Sharon Jones y la irreverencia.



Nos habíamos pasado la noche bailando y, a la mañana siguiente, en plena resaca del alma, me llegó la noticia de la muerte de mi última diva mayor de edad.
Así que, con la irreverencia propia de la orquesta Diamante y con el cadáver de Sharon todavía caliente, nos encerramos en el local de ensayo a masacrar sus canciones. Y, ya de paso, saludamos a otras divas muertas muy santas de nuestra devoción. Somos muy de divas muertas en la orquesta.

Mucho menos de 100 days and 100 nigths para aprenderme tu canción, querida Sharon. 
Y es que ya no voy a esperar a levantarme un día con un prodigio entre el pecho y la garganta, he decidido cantármelo todo a riesgo de ser irreverente, de pifiarla con la letra en inglés, de desafinar sin siquiera darme cuenta, de cagarla con la coreografía, de enredarme con el cable del micro, de torcerme un tobillo o de sacarme un ojo con el mástil del bajo de Tony. No voy a esperar más, ni a esto ni a nada. Ya no tengo edad.
Mis disculpas por destrozarte el tema, Sharon, prometo hacerlo con garra y pasión, eso sí, que sin pasión no somos nada, ya lo sabes tu.
Que la tierra te sea leve, querida.

A mi padre la canción le gusta seguro, a quién no. Lo que no le gusta un pelo es me suba a un escenario a hacer el mamarracho. no me dirá nada, pero que no le gusta ya lo sé yo.

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