MI ABUELO HIPNOTIZABA GALLINAS

De mis dos abuelos siempre tuve uno preferido. Todo el mundo lo tiene.
El que no era mi preferido es muy especial. Le quise lo justo, es verdad, pero aportó una dosis de humor ácido a mi infancia que aun hoy me acompaña.
Cuando llegábamos a su casa, que era y es como un santuario, siempre nos recibía con la misma pregunta socarrona "¿te has meao hoy en la cama?". De más mayores ya nos provocaba risa, pero de pequeños el puchero era inevitable, y cuando el lagrimal estaba a punto de desbordarse, mi abuelo daba una profunda calada a su sempiterno puro mediano y decía "No llores coññño". En ese momento corríamos a escondernos en las faldas de la madre o tía más cercana mientras el se reía y nos perseguía para darnos un sonoro y aromático beso. A pesar de esto, todos los puros me dan asco menos el de mi abuelo.
Recuerdo también cuando en el pueblo solo abrían el bar para la partida de los domingos. A mi, que era niña de capital, se me hacía eterna la tarde del sábado en verano. Entonces mi abuelo apagaba su puro en el cenicero de la caja rural y nos montaba a mi prima y a mi en su 4L para recorrer 30 kilómetros y comprar caramelos en la pastelería de Baonza. A lo mejor eso fue solo una vez, pero yo me acuerdo como si hubieran sido muchas.
Pero su truco estrella para entretener a las meonas de sus nietas en las largas tardes de verano era sin duda la hipnosis de gallinas. Solo lo hacía si las condiciones eran favorables, es decir, si le salía de los cojones.
Era una tarea laboriosa y misteriosa. Había que salir de la casa por la puerta atrás, sin hacer mucho ruido. Salir al patio y del patio a la cochera, de la cochera a la nave donde se guardaban el grano y el tractor de carrocería reluciente, allí estaban los gallineros y criaban los gatos callejeros. Había que tapar minuciosamente todas las rendijas por donde entraba la luz con sacos vacíos de mineral. Después mi abuelo sacaba una tiza del bolsillo (por qué y para qué llevaba mi abuelo una tiza en el bolsillo, a parte de para hipnotizar gallinas, lo ignoro) y encargaba a una de las nietas meonas que la sujetase. A continuación se paseaba pensativo por delante de las jaulas de las gallinas seleccionando con la mirada a su gallinacea víctima. Una vez elegida, se rascaba la calva por debajo de la boina, abría la puertecilla y la agarraba del pestorejo para sacarla. La pobre gallina alborotaba una barbaridad, y sus congéneres le coreaban desde sus jaulas.
Entonces mi abuelo pedía silencio absoluto y posaba a la gallina poniéndole el pico contra el suelo de cemento, alargaba la mano para que le diéramos la tiza y comenzaba a pintar una raya en el suelo desde el pico de la gallina hasta unos 10 centímetros más adelante... una y otra vez mientras seguía sentándola del pescuezo... una y otra vez repasaba la raya de tiza con el gallinero sumido en un silencio sepulcral, hasta las otras gallinas en sus gallineros lo respetaban. Una y otra vez recorría la tiza la misma raya. Las partículas de polvo visibles por la escasa luz que se colaba entre las telas de saco parecían detener su danza... Una y otra vez la tiza en rítmico movimiento. Entonces mi abuelo guardaba la tiza en el bolsillo mientras con la otra mano soltaba despacito el pescuezo de la gallina. el animalico se quedaba inmóvil en el suelo, tras un par de segundos de aturdimiento comenzaba a moverse en círculos hasta caer redonda, como muerta; y unos segundos eternos más tarde volvía a cacarear escandalizando al resto del gallinero. Entonces mi abuelo devolvía la gallina a su cuchutril, encendía su puro y nos mandaba a jugar al parque mientras farfullaba algo incomprensible por lo bajini y quitaba los sacos de las rendijas.
Las tortillas de los huevos de aquellas gallinas provocaban sueños agitados. A lo mejor esto solo sucedió una o dos veces, pero yo me acuerdo como si hubieran sido muchas.
No llores coññño.

Comentarios

cuentosbrujos ha dicho que…
sabes????
yo se ihnotozar gallinas¡¡¡¡¡¡¡¡¡
lo siento , lo se es verdad
se como se hace
sot brujo (no es coña)
Iza un saludo afectuoso, fue un placer encontrarte
iza ha dicho que…
Mi abuelo no es brujo pero lo hacía, de verdad. Ahí reside su mérito;)
BoraBora ha dicho que…
que buena la historia,
yo también pase tardes en el pueblo metida en la cuadra de mi abuelo desmontando las alpacas de paja para hacerme casas de tres pisos...arquitecta rural oiga! y aunque había gallinas nunca vi semejante espectáculo...que maravilla...debe ser como ser la nieta de gandalf!
provin ha dicho que…
el abuelo lucio...no llores coño. y punto
medio cobain ha dicho que…
ahora sé que si se anda cerca de una cresta, es recomendable llevar una tiza en el bolsillo.
conozco unos punkis que no tengo muy claro como reaccionarán si les trazo una linea blanca en los morros.
me trajo buenos "recuerdos garrapateros" esta historia.
salud-saludos
iza ha dicho que…
Jaja, qie bueno es compartir imaginario con un desconocido
Anónimo ha dicho que…
Te encontré de casualidad, no estaba segura si eras Isabel o no, pero hay cosas que me lo han confirmado.
Una es esta entrada.
Pero el abuelo nunca tuvo un 4L, fueron seat 850, y luego el 127.
Los kilometros hasta Baonza son 15, no 30.
Cuando hipnotizaba las gallinas, les decía algo así como "acuerdate del gallo", "acuerdate de los pollitos", a la vez que con la tiza empezaba en el pico y acaba en la raya hecha en el suelo. Luego paraba y la gallina se quedaba como muerta hasta que el abuelo daba una palmada y la gallina despertaba. (Esa ya no ponía en dos dias).
Disculpa las correcciones, solo quería sacarte de tu error, son sin mala intención.

Para mi el abuelo Lucio, fue lo mas, mi abuelito querido, todavia ahora mismo según escribo esto, se me saltan las lagrimas, no lo puedo remediar.
Pero como el diría "¡¡¡NO LLORES, COÑO!!
De momento no te diré quien soy, aunque no es dificil de adivinar, y seguiré tú blog, lo mismo mas adelante vuelvo a comentar, y esta vez ya con mi nombre.
Un beso.
Anónimo ha dicho que…
Se me olvidaba, otra de sus coletillas era
¡¡Pero que maja es esta chica, como no se estropee!!
o esta

¡¡no llores maja!!
y te lo repetia tantas veces que acababas llorando, y entonces ya te saltaba con el ¡¡no llores coño!!

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