Clotilde
Una vez tuve una perdiz. Se llamaba Clotilde. Vivía en una jaula muy pequeña, casi no podía moverse. Después de una semana alguien decidió soltarla, creo que porque la casa olía a pájaro. Montamos en el r5 familiar con la jaula en el maletero y Clotilde dentro. Al llegar a la larga carretera del páramo dejamos el coche en la cuneta y sacamos la jaula del maletero. Nos adentramos en la tierra recién arada y abrimos la jaula. Clotilde tardó en salir, y cuando lo hizo nos miró con esa cara de boba que tenía, y se quedó quieta, muy quieta. Miró a la ontanaza, nos miró a nosotros. Volvió a mirar no se sabe dónde y entonces empezó a esponjarse, cada vez más. Sacudió las plumas, extendió sus alas y alzó un torpe vuelo hasta perderse en el horizonte. Volvimos a la cuneta, montamos en el r5 y dejamos la jaula vacía en el pajar de mi abuelo. Cuando volvimos a casa ya no olía a pájaro y, desde entonces, siempre que pasábamos por el páramo yo pegaba mi nariz a la ventana a ver si veía a Clotilde. ...