Purple Rain
Qué tío raro Prince. Lo mismo se planta un turbante que todo el brillerío posible, que chorreras o a pecho descubierto, que todo a la vez. Se parece, y todo a la vez también, a Raimundo Amador, a mi amigo Chencho, a Cantinflas, al Carlines el de mi barrio y vaya usted a saber a cuántes más, seguro que se te ocurren dos o tres. Y si quiere se cambia de nombre o se hace llamar innombrable. El caso es que cuando uno está a gusto, bien a gusto, sucede que la actualidad le es ajena. Más o menos eso me pasó a mi hace un par de semanas: inmersa en la intensidad como estaba, no me enteré de lo que los medios consideraban actualidad. Hasta que en mi intensidad se abrió una brecha por la que se colaron un par de noticias. Ambas, trágicas las dos, venían con canción: una era el Lince Ramón, que me gusta muchísimo y ya si eso otro día te la canto o te la cuento, y la otra la misma que ilustra este post. Purple Rain me lleva desde sus primeros acordes a un diminuto paraíso gallego. ...