Mejor morir que perder la vida



Saratustra.




Mi terrorífica experiencia con el quad me ha hecho pensar en la primera vez que estuve a punto de morir. Fue en Tenerife, lugar horrendo donde los haya, y yo contaba con la tierna edad de 9 años y era bien redonda, como la verdad. Pues bien, estaba yo de vacaciones con mi padre y mi hermano (felices tiempos de hijos de recién divorciados, en los que disfrutábamos de vacaciones, regalos y propinas por partida doble) bañándome en una de esas playas de mentiras que hay por allí, con bien de piedras, que ya de por sí me causaba ansiedad porque decían que la arena la traían de África y que venía con escorpiones.


Había una roca en el mar, a unos 200 metros de la playa, a la que mi hermano (Cali) y yo estábamos agarrados, exhaustos, y es que 200 metros de braza son demasiado para dos niños obesos. Mi padre estaba sobre la roca, dispuesto a tirarse de cabeza al agua. Yo tenía los ojos cerrados por la sal. Sólo oí a Cali llamar a mi padre y, un segundo después, sentí junto a mi brazo un fortísmo aire. Empecé entonces a escuchar gritos en la playa, abrí los ojos y ví una turba de turistas corriendo hacia mí histéricos blandiendo sus toallas. Miré hacia mi padre y mi hermano; estaban blancos del susto, mirando hacia abajo; me giré y pude ver que una roca enorme había caído en el sitio al que mi padre iba a lanzarse en ese momento, justo cuando mi hermano le había llamado de forma providencial, sin saber el pedrolo que se nos venía encima. La gente en la playa pensó que la roca nos había aplastado, y nos sacaron de allí envueltos en toallas, ya que mi padre tardó un rato en volver al mundo de los vivos. Recuerdo que no me asusté en absoluto, me acurruqué en una toalla roja y los brazos del buen hombre que me sacaba de allí, y tuve una sensación que luego he tenido a menudo en situaciones críticas: extrañeza total de no sentir nada, un poco de risa a lo mejor. Después, la bendita turba, fue con ánimo linchador a las obras mal acordonadas que había en el barranco de la playa de al lado, donde estaban dinamitando de aquella manera para hacer unos hoteles, y no sé lo que pasó. Fue mi primera aparición en prensa.


Habría sido absurdo perder la vida de esa manera, víctima de la especulación urbanística, sin haberme arriesgado a nada, gorrrrrda como yo sola, sin haber conocido Chanel alguno ni haber dejado marca indeleble en la nocturna memoria histórica de esta mi gran patria castellana, huérfana de ocasiones porque, a los nueve años, lo único que yo había hecho en la vida había sido mover cosas con la mente y comer de manera sobrehumana. Dónde va a parar, mi vida en este momento, bien viajada y habiendo corrido riesgos como Dior manda. Como dice siempre mi padre, mejor morir que perder la vida.

Comentarios

iza ha dicho que…
No conocía la leyenda de los escorpiones en las arenas de Äfrica, se la contaré a mi cuñao el de Seur, tal vez así le convenza de que tenerife es un sitio hortera para ir de vacaciones con la parienta.
Electrocutarse al cambiar una bombilla, suicidarse sin mirar la primitiva... pánico a una muerte ridicula, ridicula.
Tu padre es un sabio: "mejor morirse que perder la vida"
saratustra ha dicho que…
los chistes malos de mi padre llegan a un nivel intelectual admirable, sólo comparable con el del que cuenta siempre cuando suenan las campanadas de las horas: "Mira, es la una. ¡Lo he oído tres veces!"
provin ha dicho que…
no pillo lo de las campanadas, xo nada de nada.
SARATUSTRA ha dicho que…
ES QUE EL FINO HUMOR DE MI PADRE ES TAAANNN SUTIL... CADA VEZ QUE SUENAN LAS CAMPANAS DE UN RELOJ, SUENE LAS VECES QUE SUENE, EL DICE QUE ES LA UNA, Y QUE ESTÁ SEGURO PORQUE LO HA OÍDO MUCHAS VECES... NO TE PREOCUPES, SON AÑOS DE PRÁCTICA
iza ha dicho que…
confiesa perranca, cuantas veces más has estado al borde de la muerte... queremos más experiencias terroríficas, qué más da que sean falsas o no.
Anónimo ha dicho que…
Dicen que cuando te doctoras meas de otro color…
Y lejos de ser un alarde presuntuoso (las que me conocéis sabéis lo que hay) pretendo contaros las curiosas sensaciones que vas teniendo conforme se acerca la fecha de tu examen o como lo llaman los púlcros académicos que llevan birrete a los actos: “la defensa doctoral”.
En un principio, después de mis aventuras (y desventuras sobre todo) con mi director, sentía un ligero hormigueo estomacal, próximo al vómito (en este caso hacia él).
Después, vas conociendo otras miserias humanas de la academia y tu “dire” pasa de ser un cabronazo a un simple toca pelotas amargado. Ese ligero matiz, es un cambio significativo en la vida de todo doctorando, ellos los saben.
Después cuando parece que tu estado emocional ha alcanzado un grado supremo, la cabeza empieza a buscarse otra complicación: ¡¡joder, este tribunal me va a cepillar!!, ¡¡seguro que en vez de tratarme de usted (como se acostumbra en estos actos) me dicen: a ver niña…¿sabes lo que es un chi-cuadrado? (pregunta temida por todos los cualitativos que escogieron letras mixtas en COU).
Pero entonces, como en realidad tenemos mecanismos como para salir de estos fangos piensas: ¡¡qué me digan misa porque yo en lo mío se más que ellos!! Y además, la mente incluso llega a pensar: ¡¡Un no sé humilde acompañado con un buen escote (el siempre envidiado de Sara) siempre han perdonado más fácilmente, ¿no?!!
Eso sin hablar de los relámpagos que empiezan a invadir la mente: ¡¡joder, pero si también va a ir a verme fulanito y menganito!! Pufff!!!
El caso es que al final, como por arte de magia, vas por el pasillo de la “facu”, te encuentras a alguien que se ha leído tu tesis y empieza a alabar tu trabajo. No sabes si por peloteo o de verdad, (eso en la academia nunca o sabrás) y entonces, tu cuerpo se llena de amor universal y todo empiezas a verlo desde estas últimas palabras alagadoras que “ese” te dijo.
Y es que la mente creo que cuando fue creada se la instaló un microchip con varios mecanismos de defensa para quedarse sólo con lo que produce que sigas pisando fuerte con tus “no “ tacones en este caso.
iza ha dicho que…
Eh, doctora, no te había leído... enhorabuena otra vez, estamos tan y tan orgullosas...

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