Casi todo el rato, la vida.



No sé, a veces la vida es una frutería de barrio un martes de primeros marzo a las 19:45.
La frutera, joven y peinada de peluquería, se afana en limpiar el espejo ese oblicuo que tienen las fruterías de toda la vida. Como es marzo, ya se van notando los días, pero como la tarde está de lluvia, pues es todo bastante gris. 
Por eso se respira un aire preñado de anticipos y de finales a un tiempo. Es de día, pero ya es de noche; ya no es invierno pero todavía no es primavera. Tarde para casi todo, demasiado pronto para nada.
No son horas de que esa mujer joven esté allí sola trabajando, pero tiene la tienda que da gloria verla, a lo mejor está donde quiere estar, o nadie se lo ha preguntado. Igual la vida es eso y ya está. Otros días no se conforma una con nada, joder.
En cualquier caso, se ha abierto el semáforo y yo meto primera. Si ese no es mi barrio, qué más da.
A mi padre la canción le gusta, claro, pero más la de Bob.

Comentarios

Provinciana ha dicho que…
Pues vaya cuadro

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