Cervezas templadas

Compartir cervezas templadas sentados en un escalón teje amistades eternas. Amistades eternas que se disipan con el amanecer.
Cuando no se respeta el rimo que hace que los días se sucedan unos a otros, la madeja del tiempo se convierte en maraña y enreda todo lo demás: las palabras pronunciadas y las no dichas, las miradas de reojo y las que llegan de frente, las sonrisas y las carcajadas.
Aunque, algunas veces, a la luz del día y con el ritmo retomado, uno encuentra un hilo en la manga de su chaqueta y, al tirar, da con la maraña. Tirando, tirando, hace un ovillo y descubre que, sentado en un lugar más cómodo y con una cerveza ésta vez bien fría, las cosas se ven de manera diferente. Quizás más claras, o puede que más oscuras, no se.
Aun me debo algunas horas de sueño, ya tiraré del hilo si es menester.

Comentarios

vaderetrocordero ha dicho que…
La expresión patológica de esta sensación cuando se nos va de las manos es la vergüenza de la resaca.

Claro que, si después de eso, en el vermú sigue habiendo buen rollo, sabes que es una amistad de por vida.
carrere ha dicho que…
Lo de la maraña es la resaca ¿no? Lo que se ven son las cosas más distorsionadas, porque la neurona anda rebotando contra el cráneo. La cerveza fría lo que hace es parar el tiempo un momento y pensar que el mundo sería una desgracia si no tuviésemos unas escaleras para compartir.
iza ha dicho que…
Camarada Diablo, Señor Cordero, la cerveza no deja resaca.
En cualquier caso, la próxima que sea bien fría y, si nos cruzamos, brindamos por las marañas, los hilos, las escaleras y los reencuentros de vermú.

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