Friendchip


Nothing changes nothing changes... Todo cambia, todo o casi todo.
No cambia ese escalofrío en un lugar indefinido de la columna vertebral que te endereza y te corrige la postura. Es como un calambre alimentado por la penumbra de los bares que, de pronto, te hace sentir lista, chispeante, divertida, magnética. Eso no cambia. A dios gracias, y aunque ya no me acordaba, aun me hacen reír, aun les hago reír yo a ellas. Todavía somos capaces de putearnos hasta el borde, justo hasta el borde, exactamente entre la carcajada y la cabronada.
No cambia ese gusto por jugar a las cuatro esquinas, adoptando cada una nuestro papel para que las otras se acomoden en el suyo y que así la partida sea divertida. Ninguna haría esfuerzos por una reunión complaciente, banal sí, complaciente nunca.
Hay que verse más, es bueno para mi higiene postural, compensa mi postura cargada de hombros de diario.
 

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