Asquerosas.

Qué delgada es la línea que distingue a una criatura adorable de un bicho asqueroso.

No tardarán en volver, y este año no me veo capaz de soportarlo. 
Lo sé, las envía Lucifer cada mes de mayo para destrozarme los nervios, lo veo regodearse en su averno mientras yo me tiro de los pelos, el se ríe, ellas rascan con sus patitas todo lo que encuentran a su paso, y yo, de verdad, me desespero.

Luis Sacafati, siniestrito como el solo.

Aparecerá la primera, una noche cualquiera en que el riego del maizal esté a punto de arrancar. Se moverá despacio, a ras de rodapie, con esas patas repulsivas que, como haciendo alarde, a simple vista muestran todos sus pliegues y articulaciones. Y mientras la vea, gorda, brillante y repugnante, me volverán las dudas: es muy grande ¿habrá nacido aquí?, en tal caso ¿dónde están sus putas hermanas?. Si entró de fuera ¿por dónde?, ¿será la primera, seguro?, ¿cuánto tiempo llevas aquí, asquerosa?, ¡fuera de mi casa!, ¡asquerosas!, ¡asquerosas!, ¡asquerosaaaaas!
Algunas mañana hago como que no las veo, y así, por unos días desaparecen, desaparecen de verdad. 

Y este es Paco Roca.
Pero, de repente, detrás del cubo de fregona están sus cagadas y otra vez a empezar: lejía por todas partes, reproches por los trastos, si arregláramos el bajo de la puerta no podrían entrar.
Pero da igual, cada año vuelven, da igual los trastos de los que nos hayamos deshecho, los arreglos en la alcantarilla del corral, da igual. Da igual poner trampas tras cada puerta, en cada rincón. Son inmunes y abominables. 
No me miran, pero me ven. Sé que me vigilan y, cuanto peor es mi humor, más alto trepan por las paredes, saben que eso es lo que más me desquicia, verlas en la pared.

Creo que no tiene mucho remedio, son los encantos de la vida en el campo. Y ellas, al fin, no son las únicas ni las peores alimañas que han pasado por esta casa.
Mira, soy capaz de tolerar alguna culebra en el regato de la parte de atrás, convivir con un sapo como un oso que croa por las noches; de combatir a las hormigas sin caer en el desaliento, asumir la existencia de moscas perennes, superar varias plagas de topillos y amistarme con arácnidos de variadas formas y tamaños. Pero con éstas, no puedo, es que no puedo, no es asco físico exactamente, me atacan a los nervios y san se acabó.

Por cierto, si no has leído La metamorfosis porque te obligaron en el colegio y no te dio la gana, como yo, hazlo ahora que no te obliga nadie, que vas a flipar.

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