Los maestros también son persianas.

Queridas maestras, queridos maestros de infantil (si los hubiere), primaria y secundaria (secundaria, sí, que también sois maestros: referentes, guías, acompañantes, enseñantes, maestros al fin ¿no es así? Bueno, que si lo preferís os puedo llamar docentes, como veáis).

Queridos todos, queridas:
Deseamos que hayáis tenido un reparador descanso y que, ahora que estáis de vuelta, el peso de la responsabilidad caiga a plomo sobre vuestras cabezas, o sobre vuestros plexos solares o vuestras espaldas o donde quiera que os caiga a cada una, pero que os caiga. 
Y que os caiga con alegría, porque os encomendamos el presente de nuestros infantes, que sí, que el futuro también, pero de momento el presente que es lo único que tenemos, ellos, vosotros y yo. 

Os deseamos un presente como el de Garman, el niño protagonista del libro que os recomiendo aquí mismo: que no quiere volver al cole, tiene un poco de miedo y prefiere quedarse en casa con su madre haciendo mermelada y dando vueltas con el monopatín; pero sí quiere volver porque tiene ganas de ver a sus amigos y averiguar cosas sobre las preguntas que le rondan la cabeza y las mariposas que parecen poblar sus tripas. Pues eso, que está hecho un lío, y tiene ganas de ir y no tiene ganas de ir, espero que como vosotras, como vosotros, queridos maestros. Porque de no ser así no seríais humanos, en ese caso ¿para qué mandar a nuestras criaturas a la escuela con la de máquinas que tenemos en casa, eh? 
Y como sois humanos, pues tenéis dudas, contradicciones, alegrías y días malos. Y también días en los que, como a este otro niño,
el de La Excursión, se os ocurre un plan muchísimo mejor que ir a ese cole al que os mandan.
Como sois humanos, y las personas con las que trabajáis también (incluidos los niños y las niñas), pues algunas de estas personas os gustan mucho y estáis deseando verlas, y otros os caen mal y sanseacabó, que eso también puede ser. 
Y luego la incertidumbre esa de "a ver qué me toca": de alumnado, pero también de compañeras, de equipo directivo, de familias, de botella challenge o swich o lo que demonios se ponga de moda este curso... uffff, qué pereza solo de pensarlo (niño deja ya de joder con el spinner).
Pues por eso os deseamos alegría, porque sabemos que no será nada fácil y es mucha, muchísima la responsabilidad que la sociedad (esa a la que le chamos la culpa de todo) deposita sobre vosotras.



Sabemos también de lo largas que pueden ser las horas acompañando a un niño ocioso, cómo no vamos a saber, si llevamos todo el verano haciéndolo.

Esta es Prudence; Prudence, aquí unos amigos.
Ni nos imaginamos cómo debe ser acompañar a casi 30 criaturas durante jornadas enteras, un día tras otro, lidiando con familias, en ocasiones bastante impertinentes, y sumidos en una institución poco amable con la que es posible que no adhiramos en absoluto. 
Por eso la mayoría de nosotros no os arrendamos la ganancia, aunque en charlas de sobremesa os echemos en cara vuestras vacaciones y vuestros moscosos. Por eso os encomendamos a nuestros mocosos, porque os sabemos valientes, tenaces y aguerridas. 

Compraos un estuche de rotus de colores, de los buenos, solo para vosotras, y no se los dejéis a vuestro alumnado ni a la compañera esa que siempre os está pidiendo prestado un boli. Y apuntaos a un curso de algo que os mole y os haga dudar de vuestros métodos. Armaos de valor, que el verano ha sido un caos y ahora os toca meter en vereda a nuestras criaturas felizmente salvajes
Ahora bien, recordad que por esa misma vereda habréis de discurrir vosotros también, así que tratad de que sea alegre y amable, por favor, por el bien común pero, sobre todo, por el vuestro propio ¿cómo si no vais a amaestrar (en el buen sentido de la palabra, si es que lo tiene) a nuestros cachorros, si no vais alegres y dispuestas a compartir vuestras inquietudes ante la vida?

Esta no tiene nombre, es salvaje. Su madre sí, se llama Emily.

Bueno, que quién soy yo para deciros nada, si yo solo quería contar cuentos. Esto era simplemente para recomendaros este par de lecturas o tres, que os gustarán en el caso de que tengáis tías-abuelas con pelos en el bigote, que os de cosilla ver a un pájaro muerto, os guste la mermelada (hacerla o comerla, da igual), sepáis donde iros cuando alguien os está poniendo la cabeza como un bombo, estéis deseando que se os mueva un diente u os parezca que hacerse cabañas en el bosque es una cosas que solo pasa en las películas. 
Y, bueno, también para deciros que confiamos en vosotras, en vosotros, maestros; que os respetamos y, a muchos, os admiramos. Que os deseamos un curso alegre y estimulante y que, señorita Pili, te perdono, señorita Juli, aun te adoro.



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