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PATRIA, Salón Erótico, opiniones diversas.

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Habrás visto el vídeo ¿no? Si no lo has visto, ahí lo tienes. Yo lo he visto un par de veces. Porque la primera vez que lo vi, me dio un poco de repelús. Luego, al verlo compartido en redes hasta la saciedad, el repelús se tornó nausea. Y, hale, otra vez hecha un lío porque no soy capaz de generar una opinión verbalizable, yo que soy muy de opinar y muy de verbalizalo todo, hija. Y me dije, ya está, ya estamos, #elfeminismonomedajavivir, jaaa.  Entonces quise quedar con mi amiga la Galicia, que ella en estos casos siempre me resulta esclarecedora y clarividente, valga la redundancia si es que la hay (pero es que es las dos cosas). Pues no pudo ser, porque una quiere quedar a empoderarse y tomar cañas, y luego resulta que tiene que ir a la reunión del colegio de los niños y entregar un informe y no sé qué, y en algún momento tendré que ir yo a la peluquería, y ya no me da tiempo. Así es. El caso es que hoy me he topado con este artículo de Riot and Roll en el muro de fa...

Cosas que quiero para mi cumpleaños.

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Contra el vicio de pedir está la virtud de no dar. Lo demuestran los post de mis anteriores efemérides . Pero a mí me da igual, no cejo en mi empeño y yo sigo pidiendo. Quiero ir a la Tate a ver la exposición de Georgia O´Keeffe, o, venga, al Guggenheim a la de Bourgeois. Si quieres, me llevas a las dos. Quiero una sudadera roja como la de Ellen Page en la peli Hard Candy. Telohedichoya. Quiero volver a la esterilla de Jorge Ru. O que me digas dónde hay otro como él, que me haga doblar el lomo y hartarme de reír. No lo hay. Que empiecen ya mis clases de pandereta. Y que me de tiempo a no perderme ni una y no me pese la conciencia por ir. Quiero escuchar lo que se oye por las calles de Nápoles. Quiero tener en mi casa la peli de Vampiros en la Habana. Me la grabas o como tú veas. Y cambiar los muebles de sitio y pintar la pared. Una amapola en el brazo izquierdo, pero ya, que me hago vieja y luego no mola. Quiero ochocientas canciones grabadas en mi pincho insaciable del...

Cosas que he aprendido tocando la pandereta.

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Que el año empieza aquí en septiembre es cosa por todos sabida. Y si no lo sabías, pues ya lo sabes. Por muchas razones que merecen post a parte, el año pasado fue para mí el año de la música. Para empezar porque arrancó con un regalo redondo y casi sorpresa. No ha habido mes que no me haya obsesionado por lo menos con dos canciones, he cantado en la cocina laaargas horas, he cantado con mis hijos en el coche, delante del espejo del baño con el cepillo por micrófono. Me he comprado cds y los he regalado, he vuelto a jugar al juego de "una vez tú y una vez yo", y con más de tres o cuatro personas distintas.  No te digo más que hasta me he iniciado en un instrumento, yo que me tenía por inútil total al respecto... Y no habré aprendido a tocar la pandereta, oye, pero sí unas cuantas cosas que, a continuación, paso a enumerar: Lo difícil que es tocar la pandereta, joder, Que tengo el ritmo en el cuerpo, cosa que debí haber aprendido antes, no en balde soy negr...

Yo desnuda gano mucho.

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Y no es broma. Desnuda estoy mejor. Se me ve más lo bueno, y soy tan rotunda y contundente que despisto al adversario .  No hay fronteras de tela, ni trincheras de goma y alambre que marquen pautas que me son ajenas.  Estoy mejor, más holgada, desahogada. Tanto, que mis límites se difuminan y ya no importa si hay algún pelo fuera de su sitio, curvas o accidentes de más. Cada cosa ocupa su lugar, está donde debe estar. No hay más medida que la mía, que no se me da muy bien contar.   Ondeo y resplandezco, el aire en los recodos sienta muy bien. El aire, el sol, el agua, la arena si la hubiere. Los elementos todos juegan a mi favor. Desnuda estoy más contenta, y con eso ganamos todos, te lo digo yo.  Las imágenes, bellas, forman parte de la colección de cuerpos que atesora Jesús Gabán en su Pinterest. 

La Mandrágora

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Nunca fui de escuchar mucho a éste señor, más allá del disco de la Mandrágora que marcó mi infancia. Me gustaba entero, mis padres lo ponían en el coche y en casa, y hasta creo recordar que lo cantaban, en mi casa que no somos muy de cantar. Y se reían, se reían mucho. Y yo me sabía las canciones y me gustaba mucho pronunciar palabras como pérfida, burdo, catastro, gilipollas... que por uno u otro motivo me hacían cosquillas en la boca. Luego, en la adolescencia y primera juventud, volvimos a pronunciar esas palabras y a cantar aquellas canciones, lejos de nuestros padres pero jactándonos de que fueron ellos quienes nos las enseñaron.  Y ayer mismo las volví a escuchar y volvieron a hacerme gracia y a despertarme la admiración que produce el ingenio bien administrado. Y me prendió esta frase: "prefiero caminar con una duda que con un mal axioma", y me pareció que esta canción en concreto se llama Cromosoma pero bien podría llamarse Epitafio, que es una palabra que t...

Consideraciones sin importancia de mediados de verano

Puedo vivir sin saber qué es el perreo extremo. El mediterraneo levantino me provoca reacciones encontradas. Sigo confundiendo la o con el cero en los teclados, y la a con el 4 así en general. Una boda es una horterada muy divertida y muy cara. No me gustan los bañadores. Los trikinis tampoco, pero eso ya lo sabes.  Este año hay menos moscas. El polvo que levantan las cosechadoras cuando están cosechando tiene algo de lisérgico.  Me dan mucho coraje los documentales donde les ponen nombre propio a los animales.   Es verano, qué más da. 

La Atalaya y yo.

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Cúantas estaciones perdidas sin venir a verte. Tres estaciones exactamente. Sin olerte el verde, sin sufrirte el gris. Y hoy me recibes con una paleta de sonidos que compensa el amarillo y lo exalta hasta el dorado.  Viento de tomillo en el lado izquierdo de la cara, los últimos rayos cálidos en el derecho. La Atalaya y yo reflejamos una sombra pequeña, vistas desde lejos parecemos un árbol y una mujer cualesquiera. Alguien puso un banco viejo de Caja Rural junto a tu tronco. Es para mí un trono.