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Es verano. Un post sin pies ni cabeza.

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Hay que lavar menos calcetines. Y, por consiguiente, tampoco hay que tenderlos, ni doblarlos, ni mucho menos emparejarlos. El tinto de verano sabe más rico. No quiere decir que en invierno me sepa malo, que va. Pero también me gustan las cervezas casi heladas. Y descubrir cosas idiotas y que dan mucha risa como el punto glasssial. Madrugo menos, trasnocho más. Puedo dormir tapada y con la ventana abierta, a pesar de los malditos mosquitos. Y andar con poca ropa o sin ropa. Yo y mis criaturitas, que se visten solo de vez en cuando y cuando lo hacen no tardan ni un pis pas. Me gusta dar palmadas con la chancleta en la planta del pie. Y tengo que darme crema, mucha crema, y me brilla la piel. Mi madre hace tortilla de patata casi todos los días. Hay que dar salida al calabacín y a los huevos de la vecina. Puedo trincarme tres temporadas seguidas de una serie cualquiera. O pasarme la noche y parte de la mañana (lo mejor es la mañana) tratando de conectar cuerpo y alma en un sitio co...

Sinnernan.

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Hoy me acordé de Carlota. Carlota era mi amiga. Mi amiga de un poco antes de que me dejara de gustar tener amigas. Que luego volvió a gustarme, pero eso fue después y es otra historia. Carlota era mi amiga. Y tenía una vida tan rara que yo no podía ni imaginármela.  Nos gustaba subirnos al nogal después de comer, y hartarnos de nueces verdes hasta que nos dolía la barriga. Y nos gustaba prometernos cosas, cosas como que un si un día hacíamos algo mal nos lo diríamos.  Una noche Carlota me contó un cuento de miedo. Era de mucho miedo. No era de esos de cuadros que hablan ni de pandillas de acampada con susto al final, no. Era de miedo de verdad.  Era la historia de una niña a la que muchas veces le dijeron "vete a la mierda", tantas que un día decidió irse. Entonces le dijeron "no te vayas", pero ya era tarde. Se fue y no volvió.  Era un cuento de mucho miedo, pero era un cuento, sin más. Ni menos. Y me acordé porque, si tienes el demonio en ...

Detrás de mi casa.

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Dice el cuento con el que siempre me presento que delante de mi casa hay un árbol. Y no es del todo mentira, no. Delante de mi casa es obra de Marianne Dubuc. Pero lo que es del todo cierto es que detrás de mi casa crece un chopo. Un chopo indómito, que cien veces fue talado y otras cien volvió a brotar. Y crece a pasos agigantados, obstinado. Ahora mismo, desde el lugar donde escribo estas palabras, veo un reflejo en la pared. Sé a ciencia cierta que son las hojas del chopo, que las cimbrea el aire y ellas, graciosas, se dejan llevar, con el movimiento elegante de las cosas que no sirven para nada. Pero si me concentro en el reflejo de la pared, me traslado al mar. Nunca viví en una casa a su orilla. Me gusta el reflejo del chopo en mi pared. Soporto las pelusas, no entra en casa arena, ni sal.

Con los pies en la tierra y la cabeza en las nubes.

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Una de las maravillosas criaturas de Óscar del Amo. Hace dos años pedí soñar más y soñar más alto, estaba dispuesta a no volver a jugar si no se me lograba. Y un tío alto como un castillo me trajo las alas.  Llevo mal las resacas. Se me hacen largas, muy largas. Serán los años, o las puertas abiertas, que hacen corriente.  E instalarse durante 10 días en el cielo deja resaca, de las gordas.  Me duele el cuerpo, que cruzar la dichosa cúpula 15 veces al día es deporte; que querer estar en todas partes es, además de imposible, muy cansado. Y casi lo consigo.  Por eso hoy estoy un poco desdoblada y, como cada año, la sensación de vacío da un poco de vértigo: d esdoblada porque quiero más, más de cielo y más de todo. Y desdoblada porque me harto de artistas y quiero salir corriendo.  Se me han otorgado todos los caprichos: repetir de lo que nunca me sacio, sacarme espinitas, probar y llevarme sorpresas, elegir compañeros de juego, un púb...

Cuadernos.

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Acabar un cuaderno. Empezar otro. Acabar un cuaderno.  Tratar de poner orden en el caos de los días, o intentar alborotar un poco la rigidez  inflexible  de las semanas.  Atrapar lo volátil del mes, lo efímero de las estaciones. Fijar en la memoria del papel los años, para dejarlos caer en el olvido  después .  Acabar un cuaderno. Empezar otro. 

Sueños. Deseos. Pesadillas.

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Creo que últimamente sueño mucho. Pero como no me acuerdo de nada, a lo mejor se están cumpliendo mis sueños y no me estoy enterando. No se. The Dreamer Blue, by Choi Xoo Ang. Y no me hagas leerlo en voz alta, que me da la risa. En cualquier caso ¿son sueños y deseos la misma cosa? ¿Deseas lo que sueñas?, ¿sueñas con lo que deseas? Ay, mira, no se. Y ¿las pesadillas?, ¿se parecen a los deseos cumplidos? A veces en los cuentos es así, y si no, mira la vieja esa que acabó con un pimiento por nariz. Al respecto, un topicazo propio de dedicatoria en carpeta clasificadora de segundo de BUP: ten cuidado con lo que deseas, podría cumplirse (léase con voz ñoña y burlona). Y qué me dices de esta otra modalidad apestosa y moderna: si puedes soñarlo puedes hacerlo (véase en cartel escrito con jueguecitos tipográficos). Pues yo sueño con lo que me da la gana, y si luego no quiero cumplirlo pues no lo cumplo. Y si deseo y se cumple, pues me aguanto, ya desearé otra cosa. Que ...

Yo nunca.

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Yo nunca he pintado un cuadro. Alice y Martin Provensen sí, este por ejemplo. Nunca he hecho mayonesa. Bailarla sí, muchas veces. Nunca he conducido a más de 160. A más de 150 tampoco, eh. Nunca he jugado al pádel. Ni al tenis. Al badmintong sí.  Nunca espero a que salga todo el café antes de retirar la cafetera del fuego, no me aguanto.  Nunca he enmarcado un cuadro que haya pintado yo. Bueno, es que nunca he pintado un cuadro.  Nunca soy la primera en marcharme, no me gusta ser la última en llegar.  Nunca pongo la bolsa de basura nueva inmediatamente después de tirar la llena.  Nunca me acuerdo de la edad exacta de mis padres, siempre me parecen tan jóvenes... Nunca me han llevado a comisaría detenida. pero casi casi una vez. Casi me muero de rabia y de  vergüenza .  Nunca he dado un puñetazo, tampoco me lo han dado nunca a mí.  Nunca me he hecho una limpieza de cutis, y mira que tengo ganas.  Nunca he hecho un...