Qué cosa el amor. Y qué cosa las fresas salvajes.
Me piden que escriba sobre el amor. No aquí, claro, en otro sitio. Y me pone contenta. No que sea sobre el amor, eso no especialmente. Y es que, vaya tela, sobre el amor, nada menos. Tendemos a pensar que es una cosa muy grande, el motor de universo y todas esas mierdas. Pero hoy se me ocurre que es más bien la consecuencia de cosas muy pequeñas que estallan a lo grande; o que, al menos, ahí está el germen de lo que entendemos por amor, así convencionalmente. Hoy no tengo ninguna gana de pensar en el amor en términos filosóficos, ni biológicos, ni tampoco culturales. No hablaré, hoy al menos, de las diversas clases de amor en función de sus múltiples sujetos y cuáles sean sus parentescos o ausencia de estos entre ellos. Ni mucho menos me apetece hacer reflexiones sobre el amor de pareja heterosexual, monógama y todo eso que terminará puliéndonos como especie. Ni me voy a cagar en el mito del amor romántico que va dejando cadáveres a su paso. A...