Mayo, mes de las flores

En esta época no hay nada más bonito que el páramo verde y las cunetas de la carretera llenas de flores y cardos. Y las amapolas, las mejores flores del mundo.
Qué bonitas son las amapolas. Tienen las hojas casi transparentes, pero sin embargo su rojo es más intenso que el de la más roja de las rosas. Son suaves, pero no las toques mucho que se marchitan. De cortarlas para ponerlas en un jarrón ni hablamos, parece un crimen a los 3 minutos. Como molan sus capullos peludos ¿no jugabais de pequeños a monja-fraile con ellos? Y, además, son venenosas y guardan sus semillas en una cajita que parece un pastillero modernista.
Son preciosas en medio del trigo verde, pero también cuando los campos amarillean. Crecen entre cardos y meaperros, y también entre los adoquines de las aceras. Son flores recias, de campo, pero muy frágiles a la vez. Vamos, que son delicadas sin ser ñoñas, y eso es algo muy difícil.
Las recuerdo en mi vida desde que tengo uso de razón. En mi memoria hay una escena que sospecho nunca sucedió, pero no por eso es menos real:
Yo tendría unos tres o cinco años. Mí tío Lucito me había llevao con él a echar un ojo a la tierra del Rebollar que ese año habían sembrao de cebada. Por lo visto no habían tirao herbicida a tiempo y el mineral no había servido pa nada, vamos que entreso, la sequía y el pedriscoo, la cosecha se había echao a perder, más les habíavalido haberla dejao de barbechoo y haber cobrao la paga macagüendios, pal año que viene montamos regadío y echamos maíz como ha hecho el chico Camioneta, que dicen que con la subvención sale a renta. Ésto era más o menos lo que yo oía de fondo, seguramente no tenga sentido, pero quién sabe, los recuerdos son así.
El caso es que en mi memoria las voces venían de lejos, amortiguadas por el calor todavía intenso de las primeras horas de la tarde. A mi alrededor millones de espigas de cebada un palmo más altas que yo... muchas espigas, y muy amarillas, más que con el viento que no corría se mecían con mi aliento. A medida que iba avanzando por el sembrao las espigas iban doblando a mis pies, como haciendo reverencia... pero al volver la vista ya no levantaban cabeza, en vez de erguidas y majestuosas parecían devastadas y asquerosas. A lo mejor por eso ahora no me gustan las reverencias ni hablar de usted a la gente. Y en medio de ese mar amarillo en el que me hallaba sumergida, de vez en cuando, como un pez de arrecife, una amapola bien roja con el corazón negro.
Se que esto no sucedió nunca porque la cebada pica como su puta madre y acto seguido habrían tenido que llevarme a urgencias, porque mi tío Lucito me habría dao un torto por pisar el sembrao, y porque ni con tres ni con cinco años era más baja que la más alta de las espigas.
Pero aun falta para que los campos amarilleen.

Comentarios

provin ha dicho que…
entre col y col, lechuga.
geniales relatos del rebollar y sus costumbres.
queremos saber más de la cuesta la orca y la atalaya.
medio cobain ha dicho que…
los chavales juagamnos al drácula (mezcla de pillar y escondite) en los campos de trigo. mil caminos en los que perderse y mil noches para recordar, pero después de todo las piernas coloradas picaban más que... no sé que pica más que las piernas de un niño que corre por el trigo en pantalón corto.
sí, ya me has hecho recordar.
salud-saludos
con ha dicho que…
¡Qué bien escribes! Se trasluce inteligencia y sensibilidad en tus palabras ¡Enhorabuena, no es fácil!
Anónimo ha dicho que…
No creo yo que tu tio Lucito, te hubiese pegado, y en caso de haberlo hecho, tampoco creo que fuese para acabar en urgencias...
te has pasado!!

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