Duermo hecha un ovillo acostada sobre el lado derecho, en el lado derecho de la cama y muy pegada al borde del colchón. No lo hago sobre el izquierdo porque me da ardor de estómago y dolor de corazón. Sin embargo, amanezco cada día boca arriba con los brazos estirados sobre la cabeza y las piernas abiertas de par en par. Postergo la hora de irme a la cama, y eso que casi siempre es el mejor momento del día, a no ser que haya sido un día espléndido, cosa que pasa poco. Levantarme de la cama, por el contrario, me cuesta un triunfo da igual la hora que sea, yo no me quiero levantar. Aprovecho para recomendarte este libro delicioso de Sylvia Plath, que era un tormento de mujer y me gusta mucho. De joven soñaba con dormir abrazada a otro cuerpo, ahora me gusta dormir suelta y sola a poder ser. Bueno, venga, pero si me vas a abrazar, que sea por detrás. Mi cama no tiene cabecero porque hace 3 años lo arranqué a golpes en un ataque de furia di...