Mantas y espuma. Ya rugirá el río..

Reparar el día con espuma y agua caliente. Sepultar el frío y la noche bajo las mantas. 
Madrugar, instaurar nuevas rutinas que enseguida se hacen viejas. Ver pasar los días hasta abrazar el viernes, mientras las hojas caen y languidece el jardín. Así hasta que llegue el invierno.
Entonces el recuerdo del verano se empaña y se transforma en anhelo. 
Los secretos se enquistan de puertas adentro y en la calle la niebla lo vela todo. La piel se adormece bajo la ropa, los contornos de los cuerpos caen en el olvido. El dorado se vuelve pardo tendente al gris, será que se está fraguando el verde.
Menos mal que allí abajo el río no tardará en rugir enfervorecido, para recordarnos que estamos vivos.


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