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Mostrando entradas de 2014

Bares, qué lugares.

Compartir licores con la mujer de las cavernas. Valiente, atrevida, temeraria. Abrir puertas y olvidarte de cerrarlas para que se haga corriente. Volver a hablar otra vez de lo mismo sin decir nada. Otra vez.  Cerrar círculos que quisieran ser espirales, por lo menos un rato.  Cerrar bares, hacer planes.  Comprobar que las resacas ya no se rigen por la luna y empalmar tres telefilmes enroscada en el sofá.

Planea por mi.

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Es mi cumpleaños, y tengo un deseo que pedir: Planea por mi.


Y no te pido que vueles, no, ni que te tires en parapente ni nada de eso. Sería bien fácil y lo que pido no lo es.
Haz planes, ahórrame pensamientos, regalame el viento.

Y si no puedes, déjame en paz.


Nacer con miedo o la cultura de la violación.

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Llevo días leyendo sobre el asunto, sin estar demasiado al tanto de las noticias espeluznantes de estos días, la verdad. Y me encuentro confusa. Me he abstenido de comentar en facebook, quería decir algo pero no sabía muy bien qué. Por un lado me tira para atrás que ahora todos estemos hablando de violación, que se haya convertido en tendencia hablar de agresiones sexuales en cuanto se aproximan los Sanfermines y eso. Me da miedo que sea moda., y que nos cansemos de ver tips molones de mujeres de aspecto vintaje gritando "no violes, coño".

Pero, por otro lado, me conforta, y mucho, que se evidencie algo que todas vivimos. ¿Quién no ha tenido un episodio?, ¿no?, haz memoria: el amigo ese raro de tu tío que te saludaba de más, el vecino babosete que todas evitamos en el portal, ese campamento en el que había una pandilla de "metemanos" que causaba terror en la piscina, aquella vez que no estás muy segura si al final querías o no querías pero ya que estabas no te fue…

Noche de San Juan III. El tiempo de las luciérnagas.

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La mañana de San Juan amanecía extrañamente temprano, por lo demás como cualquier otra. La promesa del verano ya era realidad, y el soniquete de la radio en la cocina, y nada más. Seguramente era día de mercado, y todos estaban fuera mientras mi abuela aderezaba con vinagre algún guiso. Ruido de cacharros, y nada más. En la calle el claxon estridente de algún vendedor ambulante. Los perros ladrando inagotables, y nada más.
Nada que hacer, otro largo día por delante. No se qué hora es, pero es hora de levantarme.

Después de desayunar, leche templada con galletas maría, y lavarme la cara así un poco por encima, comenzaba mi deambular matutino por la casa. Abrir algún cajón y remover viejos papeles amarillos, fotos, cartas, facturas, papel, papel, papel testigo... o esos otros cajones de largo infinito en la máquina de coser; fisgar entre la ropa con olor a naftalina, los armarios del baño repletos de frasquitos sin nombre, cuchillas, rulos, ungüentos, gamuzas delicadas y artilugios mor…

Un día cualquiera, un rey.

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La promesa del verano está a punto de convertirse en losa. No se por qué lo ansiamos tanto.
Fuera hoy están coronando un rey, todos andan muy entretenidos, yo no me entretengo con nada.


Esta mañana alguien vino a refrescarme la memoria adolescente, esa que de no usar tengo entumecida. Será la pieza que le está faltando a este puzzle.
Entre las caracolas y las conchas, una calavera desgastada por el mar.
Ese polvo que acumulan las guitarras por debajo de las cuerdas da cuenta de los jardines abandonados y las horas vendidas al sofá.


Tic, tac, tic, tac, tic, tac. Tic, tac, tic, tac, tic, tac.





Noche de San Juan II. Jaula de grillos.

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Hoy no sabría dónde comprar una jaula para un grillo, ¿en una ferretería?, ¿en un chino?... es que ahora ya casi todo se compra en los chinos, antes todo a 100.
En casa de mis abuelos siempre hubo jaulas de grillo. Digo de grillo porque solo se metía uno, el que mi abuelo guardaba bajo la boina cada final de primavera, días antes de la noche de San Juan.

Había dos clases de jaulas: una viejísima de madera y alambres oxidados, y otra de plástico bicolor. Bueno, en realidad eran tres las clases de jaula, porque mi tía Lamonja aseguraba que ella de niña las fabricaba con juncos; pero ya no era niña, ni había juncos porque el regato bajaba seco.  Mira, hoy el regato vuelve a traer agua, tal vez crezcan juncos de nuevo. Pero mi abuelo ya no está para cazar los grillos, y mi padre, que es ahora el abuelo, no lleva boina. No se.
El caso es que, para guardar al grillo que atrapaba mi abuelo cada final de primavera, días antes de la noche de San Juan, se usaba siempre la segunda, la de plásti…

Noche de San Juan I

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Mi abuelo gastaba boina, ya sabéis, en invierno para protegerse del frío y en verano para resguardarse del sol, siempre la misma boina.
Pero mediada la primavera, la boina cobraba otra función.

Mi abuelo me cogía de la mano, mi mano pequeña en su mano grande, no muy grande. Dábamos un paseo hasta la era, al caer la tarde.

La exuberancia de las cuentas en esa época contrasta con la vegetación rapada de las eras. Esas tardes, como otras, se oía pasar algún coche. Los ladridos metálicos de los perros domésticos en las naves, ya preparadas para recibir la inminente cosecha. Y los grillos. Siempre los grillos. Sin descanso los grillos. Ensordecedores los grillos.
Ya en la era, mi abuelo me soltaba y, con los brazos relajados, cruzaba sus manos por detrás, al final de la espalda. Ese gesto siempre me pareció sereno, como de gente buena que camina segura por la vida. Mil veces traté de imitarselo a mi primo, que tan bien se le daba. Pero yo no soy serena, qué va, no estoy cómoda andando con…

Sombreros.

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Vengo de una ciudad en la que si llevas sombrero eres una puta, también eres un poco guarra si vas en bicicleta, fumas o has tenido más de dos novios.
Mi abuelo paterno llevaba siembre boina, en invierno para protegerse del frío y en verano para resguardarse del sol. Siempre la misma boina. Mi abuelo materno no salía de casa sin gorra o sombrero. Estaba bien elegante con cualquiera de los dos. Mi hermana le da nombre a un sombrero, exquisito, por cierto. Mi madre es más de atarse pañuelos a la cabeza. Mi cuñao el de michelín, como tantos otros, solo gasta gorra o sombrero si está de vacaciones. Un extraño fenómeno que se da mucho. Mi excoblogera se plantó una pamela el día de mi boda que nos dejó a todos pasmaos. Es la misma del trikini dorado del que os hablé, sí, la que se casó en las Vegas, así que como comprenderás, a ella lo que digamos en provincias lo mismo le da. Conozco a uno al que nadie ha visto jamás con la cabeza descubierta. A lo mejor le conoces tu también.
Y mi, así c…

Mi taller y yosoylape. Escuela de seductores y patios de vecinas.

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Ser moderna y ser blogera es ser prescriptora. Aunque sea a cambio de ná, por el puro gusto de recomendar y compartir. Mucho se ha hablado últimamente de blogeras negociantas, ni yo ni mi Provinciana somos de esas, qué va, y mira que esta prescribe mogollón.
Y es que esto tiene mucho de patio de vecinas, de vecinas de las de antes: que si mira esto me ha salido bueno, que si yo ahora estoy gastando de esto otro, que si tal que si pascual...

Mención a parte merecen las yotubers esas de las que se a penas nada, sigo así por encima a Penélope Pez, por eso se de qué va el rollo, es flipante si no habéis visto nunca un vídeo de estos: va una tía y se graba enseñando los productos que ha comprado en el mes (lo llaman haull o algo así), desde maquillajes hasta productos de limpieza, pasando por galletas y ropa... ¿es marciano?, pues lo parece, pero lo que te digo: patio de vecinas. ¡Y luego van y graban otro vídeo de productos terminados!: de este repito, de este ni de coña... y así. Tiene …

Echo de menos a mi hermana, echo de menos decir lo que me de la gana.

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Corría agosto de 2007 cuando abrí esta ventana.

Dos factores me empujaron a hacerlo: había decidido cambiar de trabajo y, por motivos de contrato, debía permanecer un mes en la empresa vieja antes de empezar en la nueva. Qué tiempos aquellos en los que se podía elegir trabajo... El caso es que, encerrada en aquella torre de Mordor sin nada que hacer, me dediqué a coquetear con la tecla.
El segundo factor también me resulta remoto al cabo de los años: la pandilla se había disgregado y nos comunicábamos via mail de manera frenética. Pensé que esto sería una plataforma para contarnos cosas.
Todo quedó en un tu a tu con mi cobloguera y sin embargo amiga. Enseguida me quedé sola, la puerta sigue abierta para cuando quieras volver.

Durante mucho, mucho tiempo me divertí infinito jugando con esto. Me dio alegrías silenciosas. Muchas. Antes de que ser bloguera fuera muy molón, esto era un rollo underground del que poco se sabía en mi mundo 1.0



Tiempo más adelante mi persona se disgregó en var…