De profundis.

Las gentes de tierra adentro vivimos con la eterna nostalgia del mar. Pero luego, en la orilla, nos sentimos desamparados. No sabemos interpretar las señales, el viento nos desconcierta, el salitre nos quema la piel. Los abismos no nos resultan del todo desconocidos, pero la profundidad de las aguas distorsiona las imágenes y los sonidos acuáticos nos desorientan.
Ir, mojarse lo pies. Volver y seguir añorando desde el páramo.



Y, tal vez en mitad del invierno, meter una mano en el bolsillo y encontrar unos granos de arena para querer volver.
Bellísima la película de Miguelanxo Prado.

Comentarios

Provinciana ha dicho que…
Pa lo hondo, hacia pa dentro

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