martes, 2 de junio de 2015

Sinnernan.

Hoy me acordé de Carlota.
Carlota era mi amiga. Mi amiga de un poco antes de que me dejara de gustar tener amigas. Que luego volvió a gustarme, pero eso fue después y es otra historia.

Carlota era mi amiga. Y tenía una vida tan rara que yo no podía ni imaginármela. 
Nos gustaba subirnos al nogal después de comer, y hartarnos de nueces verdes hasta que nos dolía la barriga. Y nos gustaba prometernos cosas, cosas como que un si un día hacíamos algo mal nos lo diríamos. 
Una noche Carlota me contó un cuento de miedo. Era de mucho miedo. No era de esos de cuadros que hablan ni de pandillas de acampada con susto al final, no. Era de miedo de verdad. 
Era la historia de una niña a la que muchas veces le dijeron "vete a la mierda", tantas que un día decidió irse. Entonces le dijeron "no te vayas", pero ya era tarde. Se fue y no volvió. 
Era un cuento de mucho miedo, pero era un cuento, sin más. Ni menos.



Y me acordé porque, si tienes el demonio en el cuerpo como ésta, solo hace falta un empujoncito para abrazarte a el. O irte a la mierda, que para el caso debe ser parecido.
Power.