Se me encrespan las espigas.
Cuando yo era pequeña pensaba que estas personas que aparecen en la portada eran de todas de mi familia. La mujer del jersey amarillo (me flipaban mucho esos filtros de color) se me parecía a mi madre porque era la más guapa. La cazadora del señor del primer plano era de mi padre, ignoro cómo llegó hasta la foto. Los otros eran tíos segundos míos, y unos amigos penenes de mis padres que habían venido de Ponferrada. Eso era así y sanseacabó, como son las cosas con 6 años. Yo no sabía qué es ser castellana. Ahora tampoco. Y es que, sin ser yo nacionalista de ninguna clase ni dios que lo fundó, llegadas estas fechas se me encrespan las espigas como a mi querida excobloguera de camino a la City por los metros de Londres. Aquí no hay dragones, no señor, ni las calles huelen a azahar. Aquí, sin fantasías ni cursiladas, la opulencia de las cunetas con su avena loca y sus amapolas y sus cardos borriqueros, está ahí para quién la quiera ver. Ayer tuve un grave brote de encrespamiento al ir...