Mi taller y yosoylape. Escuela de seductores y patios de vecinas.

Ser moderna y ser blogera es ser prescriptora. Aunque sea a cambio de ná, por el puro gusto de recomendar y compartir. Mucho se ha hablado últimamente de blogeras negociantas, ni yo ni mi Provinciana somos de esas, qué va, y mira que esta prescribe mogollón.

Y es que esto tiene mucho de patio de vecinas, de vecinas de las de antes: que si mira esto me ha salido bueno, que si yo ahora estoy gastando de esto otro, que si tal que si pascual...

Penélope Pez es en realidad ilustradora y rockera.
Mención a parte merecen las yotubers esas de las que se a penas nada, sigo así por encima a Penélope Pez, por eso se de qué va el rollo, es flipante si no habéis visto nunca un vídeo de estos: va una tía y se graba enseñando los productos que ha comprado en el mes (lo llaman haull o algo así), desde maquillajes hasta productos de limpieza, pasando por galletas y ropa... ¿es marciano?, pues lo parece, pero lo que te digo: patio de vecinas. ¡Y luego van y graban otro vídeo de productos terminados!: de este repito, de este ni de coña... y así. Tiene algo atávico, hipnótico, no se. Antes esto se hacía en la cola de la pescadería, y mucho antes a la puerta de las cuevas, supongo.


El caso es que he vuelto a pinchar una rueda (y van tres), y además me toca revisión de cambio de aceite y cosas de esas. Los viejos lectores ya saben qué opino sobre el intrusismo profesional en general, y el que afecta a los mecánicos en particular, así que he llamado al taller para pedir hora. A mi taller, el de Antares.
Mi mecánico es un seductor nato, se parece al Lichis de la Cabra mecánica, la misma voz de pendenciero. Te llama por tu nombre y te pregunta por tus cosas lo primero de todo. Oye, eso gusta y el lo sabe. Luego ya te mira precios de repuestos y con lo que sea te llama. Así es. Los chavales que trabajan con el son aprendices, no de las cosas de electromecánica y chapa y eso, que chanan un montón; aprendices de seductor, y aunque no les es innato como a su jefe, se les va dando bien. 
En cuestión de talleres hay que fiarse, yo me tengo que fiar. Que me puedo hacer la lista y decir que se lo que es la juntalaculata, pero a mi es como si me hablas del condensador de fluzo, lo mismito. Así que voy y me fío, como cuando voy al médico: o es para fiarme y confiarme o, chica, pues no voy. 
En Antares te lo explican todo, dos veces si hace falta. Yo hago como que me entero, sí, sí, sí, como cuando mi padre el pobre trataba de explicarme las derivadas, pero en realidad no me cosco de ná. He decidido fiarme, ya está. No soy de las que van al médico pidiendo que le hagan una resonancia; no voy al taller y pongo en duda si me toca cambiar ya el filtro del polen (jaaaa, el filtro del polen, qué cosa) No soy de esas personas que.
Así que, hale, te recomiendo mi taller: porque me fío, de alguien te tienes que fiar. Porque son guapos, majos, están limpios aunque tengan las uñas negras y huelen bien.

Comentarios

Provinciana ha dicho que…
El repris, la jutalaculata y todo eso.

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