amaneció despejado por fuera y nublado por dentro. Nada auguraba semejante chaparrón.
Como hace el señor Manolo todos los días, me levanté, me lavé la cara, me despeiné y me atusé el bigote. Desayuné, me puse el mono y salí a la calle dispuesta a sobrellevar el día.
De repente, empezaron a caer, ligeras, con su elixir de magia y realidad. Y durante todo el día me han llevado en brazos, me han dado de comer, de beber, de reír, de llorar, me han servido café. Me han colocado en el centro del universo y luego me han devuelto a mi lugar. Así son estas mis princesas. Van en vaqueros y llevan botas sin tacón, no huelen a azahar ni tienen boca de fresa; pero guardan espejos rotos en los bolsos para ver la realidad.
Hay días en que las leyes de la naturaleza no funcionan. Hay veces que a pesar del nublado brilla el sol.

Si no entiendes nada lee un cuento: ¡Qué chaparrón!, de Raquel Saiz en OQO.

lunes, 15 de abril de 2013

Dos pasitos palante y uno patrás.

Dos pasitos palante y uno patrás, así dice mi compañera que avanza la vida. Y miro y es verdad.
Hay cosas que parece no van a llegar nunca. Luego llegan, y al rato se vuelven a ir. De nuevo aparecen, para quedarse. Y cuando te quieres dar cuenta, ya han pasado de largo para no volver.
Cuesta aprender este paso de baile. Exaspera en ocasiones. Exaspera como un niño que camina al lado de tu prisa deteniéndose a paladearlo todo; como una primavera que alterna frío y lluvia con ratos de sol, que no termina de llegar en un día de fiesta.
Pero son los niños y las primaveras locas los que nos enseñan a bailar, así que ale, danzad, danzad malditos.

martes, 9 de abril de 2013

Después de un invierno malo.

Aquél año la primavera se presentó dos días antes de la noche de reyes, así, sin previo aviso. Floreció de repente y nos inundó de alegría. Después hubo otros inviernos sí, inviernos largos y fríos. Y otoños cálidos y reconfortantes, y otras primaveras, casi todas a su debido tiempo. Algún verano, que duró lo justo. 
No diré que este invierno no me lo quito de encima desde el año pasado, no sería justo para los pájaros que cantan en mi ventana, llueva, truene o haga calor. Pero joder, que venga ya una primavera, que venga.