Horror en el hipermercado

De qué me sirve hacer la lista de la compra si luego me la olvido en casa.
De qué me sirve colocar las cervezas y el agua en el fondo del carro para que no aplasten las verduras, si al pagar salen al final y terminan aplastándolo todo.
De qué me sirve aparcar justo a la puerta si luego a la salida no encuentro el coche y me recorro medio párking.
De qué me sirve hacerme la moderna si cuando me dicen cuánto es, no puedo evitar repetir el comentario del anterior y posterior de la fila: "joder, 100€ y no llevo nada".
Hacía tanto que no iba a la compra que, por un momento, me he sentido alienigena. Lo próximo lo compro donde la Maricarmen.
Ya ves, unos días a ras de aire, otros a ras de suelo. Así es la vida amigos.
Por cierto, ¿alguien sabe a qué endiablada estrategia de márqueting cochino responde que los carritos escoren pa un lao y den unos calambrazos del copón? Recorrer el párking electrocutada perdida, luchando porque el carrito y los adoquines del suelo se pusieran de acuerdo, mientras trataba de encontrar el coche bajo el viento y la lluvia, fue una odisea.

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