Ande, ande, ande

Casi todas las nochebuenas la cocina de mi casa se llena de fantasmas. A veces ayudan a hacer la cena, pero otras enredan entre los pucheros y agrían todas las salsas. Muchos fantasmas tienen nombre y apellidos, algunos mis mismos apellidos. A otros no los conozco, pero se empeñan en sentarse a mi mesa y hay que darles de cenar igual que a los demás. No todos los fantasmas pertenecen a muertos, algunos son de gente viva. Y no todos los fantasmas son igual de escandalosos, algunos no sabes que han pasado por allí hasta después de varios días, o meses, o nunca. Y esto que pasa en mi casa casi todas las nochebuenas no es nada raro, si prestas atención puede que hayas dado de cenar a unos cuantos antes de ayer mismo. La ilustración es de Siro López. Y, por cierto, los fantasmas de este año se han portado muy bien. Fun, fun, fun.