CÁNTICOS

Toda la vida viviendo en la misma ciudad y anoche me sentí orgullosa. Y mira que no soy yo muy de pasiones patrióticas, de no ser las del páramo.

El caso es que salí de currar y me dejé arrastrar hasta el último rato del partido. Y al terminar, como hacía bueno, pues fuimos a dar un paseico, por ver el ambientillo y tomar unas cervezas oye.
A medida que nos íbamos acercando al centro crecía mi extrañeza... pero ¿tanta euforia desmedida?. La verdad es que las emociones eran encontradas: por un lado me daba envidia tanto contento, por otro todo me parecía una solemne guardilada.

Pero todas las dudas se disiparon cuando apareció el miedo, de ese que da frío en los huesos y calor en las mejillas. Y es que la tela de las banderas me da un poco de grima, si además se mezcla con alcohol a borbotones y con las calles de ésta mi ciudad, lo que me entran son unas ganas enormes de correr.

La fuente estaba plagada de banderas y de lejos se oían cánticos pero no se entendía la letra, uf. Desde un poco más cerca nos pareció entender "putonazielquenoboteeheh", nos miramos los unos a los otros, no pueder ser, no puede ser que estén cantando eso aquí. Un poco más cerca ya se veía la estatua de al lado de la fuente: alguien le había puesto una bandera con un símbolo inequívoco, buenoooo, claro que no podía ser. Los huesos se me helaron, pero la cara me hervía de vergüenza, mañana en los periódicos esa sería la estampa de mi casa: el señor Colón enarbolando una bandera indecente.

Entonces, de entre la marea de gente que vociferaba cosas incomprensibles surgió un valiente que, en un periquete, se encaramó a la estatua y ante mi asombro arrancó la bandera y la dejó caer sin furia, como quién se aparta una mosca de la solapa. Los gritos recrudecieron y entonces me dí cuenta: la gente aplaudía y gritaba "somos españoles, no somos nazis", si que podía ser, podemos. Un grupo salió corriendo de entre la marabunta de gente y entonces siguió la celebración: "illa illa illa, que bote zorrilla", "eldía29españacampeón oeoeoeoe". Podemos, podemos ser civilizados.

El miedo se diluyó como un hielo en una infusión caliente, y por un rato me sentí orgullosa, hasta me parecía que las niñas iban monas arropadas con sus banderas. Y es que en esta cuidad hasta las noches de verano son recias y conviene abrigarse.

Supongo que corresponde dar la enhorabuena a la selección, pero también a los chinos de las tiendas que se han jartao de vender banderas. Yo el domingo veo el partido, y ahora que me enterao de qué va la cosa me bajo al bar con una camiseta de la Nuria Bermudez, esa si que tiene mérito. Y si refresca y me tengo que abrigar con una bandera, me aguantaré la grima que me da esa tela como de disfraz.

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