Qué grande es el mar

Qué grande es el mar. Tanto que a veces una se ve tentada a dejarse secar en la orilla por no poder abarcarlo. Remojas los dedos de los pies y, aunque está frío, decides sumergirte. Pierdes pie y ganas miedo. Te asaltan dudas: pero si yo soy un bicho de tierra, qué hago aquí dentro, quién me manda... Te cruzas con seres de escamas brillantes que se mueven con gracia, con minúsculos transparentes que parecen despedir luz, con algún oscuro siniestro. Intimidan tanto unos como otros. Y me siento pequeña. Pequeña, torpe y opaca. Aunque estoy segura de que yo también tengo algo brillante dentro, por eso puedo ver destellos entre la tiniebla del fondo marino... pero yo también quisiera brillar. O no. Puede que entonces no pudiera volver a la orilla. Enseguida me canso, o me asusto, y me abandono a la orilla. El sol también brilla. Y da calor. Y la arena acaricia en contacto con la piel... mmmm... Vaya, otra vez volveré a quedarme dormida, seca, al sol, soñando con los destellos húmedos y r...