Vasos comunicantes I

Me  cuesta establecer categorías estancas de algunas cosas: de los pecados capitales. De las emociones. Por poner algún ejemplo.

Desde que leí que el hueso de la frente es poroso para que pueda entrar la luz, creo firmemente en la permeabilidad de casi todas las cosas. Y eso que lo del hueso ese no me acaba de convencer, la verdad.

Esta creencia, la de la permeabilidad de las cosas, me permite dar cuenta de algunos fenómenos que me pasan por el cuerpo y, sin embargo, me es preciso subir a la cabeza para transformarlos en concepto y poderlos escupir.

Por poner algún ejemplo: hay cosas que me dan entre asco y pena, como los peces. O rabia y placer, como caer en la trampa zafia de un adulador.  

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